
Debemos su existencia al conde Ferdinand Troyer, un talentoso clarinetista aficionado, mayordomo principal en la corte del Archiduque Rodolfo, discípulo y amigo de Bethoven, quien propuso a Schubert que escribiera algo similar al Septeto beethoveniano. Schubert añadió un segundo violín al conjunto de clarinete, fagot, trompa, violín, viola, violonchelo y contrabajo, y siguió el plan general del maestro de Bonn, seis movimientos que distribuyó de manera idéntica: los extremos con una lenta introducción, más un scherzo y un minueto entre los que insertó unas variaciones sobre un tema popular.
Este Octeto es una obra genial y relajante, el trabajo se completa con una cierta añoranza y el desvanecimiento de la belleza que preside la última música de Schubert, La obra fue escrita con gran rapidez. Schubert la inició en febrero de 1824 y la acabó el lº de marzo. No digo más y les invito a escucharla:
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