La música de Franz Schubert (Viena, 31 de enero de 1797-ibidem, 19 de noviembre de 1828) es siempre música que estremece por la vida que contiene y por ser siempre espontánea.
Hoy comparto una pequeña obra para piano de una bellísima sencillez. Se trata de la «Melodía húngara», D. 817. Esta obra fue compuesta el 2 de septiembre de 1824 mientras Franz Schubert vivía una temporada en Hungría como preceptor de las hijas del Conde Johann von Esterházy. Se dice que escuchó la melodía canturreada por alguien en la cocina del castillo Zseliz, su lugar de residencia entonces.
Hay variadas interpretaciones de la obra, a veces con ritmos vivos, exhibiendo la urgencia temperamental e improvisatoria que se atribuye a lo zíngaro, y otras veces a tempo más pausado que permite desprender mejor esa emotividad lírica tan propia de Schubert. Hoy les dejo una versión ajustada a esta segunda opción con la pianista Dora Deliyska. ¡Disfruten estos cortos momentos y deléitense con el piano.
Hoy traigo una obra de Franz Peter Schubert (Viena, 31 de enero de 1797 - 19 de noviembre de 1828), se trata de su Octeto en Fa Mayor, una composición que viene siendo un rebrote tardío de las serenatas para instrumentos de viento mezclados con cuerdas que se pusieron muy de moda en el siglo XVIII.
Debemos su existencia al conde Ferdinand Troyer, un talentoso clarinetista aficionado, mayordomo principal en la corte del Archiduque Rodolfo, discípulo y amigo de Bethoven, quien propuso a Schubert que escribiera algo similar al Septeto beethoveniano. Schubert añadió un segundo violín al conjunto de clarinete, fagot, trompa, violín, viola, violonchelo y contrabajo, y siguió el plan general del maestro de Bonn, seis movimientos que distribuyó de manera idéntica: los extremos con una lenta introducción, más un scherzo y un minueto entre los que insertó unas variaciones sobre un tema popular.
Este Octeto es una obra genial y relajante, el trabajo se completa con una cierta añoranza y el desvanecimiento de la belleza que preside la última música de Schubert, La obra fue escrita con gran rapidez. Schubert la inició en febrero de 1824 y la acabó el lº de marzo. No digo más y les invito a escucharla:
Este Domingo traigo conmigo La Sinfonía n.º 5, D. 485, en si bemol mayor de Franz Schubert es una obra completada en octubre de 1816, cuando el autor contaba con 19 años de edad y fue estrenada en Viena el 17 de octubre de 1841, ¡trece años después de la muerte de Schubert!
Se puede afirmar , con total seguridad, que esta sinfonía, es en sí muy sobria en su instrumentación orquestal —el compositor omite las trompetas, los clarinetes y los timbales—, es una obra de un fuerte carácter mozartiano en la que la riqueza melódica se encuadra en un tratamiento formal de reminiscencias clasicistas. Un efecto que encontramos a lo largo de sus 4 movimientos: I. Allegro; II. Andante con moto; III. Minuetto: Allegro molto y IV. Allegro Vivace. De tal manera que esta sinfonía de la época de juventud de Schubert volvía la vista atrás alejándose del nuevo camino sinfónico abierto, también en Viena, por Ludwig van Beethoven con su Sinfonía nº 3 "Heroica", estrenada en 1805, por tanto 11 años antes, y remachado con su Quinta sinfonía, estrenada el 22 de diciembre de 1808.
Pero esto no quita para nada el hecho de que escuchemos una obra de arte musical estupenda, elegante, una perla de iridiscencias mágicas que se nos presenta en forma de una sinfonía camerística delicada, elegante, y sobre todo muy emotiva. Espero que la disfruten tanto como yo. Les dejo dos versiones y no digo más. Como la obra es sobria, quiero serlo yo también:
La música de Schubert siempre es especial, una música que en general es suave en algunas ocasiones, festiva en otras, pero siempre con un orden y concierto que invita a sosegar el alma. Ya he compartido algunas obras de este célebre compositor Franz Schubert (1797-1828) y esta semana quiero invitarles a escuchar el Trío n° 2, en mi bemol mayor, op. 100, D. 929
La obra está fechada en «Noviembre 1827» (según reza el manuscrito original conservado, en Viena, por la familia Wittgenstein ) y tuvo una primera ejecución pública el 26 de diciembre siguiente, en la sala del Musikverein. La obra «gustó mucho a todo el mundo» (según dijo el mismo Schubert). El 26 de marzo de 1828, en un concierto organizado por el propio compositor la interpretó con gran éxito.
Excepcionalmente, la partitura fue editada pronto, en Leipzig, por Probst, quien pagó al músico un poco más de treinta florines, ¡apenas la cuarta parte del valor comercial esperado! Schubert murió antes de recibir las pruebas para su corrección. Desde el principio llamó la atención la intención del autor de asegurar la unidad de sus cuatro movimientos, de amplias proporciones con referencias temáticas extremadamente precisas.
La obra si divide así:
1. Allegro (en 3/4): está en forma sonata con tres temas principales. El primero, sobre un ritmo resuelto (ben marcato) enunciado al unísono por los tres instrumentos. El segundo tema, en si menor, un poco dubitativo emerge desde acordes ceñidos y repetidos, como angustiados; el piano, voluble, borrará un poco esta impresión. Un tercer tema llenará el final de la exposición, precedido por algunos compases de extraordinario aliento melódico y él mismo alimentado por un lirismo que recuerda al de la Sinfonía Inacabada.
2. Andante con moto (en do menor, en 2/4): una melancolía punzante se desprende del movimiento lento, sobre un ritmo pesado de marcha próximo al del primer Lied del Viaje de invierno. De hecho, es una canción sueca la que habría inspirado el tema, «Ve cómo el sol se pone...», melodía compuesta por Isaac Berg y en absoluto canción popular como se ha afirmado durante tanto tiempo. A este episodio en modo menor, teñido de fatalismo, sigue otro en mi bemol mayor en el cual el violín lanza un nuevo motivo, derivado del tema inicial, que es retomado por los otros tres instrumentos en una exaltación siempre creciente. Vuelta a la escansión fúnebre inicial con un ensombrecimiento progresivo del clima, en una especie de grandiosa balada romántica (modulaciones a do sostenido menor, si menor, fa sostenido menor) que precede al retorno del motivo en modo mayor, esta vez en do. El permanente contraste entre piano y forte, entre menor y mayor, se acentúa aún en la coda, donde de nuevo se hace más lento el movimiento (Un poco pi ù lento) y el tema parece quedar en suspenso, trágico.
3. Scherzo: Allegro moderato (en mi bemol mayor, en 3/4): la escritura canónica a dos voces del comienzo (entre las cuerdas y el piano en octavas) lanza un tema brillante, pletórico, que se hará más lento, modulante, en el comienzo de la segunda parte del Scherzo. El trío, en la bemol mayor, presenta un tema de gran robustez que, no obstante, vendrá a contradecir la aparición, en el chelo solo, de un motivo de una ternura completamente ensoñada, especie de prolongación del tema confiado a los dos instrumentos de cuerda en la primera parte; piano y violín le procurarán la incierta rítmica que anuncia el Finale.
4. Allegro moderato (en 6/8): el Finale, de proporciones inhabituales, se aproxima a una forma sonata libre asimilable, por sus insistentes recurrencias temáticas, a una forma rondó. Por último, el tema del Andante vendrá a sustituirlo como conclusión, sustitución casi trágica, en mi bemol menor, no imponiéndose la tonalidad mayor hasta los últimos compases, en una especie de reconquista de la alegría propuesta al comienzo del movimiento... «Aquí, en esta última mutación del dolor en amor, la victoria del amor es irreversible. ¡Es el triunfo de la ternura heroica!» (B. Massin).
Hoy quiero compartir más música de Schubert, hace tiempo que no lo hago y es alguien que, además de tantas obras, compuso diez sinfonías de las que se conservan todas menos Gastein y entre las que se destacan la Cuarta (Trágica), la Octava (llamada Inacabada por componerse sólo de dos movimientos) y la Novena (o Grande). Este día he elegido la «Inacabada» y más adelante, en otra ocasión hablaré de la «Trágica» y la «Grande». (Desde 1978, la revisión del catálogo de Erich Otto Deutsch establece que la Sinfonía Incompleta es la nº7, mientras que La Grande es la nº8. El orden de las primeras seis sinfonías no cambia. A pesar de que en los programas de muchos conciertos se establece esta nueva numeración, la tradición le da el número 8).
Franz Schubert, es un músico austriaco (1797-1828) que comenzó estudiando con su padre, quien, al darse cuenta del potencial de su hijo, lo envió a tomar clases con el director del coro de su parroquia, y después lo envió a la escuela de la capilla de la corte imperial. Así Schubert empezó a componer sus obras y dio origen a un movimiento romántico que se extendió por toda Europa.
Franz escribió música por placer, alcanzando la felicidad y su realización personal en la creación. Su principal aporte fue el repertorio de unas 600 canciones, algunas emplazadas en ciclos como El viaje de invierno, La bella molinera o El canto del cisne. También compuso obras para piano, cuartetos de cuerda, música para distintos conjuntos de cámara y para el medio sinfónico. Su estilo surgió con naturalidad y acentuó lo subjetivo y poético.
La Octava sinfonía, llamada, como digo, «Sinfonía Inacabada», fue compuesta en 1822 y llamada así por estar compuesta en dos únicos movimientos, aunque existen bosquejos de un tercero. Parece ser que se estrenó hasta después de 1865, convirtiéndose a partir de entonces en una pieza obligada del repertorio orquestal. La plantilla cuenta con dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas, tres trombones, timbales e instrumentos de arco. Son sus partes un Allegro modéralo que comienza elevándose solemnemente desde las profundidades de los contrabajos y violoncellos, y un Andante con moto melancólico y tierno.
Sobre la composición de esta Sinfonía, se han dicho miles de cosas. El manuscrito de la obra atestigua que fue iniciada el 30 de octubre de 1822. Unos meses más tarde, la Sociedad Musical Styrie acogió a Schubert como miembro de honor y éste, como agradecimiento, prometió una sinfonía, compromiso que nunca cumpló. Algunos dicen que la promesa era esta «Sinfonía Inacabada», que sigue estando maravillosamente bien incompleta y ocurre que, como en muchas otras obras de Schubert, se quedó a medio terminar. Pero la grandeza y densidad de sus movimientos le sirven para alcanzar la categoría de sinfonía y la cota de absoluta obra maestra.
Algunos estudiosos de la música, sus creadores y sus obras, dicen que poco después de comenzar a dar forma al tercer movimiento, Franz cayó enfermo de sífilis, lo que interrumpió la creación de la obra y que tras recuperarse de la enfermedad y abandonar el hospital, aceptó un cargo en una sociedad musical de Graz (Austria) y, como parte de su ingreso, envió a Anslm Hüttenbenner, director del centro, una copia de los dos primeros movimientos de su Octava. Éste metió las partituras en un cajón y se olvidó de la obra por completo. No fue hasta 1860 cuando el hermano pequeño de Anselm descubrió los legajos y se propuso estrenar la obra.
Esta excepcional obra destaca por su unidad y consistencia, a pesar de estar incompleta y de los fuertes contrastes existentes entre sus dos únicos movimientos. Mientras que el primero es impetuoso y dramático, el segundo, hace gala de un lirismo más cercano al género del lieder (del que Schubert fue un maestro) que al sinfónico. Aún así, los temas de uno y otro están conectados por otra serie de elementos que los hacen inseparables y complementarios. Sin duda, se trata de la sinfonía más audaz y madura del compositor, en nada similar a sus anteriores trabajos. No faltan tampoco las imaginativas y versátiles melodías, tan características de la música de Schubert. Pero aquí se combinan con elementos arcaizantes y contrapuntísticos, que las otorgan una fuerza y una consistencia singular. Quizás una de las mejores sinfonías jamás compuestas, a esta obra le bastan sus dos únicos movimientos para plantarle cara a la eternidad.
Esa partitura, probablemente su obra más conocida junto con el "Ave María", evoca en nosotros el misterio de una creación inconclusa que, sin embargo, presenta una perfecta completitud en sus dos movimientos, escritos con gran oficio y belleza. Disfruten de esta «Sinfonía Inacabada» con varias orquestas:
Franz Schubert (1797-1828) escribió durante el que sería su último año de vida una de sus obras más populares: la Ständchen (Serenata) D. 957. Es la obra que he elegido para esta semana.
Aunque muy difundida en diversas versiones orquestales, la Serenata en su orígen fue otro lied que el compositor creó con letra del poeta alemán Ludwig Rellstab. Esta obra pertenece a una recopilación póstuma de Franz Shubert llamada El canto de los Cisnes que se publicó por su editor en 1829 con el número D957.
Schubert, como la historia lo señala, fue uno de los principales músicos austríacos que vivió a comienzos del siglo XIX; fue el único nacido en Viena, la que fuera la capital musical europea a fines del siglo XVIII y principios del XIX. Vivió, treinta y un años, tiempo durante el cual consiguió componer una obra musical excelente, de gran belleza e inspiración. Su talento creció a la sombra de Beethoven, a quien admiraba, pero la vida humilde que aveces tuvo que pasar en ciertos períodos de su vida, no le permitió tener su propio piano, por lo que usaba el de sus amigos y se le veía entreteniendo diversas reuniones sociales que le permitía dar a conocer y vender su música. Escribía veloces pequeñas piezas musicales que no alcanzaba ni a a revisar y ya se publicaban. Schubert murió un año después que su ídolo. Él no alcanzó la fama en vida y muchos de sus amigos, con los años, recordaron, cada uno a su modo, los años pasados junto a él dando lugar a una serie de leyendas, comola de que en esta obra refleja muchos de los sentimientos que guardaba en su corazón.
Acabo de escuchar un cd de la colección Inspiration que se llama "FAVORITE FILM MUSIC" y que más que nada me parece una verdadera «escuela» para que mucha gente aprenda y pruebe el gusto por la música clásica.
El disco contiene obras de Johann Sebastian Bach, Sir Edward Elgar, Gustav Holst, Wolfgang Amadeus Mozart, Giovanni Pergolesi, Giacomo Puccini, Franz Schubert, Francisco Tarrega, Peter Ilyich Tchaikovsky que han aparecido en películas como Un milagro para Lorenzo, El silencio de los inocentes, Billy Elliot, Ace Ventura, Entre copas, Memorias de África, Amadeus, El club de la suerte y la alegría, Elizabeth y otras más.
El cine y la música clásica muchísimas veces se unen, en ocasiones han dado pie a excelentes ambientaciones de películas o han creado conjuntamente escenas míticas y han hecho que mucha gente llegue a conocer las obras de los grandes compositores gracias a una película, cuyo momento, musicalizado por uno de los «grandes» ha quedado grabado en su corazón.
Este disco nos presenta dieciocho obras clásicas de bandas sonoras que seguro se han quedado en la pupila y en el tímpano de quien ha disfrutado de las mismas. Quien haya visto Memorias de Africa, recordará el bello Concierto para oboe y orquesta de W.A. Mozart. Cómo olvidar el Nessun dorma de la ópera Turandot, obra de Puccini, en Las brujas de Eastwick, la música de Tarrega en la película Entre copas, o El lago de los cisnes de Tchaikovsky en Billi Elliot.
Desde los primeros comienzos del cine, la música ha sido un elemento fundamental como potenciador de la imagen. La música clásica en la pantalla grande, ha ayudado mucho para que se expresen sentimientos, circunstancias, pensamientos e ideas que conmueven la sensibilidad del individuo y producen una transformación psicológica en el cinéfilo metiéndolo en la escena.
Este disco, contiene casi todo género de música clásica, podemos ir al Ballet, al periodo Barroco, a las piezas de carácter fuerte, al periodo clásico propiamente dicho, a la Ópera buffa, al Concierto, a la Ópera, a los Motetes, a una Sinfonía y detenernos en en Adagio, podemos escuchar algo del periodo romántico o un quinteto de cuerdas, podemos escuchar Temas y Variaciones y más, lo cual, como afirme desde el inicio del comentario, hace de esto una escuela de música, ofreciendo al oyente una especie de curso rápido de apreciación musical. Hay innumerables ejemplos de uso de música clásica en los que la pieza está tan bien elegida y refuerza tanto lo que se proyecta en la pantalla que parecería imposible crear una obra que pueda cumplir mejor esas funciones. Estoy pensando en Breve encuentro y el Concierto Nº 2 de Rachmaninov, o en los dos Strauss (Richard y Johann hijo) en 2001 Odisea del espacio. ¿Seríal igual muchas de estas películas sin esa música clásica? Seguro que no.
En este cd tenemos directores de la talla de Adrian Boult, Colin Davis, Norman Del Mar, Herbert Von Karajan, Alain Lombard, Riccardo Muti, Paul Daniel, Andre Previn, Sir Simon Rattle, Sir Neville Marriner y Hans Vonk. Podemos escuchara solistas como Barry Tuckwell con el crono francés, Robin Blaze y Robert Cohen en el Cello, Fritz Helmis y James Galway con sus flautas, el tenor José Carreras y la soprano Lesley Garrett. Aquí deleitamos nuestro oído escuchando al piano a Radu Lupu y Christopher Parkening, y a Sabine Meyer en el clarinete.
En esta ocasión remito a otra página para ver el elenco del cd y poderlo disfrutar, y coloco algunas de las obras en videos que no son de las películas.
Esta semana quiero invitarlos a escuchar al prestigiado pianista Lang Lang, quien con apenas 28 años de edad, está considerado como uno de los mejores del momento. Con su magnetismo ha roto las fronteras de la música clásica convirtiéndose en un fenómeno de masas y escuchando el disco que recomiendo o viendo alguno de los videos sabrán por qué.
En estos días está recorriendo el mundo con un homenaje a Liszt en el año del bicentenario de su nacimiento el 22 de octubre pasado, interpretando especialmente el Concierto para piano número 1 del célebre compositor húngaro.
El álbum que les invito a escuchar, titulado "Liszt, my piano hero" en el que conmemora este 200º aniversario del nacimiento del gran compositor pianista romántico se ha grabado con la Orquesta Filarmónica de Viena dirigida por Valery Gergiev.
Les platico ahora un poco de Lang Lang (郎朗, pinyin: Láng Lǎng) quien nació en Shenyang, China el 14 de junio de 1982. Comenzó a tomar lecciones de piano a la edad de 3 años y a los 5 ganó el Concurso de Piano de Shenyang y tocó en su primer recital público. Entró en el Conservatorio Central de Música de Pekín cuando tenía apenas 9 años. A la edad de 11 ganó el primer premio por la actuación artística destacada en el Cuarto Concurso Internacional de Jóvenes Pianistas en Alemania. En 1995, a los 13 años de edad, tocó completos los 24 Estudios de Chopin en el Pekín Concert Hall y ganó el primer premio en el Concurso Internacional de Jóvenes Músicos de Tchaikovsky en Japón, donde tocó el Concierto para Piano n.° 2 de Chopin con la Orquesta Filarmónica de Moscú. A los 14 apareció como solista en el concierto inaugural de la Sinfónica Nacional de China, a la que acudió el presidente Jiang Zemin. En 1997 se trasladó a los Estados Unidos con su padre, a fin de estudiar en el Instituto Curtis de Filadelfia.
El descubrimiento de Lang Lang como uno de los grandes llegó en 1999, cuando tenía 17 años, con la dramática sustitución en el último minuto de un indispuesto André Watts en el Festival "Gala de la Centuria" de Ravinia, en el cual tocó el Concierto para Piano n.° 1 de Tchaikovsky con la Orquesta Sinfónica de Chicago dirigida por Christoph Eschenbach. El periódico "The Chicago Tribune" le llamó el más grande y más excitante talento del teclado descubierto en muchos años. En el 2001 hizo su debut con todas las butacas vendidas en el Carnegie Hall con Yuri Temirkánov, viajó luego a Pekín con la Orquesta de Filadelfia en una gira que celebraba su centésimo aniversario, durante el cual actuó para una audiencia de 8.000 personas en el Gran Salón del Pueblo, e hizo su aclamado debut en los Conciertos Sinfónicos de la BBC, a lo que la crítica del "The Times" de Londres escribió: "Lang Lang tuvo un éxito rotundo en el Royal Albert Hall... Esto bien podría ser historia en la actuación." En 2003, volvió a los Conciertos Sinfónicos de la BBC para el concierto de Primera Noche con Leonard Slatkin.
Tras su reciente debut en un recital en la Filarmónica de Berlin, el "Berliner Zeitung" escribió: "Lang Lang es un intérprete espléndido con un detalle artístico que está siempre al servicio de la música." Lang Lang ha actuado con las principales orquestas del mundo, incluyendo la Sinfónica de Boston, la Filarmónica de Nueva York, la Orquesta de Cleveland, la Orquesta Sinfónica de Detroit, la Orquesta de Filadelfia, la Filarmónica de Los Ángeles, la Sinfónica de San Francisco, la Filarmónica de Berlín, la Filarmónica de Londres, la Orquesta de París, la Filarmónica de Hong Kong, la Sinfónica de Sydney, la Filarmónica de Israel y la Orquesta Filarmónica de San Petersburgo. Ha colaborado con directores que incluyen a Daniel Barenboim, Charles Dutoit, Christoph Eschenbach, Valery Gergiev, Mariss Jansons, James Levine, Lorin Maazel, Zubin Mehta, Simon Rattle, Wolfgang Sawallisch, Yuri Temirkánov, Michael Tilson Thomas y Franz Welser-Möst.
En 2007 Lang Lang hizo una aparición con Andrea Bocelli celebrando sus 15 años de carrera a partir de 1992 con la canción "Io Ci Saró" y de igual manera en el 2008 apareció en el disco de Andrea, "Vivere Live in Tuscany", tocando en el Teatro del Silenzio con las melodias "Io Ci Saró" y " Hungarian Rhapsody", aceptando Andrea que Lang Lang es un pianista incomparable. En ese mismo año participó en la grabación de seis pistas en el álbum de Mike Oldfield, "Music of the Spheres", que cuenta con la dirección orquestal de Karl Jenkins y que no sería lanzado hasta el primer trimestre de 2008.
A su corta edad ha escrito ya una autobiografía que es un bestseller en China. Lang Lang ha recibido numerosos premios y ha sido visto por millones de telespectadores en todo el mundo. Ha actuado con Gergiev y la Orquesta de Kirov en el Great Hall del Conservatorio de Moscú. En el 2004 se presentó con Sir Simon Rattle y la Filarmónica de Berlin en el Waldbühne, y asistieron 23.000 personas al concierto. En el verano de 2002, se convirtió en el primer galardonado del Premio Leonard Bernstein en el Festival de Schleswig-Holstein, como reconocimiento a su distinguido talento musical.
Además de su carrera musical, se dedica apasionadamente a compartir música con la gente joven y fue reconocido recientemente por sus esfuerzos por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, o UNICEF por sus siglas en inglés, que le nombró su Embajador de Buena Voluntad. En octubre de 2008 puso en marcha la Fundación Musical Internacional Lang Lang, que busca expandir las audiencias juveniles e inspirar a los músicos jóvenes por medio de programas de extensión. Otro objetivo de la fundación es reunir fondos para brindar asistencia en situaciones de emergencia humanitaria. En la actualidad, Lang Lang vive entre Beijing y la ciudad de Nueva York y acaba de recibir el título de Doctor Honoris Causa por el Royal College of Music de Londres en reconocimiento de su excepcional carrera como intérprete y por su labor filantrópica en apoyo de los músicos más jóvenes.
No digo más, escuchen ustedes mismos o vean a Lang Lang y dirán lo demás... Empecemos con las mañanitas a Liszt:
Vean ahora cómo se prepara y goza la grabación de su disco:
Y finalmente les dejo la portada del disco por si lo quieren comprar o descargar de internet:
El disco contiene, además, el Ave María de Schubert.
Esta semana está totalmente dentro del tiempo de vacaciones de mucha gente, que mejor que disfrutar de bella música mientras se lee algo agradable. Recomiendo ahora un disco del compositor romántico Franz Schubert, que contiene 4 improptus y 6 momentos musicales. Este maravilloso compositor, que empezó sus estudios musicales como alumno de su papá, compuso obras musicales de carácter puramente romántico, el cual se extendió por toda Europa, además de componer música para piano como la que contiene este disco, también compuso música de cámara, música sinfónica (siempre respetando los cánones establecidos por los grandes clásicos, tales como Mozart y Haydn).
Entre los tracks de este disco, podemos mencionar que sobresalen los improtus No. 1 en fa menor, que además de ser muy dificultuoso es muy bello, el improptu No. 4 escrito en la misma tonalidad del anterior, de manera que tal ves no sea tan difícil como el primero, pero muy hermoso. Los momentos musicales, entre los que destaca el No. 3 (allegro moderato) que es muy conocido entre los que escuchan música de piano es fascinante.
El solista en esta ocasión es Rudolf Serkin, considerado uno de los grandes pianistas del siglo XX, de nacionalidad austriaca y quien hizo mas de 70 años de carrera profesional.
El contenido del disco es:
Improptus D. 935:
01. No. 1 en fa mineur
02. No. 2 en la bémol majeur
03. No. 3 en si bémol majeur
04. No. 4 en fa mineur
Moments musicaux D. 780
05. No. 1 Moderato
06. No. 2 Andantino
07. No. 3 Allegro moderato
08. No. 4 Moderato
09. No. 5 Allegro vivace
10. No. 6 Allegreto
Et découvrez Schumann:
11. Scènes de la forêt par Robert casadeus