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domingo, 20 de diciembre de 2020

«Danzas Sinfónicas, op 45»... una obra de Sergéi Rachmaninov

Sergéi Rachmaninov (18731​-1943), fue un compositor ruso que de niño pertenecía a la aristocracia rusa, cuyos blasones se remontan hasta el siglo XV. Por mucho tiempo su familia fue una familia acomodada hasta que el padre de Sergéi dilapidó la fortuna familiar debido a malas gestiones financieras, el juego y asuntos de faldas. En tales circunstancias, tuvieron que abandonar sus fincas y trasladarse a un pequeño departamento en Moscú, en 1882. Al año siguiente, el padre abandonó a la familia. Sergéi tenía en ese entonces diez años.

Veinte años después, Rachmaninov se había graduado, había formado ya una familia, y era reconocido como excelente pianista y director de orquesta en el Teatro Bolshoi. Aqunque la situación económica no era de las mejores, la familia aun exudaba un cierto aire aristocrático. Ello explica que los vientos revolucionarios no fueran de todo el agrado de Sergéi. En 1906, marchó con su familia a Dresde, donde permaneció tres años. Tras el estallido de la revolución en 1917, salió en gira por Escandinavia, y en noviembre del año siguiente embarcó desde Oslo con la familia en dirección a Nueva York.

El compositor nunca regresó a su patria, a pesar de viajar año con año a Europa, en extensas giras, o sencillamente, a pasar los veranos. Por otra parte, su vida en los Estados Unidos no podía descansar en la composición, de modo que debió incrementar enormemente su repertorio y lanzarse a conquistar América como pianista, lo que desde luego cumplió con creces. Ello explica también que, siendo autor de más de cien obras de distinto género, en América apenas haya completado seis en veinticinco años. Alguna vez escribió: «Al dejar Rusia, dejé atrás mi deseo de componer: al perder mi país, me perdí también a mí mismo».

La obra que ahora les invito a escuchar: «Danzas Sinfónicas, opus 45» es una suite en tres movimientos, completada en 1940, tres años antes de su muerte. Es su última obra y también la única escrita enteramente en los Estados Unidos. Su nombre sugiere que tal vez pudiera ser danzada y por ello el compositor hizo arreglos con el coreógrafo ruso Mikhail Fokine para crear un ballet. La muerte del coreógrafo en 1942 no lo hizo posible. Las Danzas evocan la nostalgia de la Rusia que el autor conoció, al tiempo que nos muestran la fascinación de Rachmáninov por los temas eclesiásticos.

El estreno de esta composición tuvo lugar en enero de 1941, con la Orquesta de Filadelfia bajo la dirección de Eugéne Ormandy, a quien el compositor invitó a dirigir debido a su delicado estado de salud. Rachmáninov la escuchó complacido, desde un balcón. Mientras componía la versión orquestal, el compositor escribió un arreglo para dos pianos, estrenado por su amigo y compatriota Vladimir Horowitz y él mismo, en el verano de 1942, en una velada privada en su casa de Beverlly Hills, California.

domingo, 1 de noviembre de 2020

La isla de los muertos... de Rachmaninov

Hoy, solemnidad de Todos los Santos y vísperas de la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, quiero dejarles esta pieza de Sergei Rachmaninov (18731​-1943), quien confesó de modo revelador que «la música de un compositor debería expresar el país de su nacimiento, sus aventuras amorosas, su religión, los libros que le han influido, los cuadros que ama». La isla de los muertos es un poema sinfónico de 1909 basado en el cuadro epónimo de Arnold Böcklin, donde la figura cadavérica de Caronte transporta en su barca un cuerpo a través del río Aqueronte hacia un islote con ominosos cipreses y sombríos tallados en roca. Culmen del postromanticismo ruso, está estructurado en forma de simple arco, con una orquestación virtuosa con triples vientos, extensión lógica de su exploración de matices tonales y variedad textural al piano.

El inusual compás de 5/8 (o más bien por su pulso, un oleaje irregular 2+3 y 3+2) riela hipnóticamente el suave chapoteo del agua mientras el remero avanza hacia la isla desolada. Un lóbrego segundo tema presentado por la solitaria trompa se entreteje y refuerza el carácter abatido; embebida está la silueta del cantollano medieval Dies irae, emblema de mortalidad que obsesionó a Rachmaninov y que asoma por toda la obra como material mutacional. Diversos motivos y cambios orquestales en múltiples voces van fluyendo en una marcha fúnebre que avanza imparable en un prolongado crescendo de paulatina urgencia, sugiriendo de modo admirable el progreso determinado e inexorable del remero. El perfil imponente de la isla es revelado en la figura 11 y 5 compases, justo antes del esfuerzo final de Caronte que conduce a un devastador clímax.

La llegada a la orilla está marcada por el cambio a ¾ en el ritmo (tranquillo, f. 13 y 4 cc.) y por las texturas neblinosas que separan la vida terrenal del reino de los muertos. Entonces aparece la anhelante memoria de la vida: dicha, temor, pasión, duda, lamento, catarsis, y en última instancia, resignación y aceptación de la muerte. La orquesta explora distintas variaciones del tema que alcanza su límite con una serie de furiosos acordes aumentados con violentos platillos tchaikovskivianos, hasta llegar a un momento de paz (largo, f. 22 y 11 cc.) tras el cual el Dies irae regresa en un canon de prolación como un trance exhausto, temblando misteriosamente el trémolo de cuerdas. A partir de la f. 23 el leitmotiv del remero va y viene como transición, entrando casi imperceptiblemente en las cuerdas.

El ritmo 5/8 retorna definitivamente (f. 23 y 15 cc.) cuando Caronte abandona el alma en la isla y retoma su funesto empuje, regresando por retazos ya escuchados mientras el motivo inicial se sume en el silencio.  

Escuchen y disfruten de esta obra:

domingo, 25 de octubre de 2015

«Vocalise»... Una bellísima canción sin letra

Sergei Rachmaninov tiene una serie de canciones correspondientes a la serie Op. 34 entre las cuales está «Vocalise» (la número 14), que fue compuesta en 1812 y que se conoce con ese nombre, ya que es una «canción sin palabras», una dulce melodía en la que la soprano únicamente realiza vocalizaciones. Su gran belleza y sencillez intelectual, han hecho de esta obra, objeto de numerosos arreglos para diversas combinaciones musicales y es la pieza musical que les invito a escuchar esta semana.

Rachmaninov escribió «Vocalise» para voz y piano, pero a diferencia de las otras canciones del Op. 34, no compuso un texto sino solamente vocalización. De inmediato la obra se hizo popular, y el compositor fue formado varias transcripciones de la obra, incluyendo una para piano y otra para orquesta. 

Originalmente fue escrita para voz (soprano o tenor) y acompañamiento de piano. Aunque la publicación original estipula que la canción puede ser cantada bien por una soprano o por un tenor, generalmente se elige una soprano para que la interprete. Como muchas otras piezas clásicas, se ha transcrito a diversos tonos, pues de no hacerse, los artistas que no tuvieran el rango tan alto de una soprano jamás podrían interpretarla.

Un dato curioso es que, como no contiene palabras, puede cantarse utilizando cualquier vocal que el intérprete elija. Fue dedicada a la soprano Antonina Nezhdanova (1873-1950), una de las mejores sopranos rusas de la historia y, como les sucede a las melodías más populares de lo clásico, han sido infinitas las versiones. Yo solamente comparto algunas.

Con Kiri Te Kanawa:


Con Gülsin Onay y Erkin Onay:


Con Luka Sulic en el chelo:

domingo, 15 de marzo de 2015

«SINFONÍA NO. 2, OP. 27 DE RACHMANINOV»... Una sinfonía inesperada por el autor

Sin duda alguna que Rachmaninov es famoso por su concierto para piano No. 2 del que ya he hablado, pero este brillante hombre tiene otras obras bellísimas, entre ellas la «SINFONÍA NO. 2, OP. 27», de la que esta semana quiero hablar un poco e invitar a mis 10 seguidores a escucharla.

Entre los años 1906 y 1907 Rachmáninov se dedicó a componer esta Sinfonía, acordándose que el estreno de la primera había sido un fracaso y no estando del todo convencido de ser un compositor brillante, pues consideraba —a pesar del éxito del citado concierto de piano— que aún le faltaba seguridad y confianza al escribir nuevas obras. Muy insatisfecho con el primer borrador, comentó que no estaba en su naturaleza la creación de sinfonías, pero tras varios meses de revisiones logró terminarla. Se estrenó el 8 de febrero de 1908 en San Petersburgo con Rachmaninov dirigiendo. A pesar de su extensa duración, unos sesenta minutos, la obra fue recibida con entusiasmo y obtendría para su autor otro Premio Glinka. Eso fue, para el compositor, algo inesperado pero que le dió firmeza y decisión. El triunfo hizo que recuperara su autoestima como sinfonista, aunque no volvería a escribir otra sinfonía, que fue la tercera y última, hasta 1935 casi treinta años después.

Debido a su duración, esta sinfonía ha sido objeto de varias revisiones, especialmente en las décadas de 1940 y 1950, que redujeron la pieza de la hora aproximadamente a unos 35 minutos. Hoy en día, sin embargo, suele interpretarse más en su versión completa, algunas veces con la omisión de la repetición del primer movimiento.

El tercer movimiento de esta obra, es uno de los más famosos no solo de la sinfonía y de este compositor ruso sino de toda la música clásica. El personalísimo estilo de toda la obra es romántico, de pura extracción rusa, una música densa pero a la vez transparente, sincera, natural e incluso espontánea; contenida por momentos y desbordante al mismo tiempo. Rachmaninov siempre intentó con su música exteriorizar su nostalgia y amor a su tierra natal: nunca pudo volver a Rusia, pero jamás dejó de ser un auténtico ruso.



domingo, 14 de abril de 2013

RACHMANINOV... Concierto para piano N° 2, uno de los más bellos

Sin duda alguna uno de los conciertos más bellos para piano que he escuchado, es el «Concierto para piano y orquesta número 2 de Sergéi Rachmaninov Op. 18».

Esta semana les invito a escuchar esta verdadera obra de arte. Una composición en do menor para piano acompañado por la orquesta, compuesto por Rachmaninov (Sergéi o Serguéi Vasilievich Rachmaninov; Oneg, Rusia, 1873-Beverly Hills, EE UU, 1943) entre el otoño de 1900 y abril de 1901. El concierto fue dedicado al Dr. Nikolai Dahl quien trató al compositor de la depresión que sufrió luego del fracaso de su primera sinfonía. Como Dahl también era músico, violonchelista, pudo comprender el estado emocional de su paciente y de esta forma determinar cuál debía ser la metodología que tenía que emplear para manejar a su paciente. Trabajó con él durante todo el año del comienzo del siglo XX y con resultados sumamente positivos, puesto que el músico en cuestión salió de su depresión y pudo retornar a la composición dedicándole este concierto con mucho agradecimiento.

Hijo de una familia de terratenientes, Sergéi debió su temprana afición musical a su papá y a su abuelo, uno y otro competentes músicos aficionados. A pesar de sus extraordinarias dotes para la interpretación al piano, la composición fue desde el principio el verdadero objetivo del joven Rachmaninov. No obstante, su carrera en este campo estuvo a punto de verse truncada prematuramente por el fracaso del estreno, en 1897, de la mencionada Sinfonía . Este revés sumió al compositor en una profunda crisis creativa, sólo superada a raíz de este Concierto, cuyo éxito supuso para él el reconocimiento mundial.

Después de hacer un viaje por Italia, Rachmaninov se puso a trabajar en esta composición la cual ejecutó frente al público en 1901, pero con una característica muy llamativa: se hizo con los movimientos «Adagio sostenuto» y «Allegro scherzando», en otras palabras, con lo que ahora se conoce como el 2do. y 3er. movimiento. Añadió el 1ro. en la primavera de 1901 y ofreció la versión completa —es decir, tal como la conocemos hoy en día— el 27 de octubre de ese mismo año, con un inmenso éxito de los críticos musicales y el público.

Es de hacer notar que en un principio el mismo compositor hizo comentarios sobre la estructura técnica de este concierto. En una carta enviada a un amigo suyo llamado Nikita Morozov, le manifestó que: "Acabo de tocar de punta a punta el primer movimiento de mi concierto y recién ahora se me hace claro que la transición del primer tema al segundo no es buena y que en esta forma el primer tema no es más que una introducción y que, cuando comienza el segundo tema, ningún tonto creerá que lo es. Todo el mundo pensará que es el comienzo del concierto. Considero que todo el movimiento está arruinado y a partir de este momento se ha convertido en verdaderamente horroroso para mí. ¡Estoy simplemente desesperado!" En otras palabras, Rachmaninov se juzgó a sí mismo con suma severidad, contrariamente a lo que juzgó el público asistente a su concierto: gran aprobación.

El concierto se abre con una serie de acordes básicos, los cuales van creciendo en intensidad para entrar luego a una hermosa melodía, en la cual, en determinados pasajes, es el piano el que hace el «acompañamiento» de la orquesta. Otra característica de este concierto es que sus tres movimientos están entrelazados de forma original, lo cual consiste en que cada uno de ellos comienza con la tonalidad que finalizó la anterior. Esta obra concluye con un gran ímpetu y fuerza.

La revolución soviética puso fin a esta etapa maravillosa de la vida de Rachmaninov, provocando su salida, junto a su familia, de Rusia. Suiza primero y, a partir de 1935, Estados Unidos, se convirtieron en su nuevo lugar de residencia. Si en su patria había dirigido sus principales esfuerzos a la creación, en su condición de exiliado se vio obligado a dedicarse sobre todo al piano para poder subsistir.

La carrera de virtuoso pianista que llevó a cabo desde entonces, junto a la profunda añoranza de su país, fueron dos de las causas que provocaron el notable descenso del número de obras escritas entre 1917 y 1943, el año de su muerte: sólo seis nuevas composiciones vieron la luz en ese lapso de tiempo, cuando en los años anteriores lo habían hecho casi cuarenta.

Que disfruten este concierto: