domingo, 15 de marzo de 2015

«SINFONÍA NO. 2, OP. 27 DE RACHMANINOV»... Una sinfonía inesperada por el autor

Sin duda alguna que Rachmaninov es famoso por su concierto para piano No. 2 del que ya he hablado, pero este brillante hombre tiene otras obras bellísimas, entre ellas la «SINFONÍA NO. 2, OP. 27», de la que esta semana quiero hablar un poco e invitar a mis 10 seguidores a escucharla.

Entre los años 1906 y 1907 Rachmáninov se dedicó a componer esta Sinfonía, acordándose que el estreno de la primera había sido un fracaso y no estando del todo convencido de ser un compositor brillante, pues consideraba —a pesar del éxito del citado concierto de piano— que aún le faltaba seguridad y confianza al escribir nuevas obras. Muy insatisfecho con el primer borrador, comentó que no estaba en su naturaleza la creación de sinfonías, pero tras varios meses de revisiones logró terminarla. Se estrenó el 8 de febrero de 1908 en San Petersburgo con Rachmaninov dirigiendo. A pesar de su extensa duración, unos sesenta minutos, la obra fue recibida con entusiasmo y obtendría para su autor otro Premio Glinka. Eso fue, para el compositor, algo inesperado pero que le dió firmeza y decisión. El triunfo hizo que recuperara su autoestima como sinfonista, aunque no volvería a escribir otra sinfonía, que fue la tercera y última, hasta 1935 casi treinta años después.

Debido a su duración, esta sinfonía ha sido objeto de varias revisiones, especialmente en las décadas de 1940 y 1950, que redujeron la pieza de la hora aproximadamente a unos 35 minutos. Hoy en día, sin embargo, suele interpretarse más en su versión completa, algunas veces con la omisión de la repetición del primer movimiento.

El tercer movimiento de esta obra, es uno de los más famosos no solo de la sinfonía y de este compositor ruso sino de toda la música clásica. El personalísimo estilo de toda la obra es romántico, de pura extracción rusa, una música densa pero a la vez transparente, sincera, natural e incluso espontánea; contenida por momentos y desbordante al mismo tiempo. Rachmaninov siempre intentó con su música exteriorizar su nostalgia y amor a su tierra natal: nunca pudo volver a Rusia, pero jamás dejó de ser un auténtico ruso.



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