
Con dieciocho años Benda abandonó esta vida itinerante y volvió a Praga, trasladándose después a Viena, donde continuó sus estudios de violín. Tras dos años fue designado maestro de capilla en Varsovia y formó parte de la orquesta del Príncipe Real de Prusia de forma eventual. Finalmente el rey le encargó de la dirección de dicha orquesta. Benda compuso unas 15 obras de concierto para violín. Además del violín, creó varias composiciones para flauta. Entre otras razones porque Federico II, el rey, tocaba la flauta, y bastante bien. Y así, el monarca prusiano tuvo la posibilidad de interpretar en flauta personalmente en varias ocasiones algunas composiciones de Benda para ese instrumento.
Benda se hizo conocido igualmente por su autobiografía, que terminó de escribir en el año 1763. El libro ofrece muchos detalles de la vida del músico que fue bastante aventurera en los años de su juventud. A la vez, la obra representa una valiosa fuente de conocimientos sobre la vida musical en el siglo XVIII. Los especialistas musicales de su época calificaban su forma de interpretación como «mágica», llena de sentimientos sinceros y de vivencias personales, con un maravilloso y limpio sonido que con frecuencia evocaba en las personas lágrimas de emoción. Solía decirse entonces: «Cuando Benda toca el Adagio o el Andante, da la sensación como si la sabiduría eterna se dirigiera a nosotros desde el cielo». František Benda compuso también alrededor de 18 sinfonías.
Los invito a escuchar ahora, celebrando la Pascua de Resurrección, sus sonatas para violín:
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