domingo, 27 de julio de 2014

«Sinfonía Inacabada»... Franz Schubert y su Sinfonía de dos movimientos

Hoy quiero compartir más música de Schubert, hace tiempo que no lo hago y es alguien que, además de tantas obras, compuso diez sinfonías de las que se conservan todas menos Gastein y entre las que se destacan la Cuarta (Trágica), la Octava (llamada Inacabada por componerse sólo de dos movimientos) y la Novena (o Grande). Este día he elegido la «Inacabada» y más adelante, en otra ocasión hablaré de la «Trágica» y la «Grande». (Desde 1978, la revisión del catálogo de Erich Otto Deutsch establece que la Sinfonía Incompleta es la nº7, mientras que La Grande es la nº8. El orden de las primeras seis sinfonías no cambia. A pesar de que en los programas de muchos conciertos se establece esta nueva numeración, la tradición le da el número 8).

Franz Schubert, es un músico austriaco (1797-1828) que comenzó estudiando con su padre, quien, al darse cuenta del potencial de su hijo, lo envió a tomar clases con el director del coro de su parroquia, y después lo envió a la escuela de la capilla de la corte imperial. Así Schubert empezó a componer sus obras y dio origen a un movimiento romántico que se extendió por toda Europa.

Franz escribió música por placer, alcanzando la felicidad y su realización personal en la creación. Su principal aporte fue  el repertorio de unas 600 canciones, algunas emplazadas en ciclos como El viaje de invierno, La bella molinera o El canto del cisne. También compuso obras para piano, cuartetos de cuerda, música para distintos conjuntos de cámara y para el medio sinfónico. Su estilo surgió con naturalidad y acentuó lo subjetivo y poético.

La Octava sinfonía, llamada, como digo, «Sinfonía Inacabada», fue compuesta en 1822 y llamada así por estar compuesta en dos únicos movimientos, aunque existen bosquejos de un tercero. Parece ser que se estrenó hasta después de 1865, convirtiéndose a partir de entonces en una pieza obligada del repertorio orquestal. La plantilla cuenta con dos flautas, dos oboes, dos clarinetes, dos fagotes, dos trompas, dos trompetas, tres trombones, timbales e instrumentos de arco. Son sus partes un Allegro modéralo que comienza elevándose solemnemente desde las profundidades de los contrabajos y violoncellos, y un Andante con moto melancólico y tierno.

Sobre la composición de esta Sinfonía, se han dicho miles de cosas. El manuscrito de la obra atestigua que fue iniciada el 30 de octubre de 1822. Unos meses más tarde, la Sociedad Musical Styrie acogió a Schubert como miembro de honor y éste, como agradecimiento, prometió una sinfonía, compromiso que nunca cumpló. Algunos dicen que la promesa era esta «Sinfonía Inacabada», que sigue estando maravillosamente bien incompleta y ocurre que, como en muchas otras obras de Schubert, se quedó a medio terminar. Pero la grandeza y densidad de sus movimientos le sirven para alcanzar la categoría de sinfonía y la cota de absoluta obra maestra.

Algunos estudiosos de la música, sus creadores y sus obras, dicen que poco después de comenzar a dar forma al tercer movimiento, Franz cayó enfermo de sífilis, lo que interrumpió la creación de la obra y que tras recuperarse de la enfermedad y abandonar el hospital, aceptó un cargo en una sociedad musical de Graz (Austria) y, como parte de su ingreso, envió a Anslm Hüttenbenner, director del centro, una copia de los dos primeros movimientos de su Octava. Éste metió las partituras en un cajón y se olvidó de la obra por completo. No fue hasta 1860 cuando el hermano pequeño de Anselm descubrió los legajos y se propuso estrenar la obra.

Esta excepcional obra destaca por su unidad y consistencia, a pesar de estar incompleta y de los fuertes contrastes existentes entre sus dos únicos movimientos. Mientras que el primero es impetuoso y dramático, el segundo, hace gala de un lirismo más cercano al género del lieder (del que Schubert fue un maestro) que al sinfónico. Aún así, los temas de uno y otro están conectados por otra serie de elementos que los hacen inseparables y complementarios. Sin duda, se trata de la sinfonía más audaz y madura del compositor, en nada similar a sus anteriores trabajos. No faltan tampoco las imaginativas y versátiles melodías, tan características de la música de Schubert. Pero aquí se combinan con elementos arcaizantes y contrapuntísticos, que las otorgan una fuerza y una consistencia singular. Quizás una de las mejores sinfonías jamás compuestas, a esta obra le bastan sus dos únicos movimientos para plantarle cara a la eternidad.

Esa partitura, probablemente su obra más conocida junto con el "Ave María", evoca en nosotros el misterio de una creación inconclusa que, sin embargo, presenta una perfecta completitud en sus dos movimientos, escritos con gran oficio y belleza. Disfruten de esta «Sinfonía Inacabada» con varias orquestas:



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