domingo, 13 de febrero de 2011

LA AMISTAD ESPIRITUAL... un libro de San Aelredo

Mañana, nuestra sociedad mexicana, celebra el día de la amistad. Vale la pena que nosotros, como creyentes, profundicemos en lo que es la verdadera amistad, esa que nos une cada día más a Cristo y a la humanidad en un corazón que no debe tener fronteras para amar. En el "De spiritali amicitia", ensayo escrito entre los años 1158 y 1163, San Aelredo presenta la amistad como un marco, como un espacio capaz de estructurar y humanizar la vida personal y comunitaria de los monjes con miras a su objetivo espiritual: la búsqueda de Dios. Lo hace recuperando un filón precioso de la psicología y la antropología clásicas, releyéndolo y actualizándolo en función del nuevo contexto. Este filón es el tema de la amistad, que había sido tratado ya por Sócrates y Platón, y de manera más sistemática por Aristóteles, que le dedicó los libros VIII y IX de su Ética a Nicómaco. Este filón de reflexión antropológica y sapiencial encuentra una de sus máximas realizaciones en el tratado de Marco Tulio Cicerón, el Laelius o De amicitia (44 a. C.), texto que, de joven, había impresionado a Alredo, y que reencontró en el noviciado de Rieval.

Aelredo asume sin reservas la definición ciceroniana de amistad: «La amistad —dice Cicerón— es el consenso en las cosas humanas y divinas, basado en la benevolencia y la caridad».1 Esta definición nace de una antropología abierta a lo trascendente, que entiende al hombre como un espíritu encarnado, en el cual la dimensión espiritual y la humana se encuentran armónicamente integradas.

Según San Aelredo, una amistad auténtica debe tener estas notas: dilectio, affectio, securitas e iucunditas. Lo explica así: «Hay cuatro elementos que me parecen especialmente propios de la amistad: la dilección, el afecto, la confianza y la elegancia. La dilección se expresa con los favores dictados por la benevolencia; el afecto, con aquel deleite que nace en lo más íntimo de nosotros mismos; la confianza, con la manifestación, sin temor ni sospecha, de todos los secretos y pensamientos; la elegancia, con la compartición delicada y amable de todos los acontecimientos de la vida —los dichosos y los tristes—, de todos nuestros propósitos —los nocivos y los útiles—, y de todo el que podemos enseñar o aprender».

San Aelredo de Rivaulx
"La Amistad Espiritual"
Ed. Librería Parroquial de Clavería
México, 1986
125 páginas. 
  


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