domingo, 28 de octubre de 2012

«PETRUSHKA»... Ballet de Igor Stravinsky

En el invierno de 1910-1911, Stravinsky se dio a la tarea de componer una pieza de ballet pensado en una figura tradicional rusa llamada «Petrushka», que es una marioneta de paja y aserrín de carácter bufo y burlón —lo que en el mundo latino equivaldría al Polichinela— que cobra vida y desarrolla la capacidad de sentir. Tres ciudades distintas sirvieron a Stravinsky para su composición: Sus primeras ideas ocurrieron en Suiza, el trabajo principal se hizo en Beaulieu sur Mer, a orillas del Mediterráneo (con un fuerte catarro) y el acabado tuvo lugar en Roma, en abril de 1911, cuando Stravinski se alojaba en el Albergo Italia, cerca de las Quattro Fontane, en un cuarto con vista a los Jardines Barberini, en ese periodo en el que Stravinski realizó la primera de sus muchas visitas al Vaticano.

La obra está realizada en un acto y tiene muchas y muy variadas riquezas y al menos un gesto enigmático: el famoso acorde de Petrushka, una armonía bitonal en la que Stravinsky superpone la tonalidad de do mayor y la de fa sostenido mayor. Tiene cuatro escenas que son:

Escena I: En 1838, en un club de San Petersburgo, se celebra la feria de carnaval. En la plaza hay un teatrino donde el Mago presenta un espectáculo. Al abrirse el telón se ven tres muñecos que, a la orden del Mago, comienzan a bailar. El Moro y Petrushka están enamorados de la Bailarina, pero esta claramente prefiere al Moro. Petrushka en un ataque de celos agrede al Moro y el Charlatán detiene la presentación.

Escena II: Encerrado en su cuarto por el Charlatán, Petrushka protesta por la crueldad con la que es tratado por demostrar sus sentimientos. Aparece la Bailarina y Petrushka, emocionado, le expresa su amor con brusquedad. La Bailarina se marcha asustada por la rudeza de Petrushka dejándolo sumido en la tristeza y la desesperación.

Escena III: En la habitación del Moro. Aunque el Moro también está prisionero, se encuentra feliz con su situación. Entra la Bailarina y el Moro la halaga, ella está complacida por el trato y se deja abrazar por él. En ese momento entra Petrushka que amenaza al Moro, éste se defiende con su cimitarra y hace huir a Petrushka.

Escena IV: La feria de carnaval en la plaza de San Petersburgo. Las personas han continuado con las celebraciones sin darse cuenta de lo que sucede dentro del teatrino. La fiesta se interrumpe cuando sale por el teatrino Petrushka perseguido por el Moro. El Moro mata a Petrushka. La gente se asusta pensando que se ha cometido un asesinato, llega la policía e interroga al Mago, pero en el piso solamente hay un muñeco de trapo. La fiesta llega a su fin, todos se van retirando y el Charlatán se lleva a Petrushka hacia el teatrino pero del techo aparece el fantasma de Petrushka amenazador.

Desde su estreno, «Petrushka» —para mí el mejor ballet de la juventud de Stravinsky— ha gustado siempre, quizá debido a los rasgos artísticos intrínsecos a la obra, que constituye una maravillosa síntesis abstracta, expresada en un tejido sonoro infinitamente adecuado, bello y atractivo de la fascinación abismal tan usual en las obras de Stravinski, provocada por su originalidad, variedad, profundísima sabiduría musical y poderosa fuerza creadora. Tal vez el gusto se deba también a que realmente esta obra es fácil de digerir, ya que el compositor empleó material de canciones folklóricas y algunos temas de otros autores en algunos momentos de la obra, lo cual le da con su toque  stravinskista, un ritmo fácil de seguir y muy contagiante.

Los continuos éxitos de «Petrushka», que cubren ya un periodo de noventa y ocho años y parecen ir en ascenso continuo, a pesar de que la obra es ya un clásico del arte musical, demuestran la capacidad comunicadora de Stravinski, del mismo nivel que la de Beethoven, Chaikovski, Mahler o Verdi.

Dejo algunas versiones del baallet «Petrushka», la primera de ellas con la primera de ellas con la Primera Bailarina Nina Ananiashvili y dedico esta entrada a la Sra. Petrushka de Fosado, mujer maravillosa de feliz memoria con un hijo sacerdote excepcional, ¡así le decía de cariño a su mamá el padre Aaron Fosado! La recuerdo con cariño ahora que se acercan dos fiestas hermosas: La fiesta de todos los Santos y la de los Fieles Difuntos. ¡Gracias doña Petrushka por los hermosos recuerdos de aquellos años en la época en que éramos seminaristas. ¡Vaya un saludo especial al padre Aarón!



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