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domingo, 7 de abril de 2019

«Concierto para Oboe No. 2 del Opus 9 en re menor»... Una valiosa obra de Albinioni

El más conocido de los conciertos para oboe de Tomaso Giovanni Albinoni (Venecia 1671-1751) es el No. 2 del Opus 9, en re menor, que forma parte de su primera serie de doce «concerti a cinque», cuya serie completa está dedicada al Príncipe elector Massimiliano II Emanuele de Baviera.

Los movimientos de la obra son los tres habituales de aquel tiempo, siguiendo el esquema que propugnó Vivaldi: rápido-lento-rápido: 1. Allegro e non presto; 2. Adagio; 3. Allegro.

Es un concierto en el que el instrumento es tratado de una forma lírica y melódica como no se había hecho hasta entonces. Al oboe lo acompaña una pequeña formación de cuerdas, compuesta por dos violines, viola, cello y bajo continuo. Hoy se acostumbra a doblar la formación orquestal porque las salas son más amplias y se requiere una sonoridad mayor, y también porque así se da cuenta de que estamos frente a los primeros conciertos para solista y orquesta, aquellos que datan de la primera mitad del siglo XVIII, y cuya autoría debemos sin ambages a este gran Albinoni.

En su época, el Barroco, Tomaso Albinoni era mucho más apreciado como compositor de ópera, pero, actualmente, se le conoce sobre todo por su música instrumental.

La versión que les ofrezco es del año 2013, cuando el oboísta Pijus Paškevičius tenía diez años. Es una presentación en en Vilna, la capital de Lituania.

domingo, 23 de noviembre de 2014

«Zenobia»... la primera de las muchas óperas de Albinoni

Violinista y compositor reputado, Tomaso Albinoni, fue un compositor que, en su tiempo, fue reconocido especialmente como autor de óperas. Ya a los 24 años había obtenido resonantes éxitos, en tanto que Vivaldi recién abordaría el género lírico muchos años después. En 1694 Albinoni inauguró su catálogo con «Zenobia, Regina dei Palmironi» y durante medio siglo produjo más de cuarenta dramas destinados a los teatros venecianos. Albinoni escribió alrededor de una cincuentena de óperas, de las cuales 28 se representaron en Venecia entre 1723 y 1740, pero actualmente es más conocido por su música instrumental, especialmente sus conciertos para oboe, ya que muchas de sus óperas no han llegado a nuestros días. Solamente «Zenobia» (1694), «Engelberta» (1709) y «La Statiza» (1726) han llegado completas hasta hoy.

En sus primeros años de composición, Tomaso no pareció buscar una protección directa de la que pudiese extraer beneficios materiales. Era el aficionado que escribía música como entretenimiento y no para obtener dinero. Por esa época el mismo agregaba a su nombre el título de "musico di violino e dilettante veneto". El músico veneciano unía al desinterés del "amateur" un perfecto conocimiento de la composición musical, por lo que a partir de 1711 comenzó a considerarse un "profesional" y durante medio siglo produjo más de cuarenta dramas destinados a los teatros venecianos.

«Zenobia, Regina dei Palmironi» fue estrenada en su ciudad natal con reconocido éxito pero pronto cayó en el olvido. No era fácil estar interpretando la misma ópera en lugares pequeños, eso era como estar pasando la misma película una y otra vez y esperar el mismo éxito. La obra toca el tema de Septimia Bathzabbai Zainib, más conocida como «Zenobia» (23 de diciembre 245 - 274), quien fue la segunda mujer del príncipe Odenato de Palmira y reina del Imperio de Palmira. Odenato era un príncipe cliente del Imperio romano, que fue asesinado en el 267. Zenobia tomó las riendas del poder a nombre de su joven hijo heredero y nunca se supo como acabó su vida. Albinioni, a sus 23 años, quedó más que fascinado al leer la historia de esta mujer con un libreto de Antonio Marchi

Hoy quiero invitarles a escuchar un poco de esta ópera, muy desconocida por ahora y bastante poco interpretada.




domingo, 21 de julio de 2013

El Adagio de Albinoni... una obra de Giazotto que se atribuye a Tomaso Albinoni

Cuando uno se adentra en el mundo de la música clásica, se topa con cosas tan interesantes como la que brota de la curiosidad de haber escuchado el llamado: «Adagio de Albinoni», un Adagio en sol menor es una obra para orquesta de cuerdas y órgano en sol menor, compuesta en 1945 por el musicólogo italiano Remo Giazotto pero atribuida a Albinoni por él mismo.

Publicado por primera vez en 1958 por la editorial Casa Ricordi, el editor lanzó como argumento de venta que el autor se había basado en unos fragmentos de un movimiento lento de una sonata a trío de Tomaso Albinoni presumiblemente encontrados en las ruinas de la Biblioteca de Dresde tras los bombardeos de la ciudad acaecidos en la Segunda Guerra Mundial, cosa que el mismo Giazotto admitió, pero nunca se ha encontrado una prueba seria de la existencia de tales fragmentos; por el contrario la «Staatsbibliothek Dresden» ha desmentido formalmente tenerlas en su colección de partituras. El hecho interesante es que Remo, en lugar de reclamar su obra, delegó la propiedad intelectual de la misma. Tal vez era consciente de que una obra así no tenía cabida en el repertorio contemporáneo y pretendía darla a conocer como barroca. En cualquier caso, el resultado es que al final Tomaso Albinoni es más conocido por la única obra que jamás creó y sin duda una de las piezas clásicas más conmoverdoras del mundo.

Tomaso Giovanni Albinoni fue uno de los compositores italianos (Venecia 1671-1751) del barroco más famosos. En su época Albinioni fue muy conocido como compositor de ópera llamados «dilettanti» del siglo XVIII, que eran algo así como los artistas de hoy. Actualmente es más conocido por su música instrumental —parte de la cual se graba con regularidad— debido a que su música vocal cayó muy pronto en el olvido.

El tema de este singular Adagio tiene, además, algunas semejanzas con el principio del tema del Adagio sotenuto del primer Trío, opus 33, por piano, violín y violoncelo de Louise Farrenc, datado de 1841. Suele estar orquestado para orquesta de cuerdas y órgano, aunque a veces lo está sólo para cuerdas.

Sea como fuere los invito a dejarse llevar por esta maravillosa obra para orquesta, cuerdas y órgano que, desde la melancolía de sus primeros compases, crece en fuerza y determinación como quien está dispuesto a seguir adelante...