Cuenta la historia de la música que en tiempos de Johann Sebastian Bach (1685 - 1750) vivió un famoso conde de nombre Hermann Carl von Keyserlingk que no podía dormir y se le ocurrió encargar a Bach componer alguna obra que, ejecutada por el clavicordista de su corte, Johann Gottlieb Goldberg (1727-1756), le permitiera conciliar el sueño. Entonces Bach decidió escribir para su mecenas un conjunto de variaciones para clavecín sobre un tema principal, alternando pasajes rápidos con otros más lentos, en general alegres y que exaltaran el espíritu de tal forma que llevaran al oyente a un estado de relajación que le ayudara a conciliar el sueño.
El resultado de tanto esfuerzo fue un conjunto de un aria (el tema principal), seguido de treinta variaciones sobre ella y terminadas con una repetición final del mismo aria inicial, cerrando así el círculo. Una variación sobre un cierto tema consiste en tomar dicho tema y alterar de forma consistente bien el tempo, la altura de las notas, su disposición u orden, añadirle contrapuntos, cánones, etc, de tal forma que, estando todas ellas basadas sin ambages en el tema original, son al oído del ignorante tan diferentes entre sí que parecen completamente distintas.
Una vez que las variaciones estuvieron en poder del conde Keyserlingk, se las encomendó a su clavecinista de cabecera para su ejecución. A partir de ese momento, en las noches de insomnio el conde pedía a Goldberg que le tocara alguna de las variaciones y el conde por fin pudo dormir. Tal fue su agradecimiento que entregó a Bach, en pago por sus queridas Variaciones, la escandalosa cifra de cien luises de oro contenidos en una copa también de oro, el equivalente de unos 500 táleros, es decir, casi la misma suma que representaba para Bach un salario anual como maestro cantor de la Thomaskirche, que ya era un salario más que generoso… Y las variaciones fueron desde entonces conocidas como Variaciones Goldberg, en recuerdo del esforzado clavecinista del conde. Escuchen esta belleza de música y si les sirve para conciliar el sueño... ¡qué bien!
Dedico esta entrada a mi padre, que ayer llegó a sus 85 años de vida y de quien aprendí, desde pequeño, el gusto por la buena música junto con mi madre.
El Oratorio de Navidad, BWV 248 (en alemán, Weihnachtsoratorium), es una obra sacra del conocidísimo Johann Sebastian Bach compuesta para las fiestas de la Navidad de 1734, incorporando música de composiciones anteriores, entre ellas tres cantatas seculares escritas durante 1733 y 1734, además de una cantata para iglesia, hoy perdida (BWV 248a).
Este «Oratorio de Navidad» es un ejemplo especialmente sofisticado de parodia musical; esto es, una reelaboración seria de otros materiales elaborandos anteriormente. El autor del texto es desconocido. La obra pertenece a un grupo de tres oratorios compuestos hacia finales de la carrera de Bach, en 1734 y 1735, para fiestas importantes; los otros dos son el Oratorio de la Ascensión (BWV 11) y el Oratorio de Pascua (BWV 249). En todos ellos, interviene un tenor evangelista como narrador que reelabora composiciones anteriores. A pesar de estas consideraciones, el Oratorio de Navidad es la obra más compleja y extensa de las tres.
Las partes que la integran son: El Nacimiento - El aviso a los pastores - La adoración de los pastores - La circuncisión y el bautismo de Jesús - El viaje de los Reyes Magos - La adoración de los Reyes Magos y la huida a Egipto, que se presenta después del final de la sexta parte.
¡Vale la pena gozarla especialmente en estos días que envuelven la fiesta de la Navidad!
El clave (también llamado clavicémbalo, cémbalo, gravicémbalo, clavecín o clavicímbalo) es un instrumento musical con teclado y cuerdas pulsadas, como el arpa y la guitarra muy conocido y utilizado durante el Barroco. Es un instrumento que fue cayendo en el olvido, y la mayoría de las piezas escritas para él empezaron a ser interpretadas en el nuevo fortepiano, antepasado de nuestro piano moderno, ya que el clave no permitía cambios de volumen con sólo variar la intensidad de pulsación de las teclas. Se cree derivó del salterio griego (psalterion), aunque su invención se da durante el Renacimiento, a mediados del siglo XV y XVI.
Hace poco llamó mi atención —buscando música de Bach— un joven graduado del Conservatorio Nacional de Música y Danza de París, con un premio de clavecín y bajo continuo obtenido por unanimidad con honores y felicitaciones del jurado en el año de 2013:
Empecé a leer un poco más y vi que este joven, de nombre Jean Rondeau, nacido el 23 de de abril de de 1991 en París, recibió en el año 2012 el Premio al primer lugar en clavecín en el Festival de música antigua en Brujas y el segundo lugar a la mejor interpretación de una obra contemporánea en la Competencia Internacional clave de la primavera de Praga en 2013. Además, fue galardonado con el título de Solista Joven en 2014. Es miembro del ensamble barroco "Nevermind" (No importa), fundado con tres amigos también del Conservatorio Nacional de Música y Danza de París y fundador, en 2011, del cuarteto de jazz "Note Forget" (Nota olvidada) En 2015, fue coronado "solista instrumental Revelación del Año" para el "Victoires" de la música clásica.
El clave o clavecín, se encontraba, en el tiempo de Bach, en su época de esplendor ―hegemonía que mantendría hasta finales del siglo XVIII, cuando el pianoforte finalmente se impuso como instrumento de teclado―, por lo tanto fue de uso habitual en el excelso compositor. Un gran número de las piezas que Bach compuso para el teclado las pensó con éste, un instrumento de cuerda percutida que Bach tenía en alta estima porque le permitía acentuar y realzar libremente las voces en distintos planos. Por otra parte, muchas de sus obras, se puede afirmar que suenan más apropiadas con el clavecín por su mayor volumen sonoro.
Este Domingo les dejo a mis 14 seguidores las obras completas de Bach para Clave en las manos de Jean Rondeau:
Hace tiempo que no hablaba de Bach. Hoy quiero compartir «El Concierto para dos violines en re menor o Doble concierto para violín, BWV 1043», un concierto para dos violines, compuesto por Johann Sebastian Bach en Leipzig entre 1717 y 1723, cuando era maestro de capilla en la corte de Anhalt-Köthen.
Este Concierto de Bach se compuso así, para dos violines solistas, bajo continuo y cuerdas, y sigue el patrón concierto barroco típico de tres movimientos (rápido-lento-rápido). Esta disposición particular se ha simplificado, y se ha dispuesto para tres instrumentos. Es tal vez una de las piezas más reconocidas de Bach y considerada una de las obras maestras del Barroco, una obra grandiosa, donde Bach explora intrincadas líneas melódicas. El movimiento lento es muy lírico y conocido.
El Concierto consta de los siguientes movimientos: Vivace, Largo ma non tanto y Allegro. Es una obra se caracteriza por la relación entre los dos violines solistas, que es más notable en el movimiento largo ma non tanto. En este movimiento, la orquesta de cuerdas se limita a tocar acordes para dejar todo el protagonismo a los solistas. A menudo llamado "El doble Bach". Aunque se pensó originalmente que Bach compuso esta pieza durante el tiempo en que fue director de la música para el príncipe Leopold de Anhalt en Cöthen (entre 1717 y 1723), estudios recientes parecen indicar que Bach compuso este concierto durante su período de Leipzig. Así, la fecha exacta cuando este concierto fue compuesto es desconocida.
En 1739, en Leipzig, creó un arreglo para dos clavicémbalos, transpuesta a la tonalidad de do menor catalogada como BWV 1062. ¡Disfruten!
La mayor parte de las obras para flauta de Bach fueron realizadas probablemente entre 1715 y 1725. Bach era, en la corte de Köthen, el maestro de capilla y director de cámara del príncipe Leopold, gran amante de la música y músico él mismo. Allí encontró una orquesta bien formada, y se cree que fue para esta orquesta para quien habría compuesto una parte de su música de cámara.
La música de cámara para flauta de Bach es abundante: cuatro sonatas para flauta y clave obligado (BWV 1020, 1030, 1031, 1032), tres sonatas para flauta y bajo continuo (BWV 1033, 1034, 1035), una sonata para dos flautas y continuo (BWV 1039) y una partita para flauta sola (BWV 1013), a las que se puede añadir una sonata para flauta, voiolín y continuo (BWV 1038). La autenticidad de alguna de estas obras es puesta en entredicho hoy.
Si bien Bach ha utilizado la flauta de pico (en el 4º Concierto de Brandemburgo especialmente), mostró una evidente predilección por la flauta travesera, llamada “flauta alemana”, instrumento elegíaco y pastoril que alcanzó su verdadero apogeo en el siglo XVIII en Europa. A Bach le gustaba la flauta, y para convencerse de ello basta escuchar las admirables páginas que confió al instrumento en su música concertante y en su música sacra: El 5º Concierto de Brandemburgo, Suite en si menor para flauta y orquesta, sinfonías y arias de cantatas y de Pasiones, y el magnífico Qui tollis de la Misa en si menor, donde las florituras de las flautas hacen destacar, por contraste, la sonoridad recogida del coro.
Sin duda obra de madurez, compuesta hacia 1735 en la época de Leipzig, esta «Sonata en si menor para flauta y continuo BWV 1030» queda como una de las obras maestras de Bach.
Las partes de esta obra son:
1. Andante (a cuatro tiempos): fragmento de extraordinaria amplitud, escrito como un dúo concertante para flauta y clave. Sobre un bajo muy sólido, Bach pone en juego todos los recursos rítmicos de una escritura siempre en movimiento: tresillos, dosillos, notas repetidas, motivos en semicorcheas y en fusas se suceden en un trabajo contrapuntístico cada vez más estrecho, con ricas imitaciones canónicas y violentos cromatismos. Obra maestra exhuberante del arte barroca, este largo Andante permanece como una de las cimas del arte de la flauta.
2. Largo e dolce (en 6/8, en re mayor): aunque el clave no se limita jamás al simple papel de acompañamiento, este movimiento lento parece claramente destinado a la flauta. Es un episodio cálido y apasionado, lleno de pasajes técnicos delicados para el flautista que debe cubrir espectaculares espacios melódicos.
3. Presto (a dos tiempos): esta última página está construida en dos partes: se inicia como un Presto, corta fuga Alla breve, a tres voces, que culmina en una cadencia sobre la dominante y se encadena con un finale sobre el ritmo arrebatador de una giga en 12/16, en estricto diálogo canónico alrededor de un tema eternamente sincopado; el virtuosismo es deslumbrante.
Acabamos de celebrar la fiesta de la Patrona de América y las Filipinas, la Santísima Virgen de Guadalupe, Patrona Principal de la "Familia Inesiana", la familia religiosa a la que pertenezco como sacerdote Misionero de Cristo. Quiero por eso hacerle un regalo especial a ella, a la "Dulce Mrenita del Tepeyac" como la llamaba con tanto cariño la beata María Inés Teresa del Santísimo Sacramento. Lo hago con esta obra estupenda de Bach: «MAGNIFICAT EN RE MAYOR».
El «Magnificat», es un cántico y oración cuya inspiración proviene del evangelista San Lucas (Lucas 1 46-55) que reproduce –según la inspiración de Dios a este evangelista– la alabanza y agradecimiento que la Santísima Virgen María, le dirige a Dios en casa de Zacarías e Isabel, cuando se encaminó presurosa a las montañas de Judá.
Esta obra es similar a la cantata, que era interpretado antes de las misas en liturgias religiosas extraordinarias. Las cantatas y pasiones de Bach fueron escritas principalmente como música para las celebraciones de domingos y festivos determinados del año eclesiástico. Lo que las limitaba; a la festividad para la cual habían sido escritas.
Se cree que este «MAGNIFICAT EN RE MAYOR», se cantaba solo en tres ocasiones del año litúrgico: El día de Navidad, el domingo de Resurrección y la fiesta de Pentecostés; dentro de las Vísperas y durante el tiempo que Bach ocupó el puesto de cantor de la iglesia de Santo Tomás. Hay otras versiones del "Magnificat" que Bach compuso e interpretó en otras épocas del Año Litúrgico.
Este investigador ha calculado basándose en registros litúrgicos que se han conservado, que dejan ver que en vez de tres hubo un mínimo de dieciséis ocasiones durante el año eclesiástico en que se habría pedido a Bach que dirigiera una versión del «MAGNIFICAT EN RE MAYOR» en Vísperas. Por lo que se puede concluir que Bach tuvo acceso a un importante “repertorio de versiones” del magnificat de diversos compositores, los cuales estaban disponibles para ser utilizados durante el transcurso de todo el año eclesiástico.
Así pues, el «MAGNIFICAT EN RE MAYOR» es una de las grandes obras corales de Juan Sebastián Bach, publicada en 1733. Escrita para coro y orquesta y destinada para celebrar la fiesta de la visitación de la Virgen María, Evangelio que se lee en la Fiesta (Solemnidad en México y en las Casa de la Familia Inesiana) de Santa María de Guadalupe.
Como antecedente a esta obra Bach compuso el Magnificat en mi bemol mayor BWV 243 interpretado en las vísperas de navidad de 1723 en Liepzig y consta de 4 himnos relativos a la navidad; mas tarde reescribió la obra en la tonalidad de re mayor, prescindiendo de los himnos y añadiendo voces de trompetas. Esta, es la versión que conocemos y se estrenó en la iglesia de santo Tomás el 2 de julio de 1733.
El trabajo se divide en 12 movimientos que se pueden agrupar en tres secciones, cada una comenzando por un aria y completado por el coro. La obra dura aproximadamente 30 minutos y está compuesta para cinco solistas:
- Soprano I
- Soprano II
- Contralto
- Tenor
- Bajo
Un coro de cinco partes, 3 trompetas, timbales, flauta traversa, dos oboes, un oboe d’amore, dos violines, violas y bajo continuo.
A pesar de la sencillez que envuel (las obras corales de Bach son de una sencillez sobrecogedora), la profundidad del «MAGNIFICAT EN RE MAYOR» se evidencia en cada una de sus partes, cuyos equilibrios acertados son siempre bienvenidos. Como sabemos, Bach buscaba, en sus composiciones de escenas bíblicas, favorecer siempre el sentido integral del texto escriturístico. Su obra litúrgica es palabra cantada que se debe a la palabra bíblica. En esta gran composición, una vez más Bach nos introduce a un ámbito de especulación teológica desde la música. Ofrenda maravillosa, plena de esplendor, realizada por el mayor músico barroco.
Las partes de este Magnificat son:
1.- Coro – Magníficat
2.- Aria (soprano II) – Et spiritus meus exsultavit
3.- Aria(soprano I) – Quia respexit humilitatem
4.- Coro – Omnes generaciones
5.- Aria(bajo) – Quia fecit mihi magna
6.- Aria(contralto, tenor) – Et misericorde
7.- Coro –fecit potentiam
8.- Aria(tenor) – Potentes deposuit
9.- Aria(conralto) - Esurientes implevit bonus
10.- Aria(soprano I, soprano II, contralto) – Suscepit Israel
11.- Coro –Sicut locutus est
12.- Coro – Gloria patri.
La letra es ésta:
CORO
Magnificat anima mea Dominum,
ARIA (Contralto)
Et exultavit spiritus meus,
in Deo salutari meo.
ARIA (Soprano)
Quia respexit humilitatem ancillae suae,
ecce enim ex hoc beatam me dicent
omnes generationes.
ARIA (Bajo)
Quia fecit mihi magna qui potens est,
et sanctum nomen eius.
DÚO (Contralto, Tenor)
Et misericordia eius a progenie in progenies,
timentibus eum.
CORO
Fecit potentiam in brachio suo,
dispersit superbos mente cordis sui.
ARIA (Tenor)
Deposuit potentes de sede,
et exaltavit humiles.
ARIA (Contralto)
Esurientes implevit bonis,
et divites dimisit inanes.
CORO Y TRÍO (Sopranos, Contralto)
Suscepit Israel puerum suum,
recordatus misericordiae suae.
CORO
Sicut locutus est ad patres nostros,
Abraham et semini eius in saecula.
Gloria Patris et Filio
et Spiritui Sancto.
Sicut erat in principio et nunc et semper,
et in saecula saeculorum.
Amen.
Les dejo varias versiones para disfrutar:
La música de Johann Sebastian Bach (nació el 21 de marzo de 1685, el mismo año que Georg Friedrich Händel y Domenico Scarlatti y murió en 1750) habla siempre de un mundo que es armonía, de un mundo que se sumerge en Dios. La Misa en si menor, BWV 232 es una obra póstuma de Bach que aparece en el catálogo como «Gran Misa Católica» y es la pieza culminante del Barroco (El fin del Barroco en la música, se identifica en el mismo momento de la muerte de Bach).
Según los investigadores, buena parte de sus 25 piezas son «parodias» (en el sentido antiguo aplicado a este término, se refiere a un material original del propio autor reutilizado en una obra nueva).
La cronología de esta no está muy clara, pero ciertos estudiosos proponen el año 1724 para la terminación del «Sanctus» como obra independiente, 1733 para la composición de la «Misa» (que constaría del «Kyrie» y «Gloria») y hacia 1748 composición del «Symbolum Nicenum» (Credo); desde ese año continuó la ampliación de la obra con la escritura del «Sanctus», composición y escritura de los restantes movimientos desde «Hosanna» hasta el «Dona nobis pacem» y encuadernación conjunta de todas las partituras. En los últimos años de su vida, Bach amplió los movimientos que había escrito hasta completar la misa. De tal manera que hablamos de casi 25 años de composición.
En la lectura del testamento de Bach, el manuscrito original fue a parar a manos de C. P. Emanuel Bach y adquirido más tarde por Nägeli. La primera interpretación pública tuvo lugar entre 1834 y 1835 por la Berliner Singakademie dirigida por Rundhagen; el primer proyecto de edición data de 1816 por parte del editor Wesley.
No existe mucha claridad en torno al porqué Bach compuso esta pieza musical. Lo que sí queda absolutamente claro, es que esta pieza no fue un encargo, y por lo tanto, Bach no recibió retribución económica alguna. Es necesario tomar en cuenta que Bach compuso casi todas sus obras por obligación interna. De esta manera podemos inferir que Bach creó la Misa en Si menor como inspiración para sí mismo. Bach siempre compuso cada una de sus partituras a la mayor gloria de Dios. Hasta su música instrumental que carece de cualquier letra religiosa, la consideró una forma de alabar a Dios. Era un hombre profundísimamente religioso. Alabar al Creador con su música era lo que daba sentido a su trabajo. Eso siempre lo dejó muy claro en la intimidad a su familia, a sus hijos. Y parece que Dios le recompensó. La Misa en Si menor, está cargada de todos estos detalles y posee una perfecta armonía entre el texto y la música. Obra de abismal complejidad en el contrapunto y cargada de simbolismos y numerología.
Como dato interesante de esta obra es que el compositor nunca escuchó la ejecución de esta obra maestra. Nunca, mientras estuvo con vida, tuvo la oportunidad ni siquiera de ensayarla con algún ensamble (la Misa en Si menor se estrenó públicamente en 1835, ochenta y cinco años después de la muerte de Bach).
Y quizá, tampoco quiso hacerlo, recordemos que Bach no era católico, aunque muchas de sus obras son interpretadas en la Iglesia Católica, como la . Sólo la escuchó en su corazón y en su mente. Ahí, en la tranquilidad de su estudio, con su órgano y sus apuntes, tuvo el enorme privilegio de crear la más maravillosa pieza religiosa jamás compuesta y guardarla en sí mismo, para su propia satisfacción. Me gustaría pensar que la compuso para la generación venidera. Para el futuro. Para nosotros.
Al escuchar esta y otras obras de Bach, se nota que fue fiel al que le encargó su obra. Y para El compuso la mejor y más profunda música de la historia.
El lunes pasado murió en Bolonia, a los 80 años de edad Claudio Abbado, y digo así: «Claudio Abbado», porque a él no le gustaba que le llamaran maestro, a pesar de su magisterio musical, indiscutible y comprometido que ha servido de ejemplo a seguir para muchas generaciones de músicos en todo el mundo.
Abbado, un hombre tímido, luchador, un ciudadano comprometido y amante de las plantas, estuvo al frente durante años de la Filarmónica de Berlín y de los prestigiosos Teatros de La Scala de Milán o la Staatsoper, la Ópera Estatal de Viena.
Nació el 26 de junio de 1933 en Milán, en el seno de una familia de músicos e intelectuales, estudió composición y piano con Carlo María Giulini en el Conservatorio milanés Giuseppe Verdi y se formó en la dirección de orquesta con Carlo Zecchi y Hans Swaroski, en las Academias Chigiana de Siena y de Viena, respectivamente. Este hombre, apreciado por muchos gracias a su humildad y sencillez, además de su talento, a los 75 años logró vencer al cáncer por años y luchando con la enfermedad y sin perder su ánimo, recorrió el mundo entero. El Réquiem de Verdi que dirigió con la Filarmónica de Berlín en 2001, con visibles dificultades físicas sobre el podio, sonó a despedida. Pero venció al destino y le arrancó 13 años más a la vida. Luego, en su regreso definitivo, dedicado por completo a su pasión por los jóvenes, sonó la Segunda de Mahler: La resurrección. La suya.
El año 1958 marcó su debut, en un concierto en Trieste. En 1965 tuvo su primer gran éxito en el Festival de Salzburgo, al dirigir la Segunda Sinfonía de Mahler. Su amplio y variado catálogo discográfico se abrió en 1967 con un registro Decca de la Séptima Sinfonía de Beethoven, junto a la Orquesta Filarmónica de Viena.
Abbado fue director de La Scala de Milán (1968-1986), de la Orquesta Sinfónica de Londres (1979-1988), de la Ópera de Viena (1986-1991) y de la Filarmónica de Berlín (1989-2002), en la que relevó a Herbert von Karajan. Asiduo director invitado de la Orquesta Filarmónica de Viena desde 1971 y de la Orquesta Sinfónica de Chicago, desde 1982, el director italiano fundó la Joven Orquesta de la Comunidad Europea (1978), la Filarmónica de La Scala (1982) y la Joven Orquesta Internacional Gustav Mahler (1987).
Entre todas las causas fue un gran impulsor del festival de música contemporánea “Wien Modern” (1987), también fue director musical en Viena (1987-1991), director artístico del Festival de Pascua de Salzburgo (1994), asesor artístico de la Orquesta de Cámara de Europa e impulsor en Suiza de la Lucerne Festival Orchestra (2003).
En todos los casos, sus principales aportaciones fueron una renovación generacional de músicos, programaciones temáticas multidisciplinales y un nuevo repertorio musical, que incluyó obras de compositores contemporáneos como Luigi Nono o Karlheinz Stockhausen. Nombrado senador vitalicio de Italia el 30 de agosto de 2013, destinó su sueldo a la Escuela de Música de la pequeña localidad de Fiesole (centro), en un gesto más de los muchos que tuvo a lo largo de su vida para promocionar la música clásica, pues decidió renunciar al sueldo del cargo y donarlo a la Escuela de música de Fiesole, en la Toscana. Este ha sido parte de su gran legado: la cercanía a la juventud. Desde la renovación de los miembros de la Filarmónica de Berlín, su labor pedagógica, la tutela de estrellas comoGustavo Dudamel o la creación de magníficas orquestas como la Gustav Mahler Jugendorchester o la de Lucerna.
Claudio Abbado fue reconocido con galardones como la Medalla Mozart (1971), Premio Ehrenring de Viena (1973), la Medalla de Oro Nicolai de Viena (1986), y con títulos como el de Caballero de la Gran Croce italiana (1988) y de la Cruz de la Legión de Honor francesa (1989). Además estaba en posesión de la Medalla Mahler (1992), de la Gran Cruz del Mérito de la República Federal Alemana (1992), del Praemium Imperiale a las Artes de Japón (2003), la Medalla de Oro de la Royal Philharmonic Society londinense (2003), el Premio Yehudi Menuhin a la integración de las Artes y la Educación de La Escuela Superior de Música Reina Sofía, de la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid (2010) o el Premio Don Juan de Borbón de la Música (2011).
Ahora, uniéndome a muchos más que valoramos el talento que Dios le dió y la tarea tan valiosa que realizó, quiero rendir un pequeño homenaje. Su muerte cierra, definitivamente, una época en la historia de la música. Con Abbado se va uno de los directores de orquesta más extraordinarios e influyentes de todos los tiempos. Una leyenda de la batuta. La fe en la música fue alimento para su cuerpo maltrecho. Siempre decía que era su mejor medicina.
Como otras veces, el programa de su último concierto el 26 de agosto en Lucerna también fue el subtexto de su propia biografía. La «Incompleta de Schubert» y la «Novena de Bruckner», ambas sinfonías inacabadas al alcanzar la muerte a sus compositores. A él también, como a estos grandes, le sorprendió el final con decenas de proyectos. Estaba ilusionado con retomar la «Tercera de Schumann», que canceló el pasado verano y recuperaría en 2014. Y de completar la «Integral de Brahms» con la orquesta de Lucerna. Siempre sin la partitura. Tanto para la música, como para darle esquinazo a su propio destino.
Descanse en paz Claudio Abbado, un artista completo, un músico excepcional, una personalidad admirable.
Les invito a disfrutar un poco de que lo que Abbado dirigió:
"Adagietto", de la Sinfonía No 5 de Gustav Mahler (Para quienes quieren ver un video corto):
Sinfonía No 1 D major "Titan", de Mahler:
Los conciertos de Brandenburgo, de Bach:
El Concierto para Piano No.2 de Brahms:
El Concierto para Piano No. 4 en Sol mayor, de Beethoven:
En este enlace, de este mismo blog, lo pueden ver dirigiendo la Sinfonía 3 de Gustav Mahler:
El arte de la fuga (Die Kunst der Fuge), BWV 1080, es una obra musical compuesta por Johann Sebastian Bach probablemente entre 1738 y 1742. Fue publicada, inconclusa, en 1751 tras la muerte de su autor y es la obra que les invito a escuchar esta semana.
Compuesta con la idea de que fuese un conjunto de ejemplos de las técnicas del contrapunto, está formada por 14 fugas (la última fuga quedó incompleta) y cuatro cánones, todos sustentados en el mismo tema (o sujeto) en Re menor, aparentemente simple. Aunque está inacabada, se habla de uno de los grandes monumentos musicales. Fue publicada sin indicación alguna de instrumentación ni su orden, lo que ha dado lugar a numerosas versiones. Es una obra inmensa en cuanto a calidad y nobleza de ideas y es, además una música que sosiega el ánimo y habla de paraísos asequibles.
Se puede afirmar que Bach coronó su vida con el mensaje incompleto de esta importante obra didáctica, porque la obra sobrecoge a todo el que la escucha, aún sin conocer mucho de música, por su inmensa trascendencia. Fue escrita en el último año de la vida del cantor de Leipzig (1749‑1750). Poco antes había compuesto para Federico 11 su «Ofrenda Musical». No obstante, «El arte de la fuga» sobrepasa en belleza a la obra anterior.
Se acostumbra a decir que «El arte de la fuga» de Bach es una obra teórica. Muchos compositores, músicos y directores, al referirse a esta producción, recalcan su rigor matemático y su abstracción metafísica. Pero aclarado ya el horizonte lleno de brumas que desdibujaba y oscurecía la obra inmortal del autor de las «Pasiones», esta obra aparece clara, refulgente y centelleante de viveza y espiritualidad.
En esta obra la fuga aparece en sus más diversos y ricos aspectos, desde la sencilla, doble, triple, hasta la «erizada por un doble contrapunto, complicada con alteraciones rítmicas o melódicas». Algunos contemporáneos de Bach comentaban que la obra del gran compositor era demasiado elevada para este mundo. Y esta creación, ante la cual sólo podemos admirarnos y asombrarnos, está arquitecturada y descansa sobre un único tema en re menor, «bastante insignificante e inferente por sí mismo». Las variaciones que son todo fugas completas, son llamadas aquí contrapuntos. La penúltima fuga tiene tres temas; en el tercero el compositor revela su nombre por b a c h (Si bemol, La, Do, Si) . La homogeneidad del inacabado opus es tan grande que las fugas requieren una ejecución conjunta, Interpretadas aisladamente pierden algo de su peculiar grandeza, y tan solo brillan esplendorosas cuando suenan agrupadas.
Hay, como en el caso de otros compositores, una cosa curiosa, en Alemania no fueron vendidas de tal obra ni siquiera el número de copias suficiente como para pagar con ello las planchas de cobre necesarias, pues no se captó, al principio, la intención del autor de demostrar claramente en una obra, cuánto es posible hacer con un tema de fuga. Esta fuga sin embargo fué interrumpida por la enfermedad de la vista del autor y como la operación no dió resultado, no fué terminada.
La obra está organizada así:
Fugas: * 4 fugas simples (Contrapunctus I - IV) * 3 fugas con respuestas invertidas (Contrapunctus V - VII) * 4 fugas dobles / triples (Contrapunctus VII - XI) * 2 fugas espejo (Contrapunctus XII - XIII) * fuga cuádruple inconclusa (Contrapunctus XIV) El Contrapunctus XIV es una fuga a 3 temas, el tercero de los cuales está basado en el considerado tema BACH (las notas B-A-C-H están escritas en notación alemana, donde B es Sib, A es La, C es Do y H es Si)
Cánones: * canon per Augmentationem in contrario motu * canon alla Ottava * canon alla Duodécima in contrapunto alla Quinta * canon alla Decima in contrapunto alla Terza
«El arte de la Fuga» es considerada una de las obras maestras de la historia de la música, la composición más teórica de Bach y una compleja y magnífica demostración de su conocimiento contrapuntístico.
¡Disfrútenla!
Versión de Mario Ruffini:
Versión en órgano:
Una versión muy refinada:
Aquí la última parte de esta obra, orquestada por mi compositor favorito Gustav Mahler
Ya en otra ocasión he hablado del superestrella del violín David Garrett, señalado por el Libro Guinness de los Récords desde mayo de 2008 como el violinista más rápido del mundo. La prueba, para ver quien es el más veloz, consiste en tocar «El vuelo del abejorro» de Nikolái Rimski-Kórsakov lo más rápido posible, sin fallos y de manera que siga siendo reconocible la melodía. Consiguió este mismo récord en dos ocasiones. En la primera paró el tiempo en 66,56 segundos, unas trece notas por segundo. En la segunda ocasión, en diciembre de 2008 en la mismo Guinness World Records show, Garrett consiguió tocar la pieza en tan sólo 65,26 segundos. Hoy quiero hablar de su disco «Pure Classics» y por supuesto, invitar a mis cinco seguidores a escucharlo. Este disco lo grabó en el 2002 y está integrado de piezas selectas de Paganini, Mozart, Bach, Tchaikovsky, Beethoven y Conus. Se puede decir que les hablo de un disco de la etapa en que Garrett no era tan conocido, como lo es ahora que ha fusionado mucha de la música clásica con el rock, acercándola a la gente joven y haciendo ver a todos cómo la música clásica es base para toda música. Garrett dice: «Es fácil explicar la comparación de un hit del desparecido Michael Jackson con un concierto de violín de Wolfgang Amadeus Mozart: La base armónica de 'Smooth Criminal' se parece a una famosa marcha turca en la última parte del concierto de Mozart. Sólo que Mozart, naturalmente, no había previsto las guitarras eléctricas ni la batería.». En este disco Garrett nos ofrece temas de una pureza excepcional, algunos de los cuales en épocas recientes los ha combinado con el rock, al estilo de otros músicos como Vanessa Mae y Bond. Me parece destacada la forma en que interpreta a aPaganini en este disco. Se han hecho muchas versiones de las diferentes obras de este brillante compositor y violinista, pero el hecho de ser interpretada parte de esta obra maravillosamente al violín por este músico es de admirarse.
Del resto de los compositores mencionados, hay un poco de todo; maravillosas composiciones que suenan a la perfección interpretadas al violín por David Garrett.
En definitiva, se trata de un disco bastante bueno, merece la pena escucharlo, es redescubrir algunos temas que ya conocíamos, pero también oír temas menos escuchados —como el adagio del concierto para violín de Conus— magníficamente interpretados por el violín de David Garrett.
Y es que aunque en este disco David Garrett interprete estos temas de un modo clásico que parecería ser el común, consigue crear un ambiente único y mágico.
El contenido del disco es el siguiente: De Wolfgang Amadeus Mozart (1756 - 1791): Violin Concerto in D, KV271i con una cadenza de George Enescu (Allegro maestoso). Sonata for Piano and Violin in B flat, K.454 (Allegretto). De Johann Sebastian Bach (1685 - 1750): Partita for Violin Solo No.2 in D minor, BWV 1004 (Giga). De Ludwig van Beethoven (1770 - 1827): Sonata for Violin and Piano No.5 in F, Op.24 - "Spring" (Allegro ). De Niccolò Paganini (1782 - 1840): 24 Caprices for Violin, Op.1 De Jules Conus (1869 - 1942): Violin Concerto in e minor (Adagio). De Peter Ilyich Tchaikovsky (1840 - 1893): Violin Concerto in D, Op.35 (Allegro vivacissimo).
Por eso si tienen oportunidad de escuchar este disco, se los aconsejo, porque es una delicia disfrutar de la maestría de este virtuoso del violín interpretando piezas conocidas y otras no tanto. ¡Qué disfruten!
Acabo de escuchar un cd de la colección Inspiration que se llama "FAVORITE FILM MUSIC" y que más que nada me parece una verdadera «escuela» para que mucha gente aprenda y pruebe el gusto por la música clásica.
El disco contiene obras de Johann Sebastian Bach, Sir Edward Elgar, Gustav Holst, Wolfgang Amadeus Mozart, Giovanni Pergolesi, Giacomo Puccini, Franz Schubert, Francisco Tarrega, Peter Ilyich Tchaikovsky que han aparecido en películas como Un milagro para Lorenzo, El silencio de los inocentes, Billy Elliot, Ace Ventura, Entre copas, Memorias de África, Amadeus, El club de la suerte y la alegría, Elizabeth y otras más.
El cine y la música clásica muchísimas veces se unen, en ocasiones han dado pie a excelentes ambientaciones de películas o han creado conjuntamente escenas míticas y han hecho que mucha gente llegue a conocer las obras de los grandes compositores gracias a una película, cuyo momento, musicalizado por uno de los «grandes» ha quedado grabado en su corazón.
Este disco nos presenta dieciocho obras clásicas de bandas sonoras que seguro se han quedado en la pupila y en el tímpano de quien ha disfrutado de las mismas. Quien haya visto Memorias de Africa, recordará el bello Concierto para oboe y orquesta de W.A. Mozart. Cómo olvidar el Nessun dorma de la ópera Turandot, obra de Puccini, en Las brujas de Eastwick, la música de Tarrega en la película Entre copas, o El lago de los cisnes de Tchaikovsky en Billi Elliot.
Desde los primeros comienzos del cine, la música ha sido un elemento fundamental como potenciador de la imagen. La música clásica en la pantalla grande, ha ayudado mucho para que se expresen sentimientos, circunstancias, pensamientos e ideas que conmueven la sensibilidad del individuo y producen una transformación psicológica en el cinéfilo metiéndolo en la escena.
Este disco, contiene casi todo género de música clásica, podemos ir al Ballet, al periodo Barroco, a las piezas de carácter fuerte, al periodo clásico propiamente dicho, a la Ópera buffa, al Concierto, a la Ópera, a los Motetes, a una Sinfonía y detenernos en en Adagio, podemos escuchar algo del periodo romántico o un quinteto de cuerdas, podemos escuchar Temas y Variaciones y más, lo cual, como afirme desde el inicio del comentario, hace de esto una escuela de música, ofreciendo al oyente una especie de curso rápido de apreciación musical. Hay innumerables ejemplos de uso de música clásica en los que la pieza está tan bien elegida y refuerza tanto lo que se proyecta en la pantalla que parecería imposible crear una obra que pueda cumplir mejor esas funciones. Estoy pensando en Breve encuentro y el Concierto Nº 2 de Rachmaninov, o en los dos Strauss (Richard y Johann hijo) en 2001 Odisea del espacio. ¿Seríal igual muchas de estas películas sin esa música clásica? Seguro que no.
En este cd tenemos directores de la talla de Adrian Boult, Colin Davis, Norman Del Mar, Herbert Von Karajan, Alain Lombard, Riccardo Muti, Paul Daniel, Andre Previn, Sir Simon Rattle, Sir Neville Marriner y Hans Vonk. Podemos escuchara solistas como Barry Tuckwell con el crono francés, Robin Blaze y Robert Cohen en el Cello, Fritz Helmis y James Galway con sus flautas, el tenor José Carreras y la soprano Lesley Garrett. Aquí deleitamos nuestro oído escuchando al piano a Radu Lupu y Christopher Parkening, y a Sabine Meyer en el clarinete.
En esta ocasión remito a otra página para ver el elenco del cd y poderlo disfrutar, y coloco algunas de las obras en videos que no son de las películas.
Bach escribió un total de seis suites para violoncello solo, todas ellas hechizantes, y ya he hablado de ellas en otra ocasión. Tal vez la primera es la más reconocible y escuchada, pero cualquiera de las otras cinco merece la pena escucharse. La forma suite se caracteriza por reunir varios movimientos, cuyo origen son diversas danzas barrocas de ritmo contrastante. Entre estas danzas, una suite siempre debe contener: una Allemande (lenta), una Courante (francesa, rápida), una Sarabanda (española, pausada) y una Giga (inglesa, rápida y viva). Las suites de Bach añaden además un Preludio para introducir cada suite y una danza adicional entre la Sarabanda y la Giga que puede ser: un Minueto (para las suites 1 y 2), un Bourrée (como sucede en las suites 3 y4), o una Gavota (en las suites 5 y 6). Cada suite consta por tanto de 6 danzas diferenciadas por su estructura y sus características rítmicas y no se conoce la fecha exacta de la composición de las Seis Suites para Violonchelo solo. De hecho, no existe un manuscrito autógrafo de estas piezas, sino varias copias debidas a Anna Magdalena, la segunda esposa de Johann Sebastian, y otros contemporáneos. La primera edición impresa de estas Suites es de 1825, en la casa Probst de Viena, bajo el título de Seis sonatas o estudios para violonchelo solo
Sé que no tengo que hablar más del del genio inmortal de Johann Sebastian Bach, del que ya he recomendado otras obras, y que sin duda es el artista más importante del período barroco. Bach es para mí puro ritmo y equilibrio en formas musicales que se entrelazan entre sí y parecen no tener fin. Aunque Bach no fue el primero en escribir para violonchelo solo, ya que se sabe que los primeros intentos de independencia del violonchelo se encuentran en Italia en obras de Domenico Gabrielli (1659-1690) y de Giovanni Battista Degli Antoni (nacido hacia 1660), es Bach quien inventa realmente un estilo propio para el violonchelo que desplazaría al de la viola da gamba y en estas suits podemos decir que este excepcional compositor «se luce».
Vuelvo a hablar de estas obras porque escuché en estos días la versión que más ha llegado a mis oídos y que es la interpretada por el violonchelista estadounidense Yo Yo Ma (1955), de quien también ya he hablado en este blog y que actualmente cuenta con un violoncelo fabricado en 1712 por el famoso Antonio Stradivarius (1644-1737), que perteneció a la también famosa Jacqueline du Pré (1945-1987) artista tristemente desaparecida luego de una penosa enfermedad que la atacó en plena juventud y también conserva su primer violonchelo famoso (conocido como “Domenico Montagnana” y llamado cariñosamente “Petunia” por al artista). Este instrumento, fabricado por Montagnana (1686-1750) en Venecia en 1733, tiene su historia, se le olvidó en Manhattan, al bajar de un taxi, y afortunadamente para Ma, lo pudo recuperar tiempo después, totalmente intacto.
Estas suites, en la versión de Yo Yo Ma quieren ser, de alguna manera, mi regalo de día de Reyes, hoy que celebramos la Epifanía del Señor.
Yo-Yo Ma ha interpretado las Suites en muchas ocasiones y las ha grabado varias veces.
Acceder a la música clásica puede ser algo difícil para quienes apenas se van iniciando en el gusto y conocimiento de la misma. Hay demasiadas obras, muchos compositores, no toda la música clásica es fácil de escuchar, hay multitud de temas, de estilos, de intérpretes, y uno puede sentir hasta vergüenza de entrar en la sección de clásica de las tiendas de discos si no es capaz de citar al menos 5 obras de Mozart de corrido.
Muchos, cuando ven mi gusto por la música clásica, me dicen que no tienen oído para la música, que desde pequeños nunca aprendieron a apreciar este tipo de música, que se aburren, que no saben por dónde empezar a escuchar y un sin fin de pretextos. Pero esto no tiene por qué ser un obstáculo para quien va aprendiendo. La música clásica es clásica por algo: porque es maravillosa. y perdura siempre.
El disco que recomiendo para esta semana " Classical Guitar" es un buen recuerdo que guardo de Tina Urquiza Fernández, quien hace algunos años lo hizo llegar a este incipiente melómano y amante de la lectura. Es un álbum canadiense de guitarra clásica del Boccherini Guitar Quartet, que nos brinda música para relajarse y desocuparse un rato, o tal vez para serenarse y acompañar el arduo trabajo (principalmente después de un día duro de trabajo o ejercicio), escuchando hermosa música de grandes compositores clásicos en guitarra con obras fáciles de reconocer y más o menos fáciles de escuchar.
La guitarra es un instrumento que no forma parte en la plantilla permanente se una orquesta sinfónica y ciertamente no hay muchas obras para guitarra, por dos razones fuertes. La primera es porque la orquesta sinfónica actual —salvo la adición de unos cuantos instrumentos— es la misma desde hace siglos, cuando las guitarras no estaban totalmente desarrolladas y por eso no eran consideradas como parte del ensamble orquestal debido a su incipiente carrera musical. Segundo, la guitarra es lo que algunos llaman, un instrumento «íntimo», ya que no tiene mucho volumen ni proyección sonora como otros instrumentos, digamos el violín, por ejemplo, que si es bien tocado, puede sobresalir aún tocando la orquesta completa.Sin embargo la aparición de la guitarra como parte de la orquesta sí se produce, aunque sea poco habitual. Tenemos el caso de la 7ª Sinfonía de Gustav Mahler y algunas obras de cámara de Arnold Schoenberg. Entre las grandes obras para guitarra acompañadas por orquesta se encuentran "Recuerdos de Alhambra" de Francisco Tárrega y el famoso "Concierto de Aranjuez" de Joaquín Rodrigo, del que ya hemos hablado anteriormente.
Esta vez escucharemos música que no propiamente fue creada para guitarra, pero que suena estupenda y que puede ayudar a «enamorarse» de la música clásica acercándose a ella a través de un instrumento que para nosotros es bastante conocido y noble.
Entre las piezas de este álbum se encuentran obras muy conocidas y que deleitan el oído. Les dejo cinco piezas extraídas de este álbum ¡Disfruten la guitarra!
Todos sabemos que J.S.Bach además de tocar excelentemente el órgano y componer obras para el mismo, se dedicó también a la composición de música instrumental de cámara. Entre las importantísimas obras compuestas durante este período destacan: los 6 Conciertos de Brandemburgo, los veinticuatro primeros preludios y fugas del Clave bien temperado, las 6 Suites inglesas y las 6 Suites francesas para clave, las 3 Sonatas y 3 Partitas para violín solo, y las 6 Suites para violonchelo solo. Es precisamente en estas últimas en las que les invito a detenrse en esta semana.
Sabemos que Bach no fue el primero en escribir para violonchelo solo, los primeros intentos de independencia del violonchelo se encuentran en Italia en obras de Domenico Gabrielli (1659-1690) y de Giovanni Battista Degli Antoni (nacido hacia 1660). Pero podemos decir que Bach inventó realmente un estilo propio para el violonchelo que desplazaría al de la viola da gamba.
No se conoce la fecha exacta de la composición de las seis Suites para violonchelo solo. No existe manuscrito autógrafo de estas piezas, sino varias copias debidas a Anna Magdalena, segunda esposa de Johann Sebastian, a Johann Peter Kellner, organista y amigo de Bach, y a Westphall. La primera edición impresa de estas Suites es de 1825, en la casa Probst de Viena, bajo el título de Seis sonatas o estudios para violonchelo solo. El término de «estudios», ya aplicado a las sonatas y partitas para violín solo en sus primeras ediciones, es utilizado por fines tanto comerciales como pedagógicos.
De entre estas composiciones hay que destacar que la Suite nº 5 (BWV.1011), que existe en versión de laúd transcrita por el propio Bach (BWV.995), está destinada a un violonchelo ''scordato". El Scordato es una forma diferente de la habitual de afinar las cuerdas del violonchelo. En el caso de esta Suite, la primera cuerda (la) está afinada un tono por debajo de lo normal (sol).
La Suite nº 6 (BWV.1012) fue escrita para un instrumento de cinco cuerdas que durante mucho tiempo fue descrito como si fuera la "viola pomposa", y cuya invención se atribuía sin razón a Bach. Más aguda que las otras cinco suites, sin duda ésta fue pensada para un violonchelo piccolo de cinco cuerdas (de aguda a grave: Mi, La, Re, Sol, Do). Esta suite es la más difícil de tocar en un violonchelo normal.
Las Suites para violonchelo solo, responden todas a la forma de la suite de danzas, introducida por un preludio. El parecido de su estructura con la de las Suites inglesas para clave hace suponer que estas dos series de suites son de la misma época. Como los preludios de las Suites inglesas, los preludios de las suites para violonchelo son todos completamente diferentes entre si, tanto por su estilo como por su forma. Las danzas son generalmente piezas alegres y las sarabandes conservan siempre su carácter intensamente expresivo.
Es maravilloso percibir que Bach utilizó todos los registros del violonchelo habituales en su época. El uso de dobles cuerdas era poco frecuente; pero Bach consiguió dar la impresión de contrapunto en un instrumento de arco sin bajo continuo. Alberto Basso describe la escritura de Bach como la "apología del momento «lineal» del contrapunto, la exaltación de una concepción particular de la polifonía".
Les propongo ver y escuchar las seis suites interpretadas por el virtuoso ruso Misha Maisky para darse cuenta de la cantidad de energía física que estas obras demandan, cosa que es algo inusual. Aquí tienen ustedes más de dos horas y media dedicadas a estas monumentales construcciones musicales en las que podrán ver y oír a la vez disfrutar y apreciar el despliegue físico de Maisky, especialmente ilustrativas para quienes gustan del «chelo».
Una de las más populares obras del genio inmortal Johann Sebastian Bach, es sin duda la que hace el conjunto de los célebres Conciertos de Brandemburgo (BWV 1046-1051), seis conciertos que Johann Sebastian Bach presentó en 1721 a Christian Ludwig, Margrave de Brandeburgo y que se caracterizan porque los instrumentos solistas son diferentes en cada concierto.
Las obras fueron compuestas mientras Bach se encontraba trabajando como maestro de capilla (Kapellmeister) en la corte del príncipe Leopold de Anhalt-Cöthen. Durante este periodo y debido a que el príncipe era de la fe calvinista, donde la música no tenía un rol de gran importancia, al compositor no se le exigía componer música para la iglesia y su producción durante sus años en Cöthen se centró principalmente en obras instrumentales.
Bach conoció al magrave de Brandenburgo en 1718 mientras se encontraba comprando un nuevo clavecín en Berlín. Christian Ludwig era conocido por su afición a coleccionar conciertos de reconocidos músicos y luego de escuchar tocar a Bach comentó que le gustaría contar con una serie de conciertos para su biblioteca. Dos años después recibió una partitura autografiada de “Concerts avec plusieurs instruments” (conciertos para diversos instrumentos). La dedicatoria dice: “Hace dos años tuve la buena fortuna de tocar ante Vuestra Alteza Real por Vuestra Orden, y percibí en ese momento que Vuestra Alteza demostraba cierto placer ante el pequeño talento musical que el cielo me ha concedido. Cuando me despedí, Vuestra Alteza Real me hizo el gran honor de pedirme que le enviara algunas piezas de mi propia composición: por lo tanto, y de acuerdo con el gracioso pedido de Vuestra Alteza, me he tomado la libertad de cumplir con mi muy humilde deber ante Vuestra Alteza Real con estos conciertos, que he orquestado para varios instrumentos”.
La historia de estos conciertos es muy interesante, ya que debido a que Frederick William I de Prusia no era particularmente aficionado a las artes, Christian Ludwig al parecer no contaba con los suficientes músicos en su conjunto instrumental en Berlín para interpretar los conciertos. Las partituras fueron abandonadas en la biblioteca del margrave hasta su muerte en 1734, cuando fueron vendidas en 24 groschen. El manuscrito autografiado de los conciertos fue redescubierto en los archivos de Brandenburgo por Siegfried Wilhelm Dehn en 1849; los conciertos fueron finalmente publicados al año siguiente.
Los Conciertos de Brandenburgo son típicos de su época, en ellos Bach emplea una variada combinación de instrumentos dentro del estilo de concerto grosso que desarrollo a partir de la influencia de los concerti grossi de Vivaldi.
Basándose en el texto bíblico de el Evangelio según San Mateo, Johann Sebastian Bach estrenó esta obra el Viernes Santo de 1729 en la iglesia de Santo Tomás en Leipzig. Esta gran obra musical religiosa expresa el espíritu cristiano del gran cantor de la iglesia de Santo Tomás e infunde en nuestros espíritus la meditación sobre la pasión de nuestro Señor Jesucristo ya tan próxima a celebrar en Semana Santa. Dotada de todas las características del oratorio, la obra relata la pasión del Señor Jesucristo con los personajes de San Pedro, Judas y el mismo Jesucristo, como figuras que exponen sus propias situaciones en la obra musical.
La obra cuenta con recitativos, coros, corales, y arias que son interpretadas por los solistas. El cuerpo de solistas esta integrado por una soprano, dos tenores, una contralto, un barítono y dos bajos algunos de estos asumiendo los personajes del evangelio de Mateo, la orquesta cuenta con oboes, flautas, cuerdas y bajo continuo. Creo que, con más de tres horas de duración, se puede ir escuchando la obra por partes en esta semana previa a la Semana Mayor. Cabe destacar que esta obra es la mas extensa en duración de Bach y que en su estreno no fue muy bien estimada, pasando al olvido para luego en el siglo XIX ser recuperada por el compositor Felix Mendelssohn.
La Pasión según Mateo consta de dos grandes partes conformadas por 68 números. El texto del evangelio de San Mateo, capítulos 26 y 27, es cantado literalmente por un evangelista y las personas de la trama (Cristo, Judas, Pedro, etc.) por los demás solistas. Alrededor del texto bíblico se agrupan coros, corales, recitativos y arias con la intención de interpretar el texto.
Propongo para la audición, la versión muy cuidada de Sir David Willcocks, dirigiendo a The Bach Choir y la Thames Chamber Orchestra con solistas vocales de primer orden, que, aunque no está en el idioma original, ya que por supuesto fue escrita en alemán, sí vale la pena escucharla en inglés, que me parece muchos más accesible para más gente, aunque se puede escuchar una versión en alemán como la dirigida por Karl Richter, que es una joya y que tal vez sea mucho más fácil de conseguir.
En fin, esta semana hablamos de una obra monumental, una de las creaciones de la música coral mas portentosas de todos los tiempos. La introducción “Kommt, ihr Tochter” es arrolladora con un triple coro y la orquesta entonando una melodía dolorosa. El aria mas bella y famosa de esta obra es la Nº47 “Erbarme dich, mein Gott”(Ten compasión, mi Señor) . Para muchos la mejor obra de todos los tiempos. Esta versión, interpetada en inglés, como dije y utilizando instrumentos modernos habla de la grandeza de Sir David Willcocks, el decano de los directores corales ingleses, que lleva toda la fuerza del coro Bach, el coro de San Pablo de la Catedral y la orquesta de cámara de Támesis junto con seis solistas británicos a un rendimiento asombrosamente dramático, profundamente humano y espiritualmente intenso. Flautas modernas y actualizadas, cuernos ingleses y coros en tonos cálidos con un lenguaje que se puede comprender fácilmente por lo claro de la pronunciación de los ingleses, hace que se disfrute enormemente esta grabación aunque no sea en su idioma original. El sonido es transparente y translúcido para descubrir el amor de Cristo, que dio su vida por nosotros.
Si a alguien le interesa, en un comentario puede solicitar que le envíe el libreto que tengo en alemán, inglés y español, con algunas notas explicativas de esta joya o puede solicitarla a alfredoleonel@gmail.com y con gusto se lo envío. Varias páginas de internet ofrecen la oportunidad de escuchar o bajar algunas de sus partes.