La Sinfonía n.º 94 Hob. I: 94 en sol mayor, llamada «La sorpresa» de Joseph Haydn (Rohrau, cerca de Viena; 31 de marzo de 1732 - Viena; 31 de mayo de 1809), fue compuesta alrededor de 1791 y es una de sus obras más conocidas.
Esta composición debe su nombre, y gran parte de su fama, a su segundo movimiento, un magistral tema con variaciones, debido a que en el mismo, tras un comienzo piano, se escucha un súbito acorde fortissimo.
La obra fue estrenada en el Hanover Square Rooms de Londres el 23 de marzo de 1792 con un impresionante éxito de parte del público y de la crítica. El citado movimiento fue el que generó más entusiasmo.
En total consta de cuatro movimientos: 1. Adagio - Vivace assai, 2. Andante, 3. Minueto: Allegro molto y 4. Final: Allegro molto.
El tema de esta pieza no podía ser más simple. A medida que la melodía, dulce e ingenua, se va desarrollando, se hace cada vez más suave y tranquila, hasta casi diluirse en el silencio. Justo cuando el auditor atento aguza el oído pues la melodía se le escapa, la orquesta en pleno ataca un acorde fortissimo. Luego, la música retoma su candor original, como si nada hubiera pasado.
El abrupto cambio dinámico no está marcado en el manuscrito original, y abundan las teorías acerca de las razones que tuvo el maestro para incluirlo posteriormente. Algunos conocedores dicen que Haydn habría querido hacer saltar a las damas de sus asientos, por pura diversión. Otras, que deseaba abiertamente despertar a los «adultos mayores» que, luego de una opípara cena y unas cuantas copas de más, abundaban entre el público, entregándose al sueño tan pronto comenzaba la música.
La Sinfonía n.º 100 en sol mayor, Hoboken I/100, es la octava de la serie de doce sinfonías tituladas Sinfonías de Londres, que comprende de los números 93 hasta el 104 —que ya comenté aquí en el blog—)compuesta por Joseph Haydn (1732-1809). Se completó en 1793 o 1794 como parte de la serie de sinfonías compuestas en su primer viaje a Londres. Se conoce popularmente como la «Sinfonía Militar». Ese subtítulo de «Militar», deriva del segundo movimiento, que presenta remarcables fanfarrias para trompetas en do y efectos de percusión.
Si hay una ciudad donde el prolífico Haydn haya tenido una aceptación más que positiva y fructífera, ha sido, sin duda alguna Londres. La capital inglesa conoció la música de este compositor desde 1765 a través de sus cuartetos de cuerda. Pero en 1790, cuando realizó su primer viaje a la ciudad para dar a conocer sus sinfonías obtuvo un éxito sin precedentes en toda su carrera, lo que hizo inevitable una segunda visita que alargaría de febrero de 1794 a julio de 1795. Durante estas dos estancias, influido por todos los honores y fama de su estancia en Londres crea el ciclo de sinfonías «Londres», con un total de 12 sinfonías, que pueden considerarse la culminación de su composición orquestal.
La «Sinfonía Militar» fue compuesta durante su segunda estancia londinense, a lo largo de 1794. Esta fue la pieza orquestal más famosa de Haydn durante aquellos años debido a ese excepcional segundo movimiento que le da el nombre. Para crearlo, el compositor recicló música de un movimiento de una obra precedente: el Concierto para dos liras organizzate Hob VIIh/3 (1786), que escribió para Fernando IV, rey de Nápoles. En cuya sección central, dentro de una forma lied (A-B-A), Haydn introduce un set de percusión —denominada «turca» en aquella época— compuesta por platillos, triángulo y bombo, además de conferir gran importancia a la sección de metales. Esta sonoridad fue tomada por el público desde un sentido militarizado, como un canto en contra de la Francia revolucionaria, con la que Reino Unido estaba en guerra en aquel entonces.
La construcción formal de esta obra se ciñe al estándar de la sinfonías en cuatro movimientos desarrollado por Haydn. Sin embargo, no nos deja de sorprender a lo largo de ella. El primer movimiento es introducido por un Adagio pesante en un registro grave, que le confiere una oscuridad que contrasta con la exposición del tema del Allegro posterior, por flautas y oboes, con un registro brillante para cada uno de ellos. Con este recurso Haydn nos lleva a través de un movimiento convencional de forma sonata, pero lleno de novedades auditivas. El segundo movimiento sorprende por no ser el lento, sino un Allegretto, que influye en que el Minuet del tercero sea ralentizado. El Finale, con una forma Rondó-Sonata, es tan rico y sorprendente como el Allegretto, ya que introduce todas las novedades de éste, pero, además, nos enfrenta a contrastes bruscos de densidad, dinámica y tímbrica que crean una gran novedad dentro del estilo de la época. Con esta sinfonía, Haydn nos regala una música elegante llena de una inventiva tímbrica, melódica, armónica y formal, que muestra la creatividad y técnica propias de un genio de la música que, hoy en día, sigue siendo un referente en la búsqueda de soluciones formales y tímbricas dentro de la música orquestal. ¡Gocen escuchándola!
Hoy de manera especial quiero dedicar esta entrada a la memoria de mi querido padrino de Ordenación Diaconal (junto con Mons. Margarito Salazar) el padre Alejandro Ostos. Amigo de muchos años, un hombre muy culto, un gran filósofo y amante del arte del que mucho aprendí y con el que compartí el gusto por la música y los libros en mis años de seminario, un sacerdote del que mucho aprendí... un hombre de Dios que ha terminado su camino aquí en la tierra con muchos años de calvario en sus últimos tiempos en la tierra. Descanse en paz mi padrino el padre Alejandro Ostos.
Entre 1791 y 1795, en Londres, Franz Joseph Haydn (1732-1809) escuchó diversos oratorios de Händel, entre los cuales le llamaron la atención sobremanera «El Mesías» e «Israel en Egipto». Ipresionado por estas obras, Haydn decidió realizar algo semejante. Había escrito ya centenares de sinfonías, conciertos y música de cámara y se encontraba en lo que sería la última etapa de su vida cuando surgió una imperiosa necesidad en su corazón de crear una obra así, tal vez, como dicen algunos estudiosos, como una expresión de gratitud a Dios que es quien le había dado ese genio musical excepcional.
Con ayuda del Barón Gottfried van Swieten, un hombre de nobleza de Viena y echando mano de un libreto inglés inspirado en la Biblia e inicialmente destinado al mismo Händel, traducido y adaptado, Haydn compuso la obra que se convirtió en la primera gran obra de la historia de la Música que se compuso pensando en la posteridad. Haydn decía, al estarla componiendo, que se dedicaba plena y totalmente a «La Creación» porque deseaba que perdurara a través del tiempo. Trabajó sin pausa durante dos años seguidos. La primera audición privada la llevó a cabo el 30 de abril en el Palacio del Príncipe Schwarzenberg, y le siguieron varias más hasta que la primera ejecución pública dirigida por Haydn tuvo lugar el 19 de marzo de 1799 en el Burgtheater con un éxito nunca visto.
La obra trata sucesivamente de la creación de los elementos, de los seres vivos, del hombre y de la felicidad inicial, el paraíso. Los tres solistas personifican a los arcángeles Gabriel (soprano), Uriel (tenor) y Rafael (bajo), y en la tercera parte Adán (bajo) y Eva (soprano). La estructura recuerda a la de los antiguos oratorios, particularmente la de las Pasiones: a la narración bíblica le siguen arias o conjuntos que prolongan o amplifican su contenido con páginas más líricas; frecuentemente una secuencia (y en todos los casos cada una de las partes) se termina por un gran coro.
«La Creación», como buena composición de su tiempo, estuvo imbuida más del espíritu de la Ilustración y de las ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad, que del puritanismo de «El paraíso perdido» (Paradise Lost en idioma inglés) poema narrativo de John Milton (1608-1674) que también influyó de alguna manera en la composición de esta obra. La grandeza musical de «La Creación» descansa sobre tres pilares: la majestad de sus coros, deudores de los coros ingleses de Handel; la precisión de sus lienzos descriptivos; y la maestría de la orquestación, que Haydn había llevado a su perfección en las sinfonías Londres.
¡Gocen y deleiten sus oídos escuchando esta primorosa música!
Hoy traigo para mis entusiastas 10 seguidores, la «Sinfonía n.º 104 en re mayor, Hoboken I/104», la última sinfonía escrita por el compositor austríaco Joseph Haydn. Se trata de la última de las doce Sinfonías de Londres mejor conocida —en cierto modo arbitrariamente, dada la existencia de las otras once— como la «SINFONÍA LONDRES». Fue compuesta por encargo para su segunda gira a Londres, y estrenada bajo su dirección el 4 de mayo de 1795.
Haydn hacia fines del siglo XVIII era ya un compositor muy famoso en toda Europa y fue, de nueva cuenta, invitado a Londres a fines de 1793 por el violinista y empresario inglés Johann Peter Salomon.El público londinense estaba siempre ansioso de escuchar la música de una figura de renombre mundial. En los primeros meses de 1794 dirigió un concierto en presencia de Jorge III de Gran Bretaña, antes de regresar a Viena donde radicaba en agosto de 1795. A esta segunda estancia se remontan la composición del último grupo de sinfonías, llamadas desde entonces "Sinfonías de Londres".
En el frontispicio del manuscrito autógrafo dice: "la duodécima que he compuesto en Inglaterra". Estas sinfonías fueron compuestas para los Opera Concerts, que tenían lugar en el King's Theatre bajo la dirección del célebre violinista y compositor italiano Giovanni Battista Viotti. Sin embargo, fue el propio Haydn quien dirigió el estreno de esta obra.
Es la última de sus sinfonías, ya que sorprendentemente, al regresar a Viena, abandonó esta tendencia y consagró el resto de su vida a la música de cámara y coral. Su obra ya había calado hondo en el difunto Mozart y en su joven alumno Beethoven (entre otros muchos).
El tema principal de la obra proviene de unamelodía popular originaria de Croacia que es manipulada por el compositor en complejos desarrollos que resultan en un brillantísimo final para esta que sería, como digo, la última sinfonía de Haydn.
La «SINFONÍA LONDRES» arranca con una serie de solemnes y dramáticos acordes que captan la atención al instante. Siguen unos delicados fraseos que enlazan con una nueva interpretación de ésos mismos acordes iniciales pero sin percusiones. Da alguna vuelta más al mismo tema y repite luego la estructura citada anteriormente, finalizando el adagio para dar comienzo, con la acostumbrada energía de Haydn, al allegro del primer movimiento. Un movimiento cargado de entusiasmo y colorido que sintetiza todo lo que hace irresistible la música del austriaco. Esas sensaciones de vitalidad y optimismo se prolongan (incluso exageradamente) hasta el final de la pieza, la más larga de la sinfonía. El segundo movimiento es un andante. Presenta la forma de un lied dividido en tres partes, siendo más apacibles la primera y la última y más enérgica la central. El tema principal es sencillo, aunque Haydn sabe dotarle de hondura a lo largo del movimiento usando magistralmente melodía y armonía. El tercer movimiento es el minueto. El más corto y academicista de los cuatro. Sólo el protagonismo de los instrumentos de viento de madera rompe un esquema rígido, escrito con escrupulosidad por Haydn. Para el Finale el compositor escoge la forma de sonata y aprovecha para introducir la música folclórica en la partitura. ¡Es una Sinfonía que no se arrepentirán de escucharla!
Aquí la Sinfonía completa con la Orquestra de Câmara Carioca dirigida por Vilane Trindade :
Otra versión, con la Orquesta Vigo 430, dirigida por Alejandro Garrido
El Concierto para violonchelo y orquesta n.º 1 en do mayor, Hob. VII B1, fue compuesto por Joseph Haydn entre 1761 y 1765 para Joseph Weigl, destacado chelista de la orquesta de Esterházy que dirigía Haydn. Este concierto se creía perdido hasta una fecha tan reciente como 1961 —el año en que nací—, cuando apareció en el Museo Nacional de Praga, entre diversos documentos pertenecientes al Castillo Radenin.
Franz Joseph Haydn nació en Rohrau, cerca de Viena, Austria, el 31 de marzo de 1732 y murió en Viena, el 31 de mayo de 1809. Es uno de los máximos representantes del periodo clásico, además de ser reconocido como el «padre de la sinfonía» y el «Padre del cuarteto de cuerda» gracias a sus importantes contribuciones a ambos géneros.
Franz vivió durante toda su vida en Austria y desarrolló gran parte de su carrera como músico de corte para la rica y aristocrática familia Esterházy de Hungría. Aislado de otros compositores y tendencias musicales hasta el último tramo de su vida, estuvo, según dijo, «forzado a ser original».En la época de su muerte, era uno de los compositores más célebres de toda Europa, cosa que no a todos sucede, porque algunos se han hecho famosos hasta después de su muerte.
Se sabe que Haydn tuvo una estrecha amistad con Mozart, del que incluso se cree que llegó a ser mentor, y fue profesor de Beethoven. La lista completa de las obras del compositor se puede consultar en el catálogo Hoboken, sistema de ordenación creado por Anthony van Hoboken.
Esta semana hablo del «CONCIERTO PARA CHELO EN DO MAYOR», una obra que exige al solista un gran virtuosismo y que es uno de los primeros que elaboró este fascinante compositor austriaco. Se dice que las cadenzas del primer y segundo movimientos no son originales del compositor; normalmente, el chelista toca cadenzas de compositores anónimos del siglo XVIII u otras compuestas después de 1961, que, como dije, fue cuando se encontró la obra, pero en sí, esta temprana composición (contemporánea de las Sinfonías 6, 7 y 8) muestra que Haydn es un maestro de la escritura instrumental.