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domingo, 12 de mayo de 2013

Sinfonía N° 3 de Gustav Mahler... Un sueño de una mañana de verano

«Un sueño de una mañana de verano», así es como inicialmente quiso titular Gustav Mahler su tercera sinfonía. Una obra coral en re menor de más de una hora de duración que fue estrenada en 1902. Una sinfonía de gran envergadura, que consta de seis movimientos, dos de los cuales requieren un coro de Niños, uno de mujeres y una contralto.

Después de la imponente y monumental Sinfonía N° 2 de la que ya he hablado e incluso he dejado una versión dirigida por Bernstein, Mahler se dió a la tarea de componer una nueva sinfonía no menos grandiosa que esa y escrita para una gran orquesta sinfónica, de dimensiones similares a la necesaria para interpretar la anterior.

Esta tercera sinfonía que aquí abordo, constituye junto a su predecesora —a juicio de muchos conocedores— una de las creaciones sinfónicas menos abstractas de este célebre compositor que pareciera, a primera instancia, carecer de identidad. Los austriacos lo consideraban bohemio —a pesar de haber nacido en la Moravia austríaca— y los bohemios, austriaco. Los alemanes se referían a él como "el austriaco" o "el judío"; los judíos lo veían como "el cristiano", pues se convirtió a la fe católica. Sin embargo, la obra de Mahler no podría tener mayor identidad, no podría ser más original, no podría estar más definida. En fin, hablar de él es hablar de un genio absoluto y verdadero, como pocos han existido en la humanidad, y que, entre otras cosas, tuvo la virtud de exponer, como nadie, los secretos más íntimos del ser; y no sólo del ser humano, sino del ser universal y del creador mismo. Gustav Mahler, un verdadero profeta del espíritu humano y del «anima mundi» nos deja en su tercera sinfonía, una obra genial que se abre con una fanfarria inicial sobria, que da paso —tras una sintética transición— a un despertar de las fuerzas de la naturaleza.

La obra se interpreta muy ocasionalmente, debido a que es una obra de grandes proporciones, y que requiere un amplio contingente de intérpretes, pero es una de las favoritas del público, y disfruta de una amplísima discografía que supera las 120 grabaciones completas. Está escrita para voz de contralto, coro femenino, coro de niños y una orquesta de cuatro flautas, cuatro oboes, cinco clarinetes, cuatro fagotes, ocho trompas, cuatro trompetas, cuatro trombones, una tuba, timbales, percusión, campanas, ‘glockenspiel’, arpas y la habitual familia de la cuerda. Al completar Mahler la partitura, advirtiendo la formidable duración del primer movimiento, por encima de la media hora, acordó dividir la obra en dos partes; la primera ocupada enteramente por el enorme primer movimiento y la segunda agrupando los cinco tiempos restantes.

Los seis movimientos son:

1. El despertar de Pan. El verano hace su entrada.
2. Lo que me cuentan las flores del campo.
3. Lo que me cuentan los animales del bosque.
4. Lo que me cuenta el hombre (la noche).
5. Lo que me cuentan las campanas de la mañana (los ángeles).
6. Lo que me cuenta el amor.

Toda la obra gira alrededor de la tierra y la naturaleza, con textos de Nietzche y del propio Mahler. A través del diario de Natalie Bauer-Lechner se sabe que la tercera sinfonía nace de un proyecto musical donde se intentaría narrar la épica de la naturaleza, describiendo la vida inerte hasta llegar a la creación de plantas, hombres y animales, todo ello animado por la fuerza de la vida. Mahler, en una carta a una de sus amigas escribió: “Mi sinfonía será algo que el mundo jamás ha escuchado. En ella, la Naturaleza misma toma voz y dice secretos tan profundos que quizá se han escuchado únicamente entre sueños”. Y añadía: “Un día, el mundo se dará cuenta”.

De su conmovedor movimiento final, Lo que me cuenta el amor, dijo una vez Leonard Bernstein que era la música más dolorosamente hermosa escrita por Mahler.

Disfruten la 3° Sinfonía de Mahler dirigida por Claudio Abbado — el director de orquesta italiano considerado uno de los grandes del podio orquestal y por Leonard Bernstein:


domingo, 5 de mayo de 2013

Leonard Bernstein... un compositor y director de fama mundial

Leonard Bernstein (25 de agosto de 1918 - 14 de octubre de 1990) fue un compositor, pianista y director de orquesta estadounidense. Será siempre recordado como el primer director de orquesta nacido en los Estados Unidos que obtuvo fama mundial, célebre por haber dirigido la Orquesta Filarmónica de Nueva York, por sus Conciertos para jóvenes en la televisión de los años 60 y por sus múltiples composiciones, entre ellas West Side Story, Candide,  y Un día en Nueva York (1949) ya que, siendo un músico polifacético, sus dotes y su innegable talento no sólo le permitieron brillar en el campo de la interpretación, sino que también consiguió triunfar en la composición, tanto en la llamada «seria» como en la comedia musical.

Bernstein nació en el seno de una familia judía procedente de Ucrania. Su abuela insistió en que su primer nombre fuera Louis, pero sus padres siempre lo llamaron Leonard, que les gustaba más. Se cambió el nombre a los dieciséis años. Su padre era un hombre que en principio se opuso al interés de su hijo por la música. No obstante, lo llevó con frecuencia a conciertos. Siendo muy joven, escuchó una interpretación de piano y quedó inmediatamente cautivado, así que empezó a estudiar en la escuela Garrison y la Boston Latin School. Su padre rechazó pagarle las lecciones de piano, por lo que Bernstein se dedicó a enseñar a estudiantes jóvenes, empleando las ganancias en sus propias clases de piano.

En 1951, Leonard se casó con la chilena Felicia Cohn Montealegre, ( tuvo tres hijos: Jamie, Alexander y Nina. Felicia murió de cáncer de pulmón en 1978). Ya casado continuó sus estudios en la Boston Latin School hasta graduarse en 1935, Bernstein acudió a la Universidad Harvard donde estudió música. Al acabar sus estudios ingresó en el Curtis Institute de Filadelfia, donde recibió la única nota de "A" (sobresaliente) que Fritz Reiner concedió nunca en sus clases de dirección; y en el verano, acudía al Berkshire Music Centre (1940 y 1941). En esta época Bernstein también estudió piano con importantes maestros de aquel tiempo.

Fue muy conocido como director de orquesta, compositor (sin parentesco alguno con el compositor de bandas sonoras Elmer Bernstein), pianista y educador. Fue probablemente el director de orquesta más famoso en los Estados Unidos durante muchos años, debido a su larga permanencia como director titular de la Orquesta Filarmónica de Nueva York, desde 1944. Dirigió muchas otras orquestas de las más destacadas del mundo. Compuso tres sinfonías, dos óperas, una misa, cinco musicales (entre los que destaca por su popularidad West Side Story), y muchas otras piezas. Siguió diversos estilos: atonalidad, dodecafonismo, jazz.

Fue nombrado director titular de la Filarmónica de Nueva York desde 1958 hasta 1969. Hasta 1990 fue nombrado director laureado, y dirigió la orquesta hasta cinco días antes de su muerte.

Dentro del género operístico, dirigió el estreno estadounidense de Peter Grimes (1946). En La Scala de Milán dirigió a Maria Callas en Medea de Cherubini y La sonnambula de Bellini. También dirigió un Tristán e Isolda en Múnich. En 1966 debutó en la Ópera estatal de Viena dirigiendo Falstaff de Verdi, con producción de Luchino Visconti, y Dietrich Fischer-Dieskau como Falstaff). En 1970 volvió a esa ópera para la producción que hizo Otto Schenk de la ópera de Beethoven Fidelio. En 1986 dirigió su propia obra: A Quiet Place. Se despidió de la ópera de manera accidental en 1989: después de una representación de la Khovanshchina de Mussorgsky de repente entró en el escenario y abrazó al director de orquesta Claudio Abbado en frente de una audiencia sorprendida, pero divertida. Su actitud en el podio, al dirigir la orquesta, era muy gestual, extrovertida, hasta el punto de haber visto criticados sus gestos exagerados. Tenía la capacidad de ensayar toda una sinfonía de mi muy admirado Mahler, interpretando cada frase para la orquesta para expresar el significado preciso, y de emitir una manifestación vocal del efecto requerido, con un sutil oído perfecto para el que nada pasaba inadvertido.

Recibió el premio del Kennedy Center en 1980. El día de Navidad, 25 de diciembre de 1989, Bernstein dirigió la Novena Sinfonía de Beethoven en el Schauspielhaus de Berlín Este como parte de una celebración por la caída del Muro de Berlín. El concierto fue retransmitido en directo para más de veinte países, con una audiencia estimada de cien millones de personas. Para la ocasión, Bernstein parafraseó el texto de la Oda a la alegría de Friedrich Schiller, diciendo «libertad» («Freiheit») en lugar de «alegría» («Freude»). «Estoy seguro de que Beethoven nos hubiera dado su consentimiento», dijo Bernstein.

Bernstein dirigió su última representación en Tanglewood el 19 de agosto de 1990 con la Orquesta Sinfónica de Boston, con la que interpretó Four Sea Interludes de Britten y la Séptima Sinfonía de Beethoven. Fumador durante muchos años, combatió un enfisema desde su juventud; sufrió un ataque de tos en mitad de una interpretación de Beethoven que casi suspendió el concierto. Leonard Bernstein murió cinco días después de dirigir por última vez a su orquesta, el 14 de octubre de 1990, como consecuencia de un infarto de miocardio. El día de su funeral, en la comitiva a lo largo de las calles de Manhattan, los obreros de la construcción se quitaron los cascos y saludaron al tiempo que gritaban «Goodbye, Lenny». Bernstein está enterrado en el Green-Wood Cemetery (Brooklyn, Nueva York).

Leonard Bernstein dirigiendo la Obertura de "Candida":


Thomas Clamor dirige "Mambo" de la obra West Side Story:


Algo de la música de la película On the Waterfront:


Chichester Psalms (1965) dirigida por él mismo:


¡Un regalo de Pascua para mis cuatro seguidores!: Bernstein dirigiendo la 2° Sinfonía de Mahler: "Resurrection" en una de sus más legandarias grabaciones: