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viernes, 1 de enero de 2021

«Canción de Cuna de María»... Un colofón

Max Reger (Brand, 19 de marzo de 1873 - Leipzig, 11 de mayo de 1916), fue un compositor, organista, pianista y profesor alemán y uno de esos músicos que no terminan de imponerse al paso del tiempo. Como artista fue metódico y trabajador, concentrado en ganarse un nombre al asociar el contrapunto y la técnica de Brahms con la audacia cromática de Liszt o Wagner. Pero su música fue criticada como farragosa, ardua, desprovista de lirismo y obsesionada con el dominio técnico. La fama, aunque injusta, le quedó.

Con todo, los artistas se guardan sus sorpresas. En respuesta a las críticas mencionadas Reger compuso una serie de 60 canciones entre 1903 y 1912 bajo el título genérico de Schlichte Weisen (Melodías Simples), evitando cualquier recarga de elaboración. Como resultado, esta colección vocal respira un clima íntimo, dulce, perfecto desmentido a cualquier acusación de escribir música «fea, bofa y aburrida».
Aun así, de estas Melodías Sencillas muy pocas han perdurado, salvo una: Mariä Wiegenlied, esto es, «Canción de Cuna de María», que les invito a escuchar como un colofón de este blog de «Lectura y música para el alma» con el que cierro este largo recorrido musical recordando que hoy es día de María, la Madre de Dios y a ella dedico esta entrada. 

Es común oír esta canción en esta época de Navidad, y por ello la elegí para compartirla hoy. La ternura inocente teñida por una suave melancolía hace de esta brevísima página un prodigio de belleza, difícil de olvidar. Les dejo esta canción como un colofón de este blog que por diez años pude mantener con mucho cariño para mis apreciados lectores. 

Muchas gracias por acompañarme estos diez años y escuchen esta canción varias veces, que es muy corta y vale la pena:

domingo, 15 de noviembre de 2020

«Un requiem alemán»... Música de Brahms

Un réquiem alemán —título original en alemán: «Ein deutsches Requiem»— es una composición para soprano, barítono, coro y orquesta de Johannes Brahms. Catalogada como su opus 45. La obra es toda una meditación sobre la vida y la muerte a partir de textos de la Sagrada Escritura. Se estrenó de forma parcial en la Catedral de Bremen el 10 de abril de 1868, día de viernes Santo, y de forma completa en 1869 en la Gewandhaus de Leipzig. Posteriormente, se interpretó por toda Europa y Brahms empezó a ser considerado como un compositor de importancia.​

Brahms realizó los primeros esbozos de la obra en 1861 y acometió el trabajo fundamental a partir de 1866, tras la muerte de su madre y de su protector Robert Schumann.

Se trata, pudiéramos decir, de una composición híbrida entre la cantata y el oratorio, donde la sensibilidad está muy próxima a la misericordia, la compasión y el optimismo,​ lo que la aleja del réquiem en sentido litúrgico, así como de la Misa de difuntos o de una intencionalidad sacra. En este sentido, Brahms se aleja de la tradición católica, y se sitúa en la órbita de las enseñanzas del luteranismo, al seleccionar textos bíblicos que eluden referencias a la vida eterna, al juicio final o a un Dios castigador.

Al estar en el mes en que recordamos a los fieles difuntos, los invito a escuchar esta obra maravillosa:

domingo, 17 de mayo de 2020

«Te Deum»... de Marc-Antoine Charpentier

Marc-Antoine Charpentier (París, 1643-1704) fue un compositor del Barroco francés que sin ánimo de lucro y versátil, produjo música de la más alta calidad en distintos géneros. La maestría de su composición en la música religiosa vocal fue reconocida por sus contemporáneos.

Charpentier llegó al gran público del siglo XX a través del «Te Deum» H 146 en tonalidad de Re Mayor que es la pieza que les invito a escuchar este domingo. 

El «Te Deum» es un motete polifónico que consta de diez números y requiere para su interpretación de un conjunto de ocho solistas vocales, coro y acompañamiento instrumental con órgano —bajo continuo— que puede ser variable según la disposición elegida por los distintos directores que ejecutan esta bellísima composición.

La obra fue compuesta probablemente entre 1688 y 1698, durante su estancia en la iglesia jesuita de Saint-Louis en París, donde ocupó el cargo de director musical. La composición está hecha para un grupo de solistas, coro y acompañamiento instrumental.

Charpentier habría escrito seis arreglos distintos para su Te Deum aunque sólo se conservan cuatro de ellos.​ Se cree que Marc-Antoine Charpentier habría compuesto o al menos interpretado esta pieza para la celebración de la victoria en la batalla de Steinkirk en agosto de 1692.

Disfruten de esta bella composición:

domingo, 26 de abril de 2020

«Magnificat Primi Toni»... de Palestrina

El Magnificat primi toni, de Giovanni Pierluigi Palestrina (hacia 1525-1594) es una composición que proviene del tercer volumen de Magnificats de Palestrina.

Es, como la mayoría de sus Magnificats —todos hermosos— escrito en el estilo alternatim, pero, a diferencia de muchos de ellos, emplea hasta ocho voces. Su estilo es principalmente polifónico y fugal y tiene una textura rica, pero la variedad se obtiene mediante el uso de diferentes combinaciones de voces altas y bajas y en algunos lugares una textura más ligera.

Como muchas de estas composiciones son antiquísimas, no hay mucha información sobre las mismas y a veces solamente se encuentran grabaciones de algunas partes de estas obras maravillosas, pero, basta un poco, para deleitar el oído y el alma con esta música.

domingo, 12 de abril de 2020

«TE DEUM»... UNA OBRA DE ANTONIO CALDARA A 8 VOCES.

Antonio Caldara (Venecia (1670) - Viena, 26 de diciembre de 1736), fue un prolífico compositor italiano que dejó un sin fin de música especialmente sacra. De él he querido compartir ahora, en este Domingo de Pascua su Te Deum a 8 voces.

Es una obra casi desconocida y muy poco interpretada de la que no hay registros en Internet.

Me encontré este video de una orquesta dirigida por Riccardo Muti que con mucho gusto comparto y les invito a escuchar:

domingo, 16 de febrero de 2020

La «Missa San Ignacio»... de Domenico Zipoli

La «Missa San Ignacio» representan lo más exquisito del más insigne de los compositores jesuitas que trabajaron en el Mundo Nuevo: Domenico Zipoli (Prato, Gran Ducado de Toscana, 17 de octubre de 1688 – Córdoba, Virreinato del Perú, 1 2 de enero de 1726).

Domenico Zipoli ingresó con los jesuitas y se ordenó sacerdote. Fue enviado al territorio que hoy es Córdoba, en Argentina, para iniciar un trabajo con los indígenas guaraníes que incluía la conversión a la fe cristiana, pero también la educación musical.

Zipoli compuso esta Missa estando ya en América y es muy interesante ver cómo este músico sensacional adapta la esencia de su música al espacio en el que vive, acomodando incluso las voces para adaptarlas a los nativos del lugar. Es también de estimar cómo va utilizando las bases del cajto gregoriano intercambiando el uso del órgano con las voces. Sin duda, Zipoli trabajó en esas condiciones muchas de sus partituras y es probable que a algunas se las haya tragado la selva pero se conservan algunas como ésta.

El objetivo principal de esta composición, según se sabe, fue trasladar a su público, gracias a la música, al viejo continente donde el fundador de los jesuitas anduvo primero luchando y luego predicando. El historiador P. Lozano, quien alcanzó a oír las composiciones sudamericanas de Zipoli, escribió: «Dio gran solemnidad a las fiestas religiosas mediante la música, con no pequeño placer así de los españoles como de los neófitos... Enorme era la multitud de gentes que iba a nuestra iglesia, con el deseo de oírle tocar hermosamente».

La mayoría de las piezas sacras de Zipoli —incluida esta «Missa San Ignacio» están escritas a tres voces (soprano, contralto y tenor, este último en unísono con la parte del bajo continuo), Dos violines, órgano con el continuo, a veces elaborado.

Les dejo una versión en donde hay una introducción en inglés sobre algunos aspectos de esta maravillosa composición:

domingo, 14 de abril de 2019

«Miserere»... La famosa obra de Gregorio Allegri

El Miserere —también llamado Miserere mei, Deus— es una composición creada por Gregorio Allegri en el siglo XVII durante el pontificado del Papa Urbano VIII. Se trata de la musicalización del salmo 51 (El famoso salmo 50 en la liturgia de la Iglesia Católica), llamado Miserere, también conocido como el Salmo de David en el Antiguo Testamento.

El salmo relata la visita del profeta Natán a el Rey David por haber cometido un adulterio con Betsabé. Se compuso para ser cantada en la Capilla Sixtina dentro de la Basílica de San Pedro, miércoles y viernes durante los maitines de Semana Santa. La composición de esta obra está hecha en latín, pero ya ha sido traducida a diversas lenguas.

Allegri lo realizó hacia 1638. Está escrita para dos coros, uno de cuatro voces y otro de cinco. Uno de los coros canta una versión simple del tema original y el otro coro, a cierta distancia, canta un comentario más elaborado. Es uno de los mejores ejemplos del estilo polifónico del Renacimiento, llamado en el siglo XVII stile antico o prima prattica, y denota las influencias combinadas de la escuela romana (Palestrina) y veneciana (Andrea y Giovanni Gabrieli, el coro doble).

domingo, 13 de enero de 2019

«Réquiem en re menor, Op. 48»... de Gabriel Fauré

El «Réquiem en re menor, Op. 48» de Gabriel Fauré, es una de las más populares misas de réquiem que se siguen interpretando en la actualidad. Fue escrita entre 1886 y 1888, e interpretada por primera vez en la Iglesia de la Madeleine a comienzos del año 1888 en unos servicios fúnebres, y, en mayo de ese año, ya como concierto. 

Considerada como una de las más hermosas misas de réquiem, es interpretada habitualmente por coro y orquesta. Consta de siete partes, su duración sobrepasa la media hora y el texto es en latín: I. Introit et Kyrie, II. Offertoire, III. Sanctus, IV. Pie Jesu, V. Agnus Dei et Lux Aeterna, VI. Libera Me y VII. In Paradisum.

La partitura es la más célebre de su autor y una de las más bellas de toda la Historia de la Música. Notablemente innovadora, al escribirla, Fauré ajustó el tradicional orden litúrgico omitiendo la Sequence (que representa a «Dies irae» y a «Rex tremendae») y añadiendo «In Paradisum», que deriva del Order of Burial, antes de la Misa de Difuntos; desaparece, pues, en esta obra, el apocalíptico horror de la ira de Dios, y hay por el contrario una serena y definitiva visión confortable del cielo.

Aunque más agnóstico que devoto, Fauré consumió gran parte de su existencia viajando de iglesia en iglesia y, a su muerte, ya habían desfilado entre sus dedos las teclas de los órganos más importantes de la cristiandad francesa. Tanto es así que el propio compositor dejaría por escrito: “después de tantos años acompañando al órgano servicios fúnebres me lo sé todo de memoria. Yo quise escribir algo diferente”. Así pues la diferenciación fue una premisa fundamental cuando en 1886, tal vez motivado por el fallecimiento de su padre, se propone iniciar la composición de una misa de Réquiem. Lo verdaderamente particular de esta misa es que, por primera vez en el género, la música es capaz de mirar fijamente a la muerte sin intimidarse, encontrando en ella una experiencia liberadora y reconfortante. No parecen existir pues para el autor responsabilidades más allá del mundo terrenal, ni nadie que pueda exigirlas. Sólo un plácido y etéreo paraíso que Fauré nos describe musicalmente al final de la partitura.

Escuchen esta obra y estoy seguro que deleitará sus oídos y su corazón:



martes, 13 de noviembre de 2018

domingo, 14 de octubre de 2018

La «Missa Votiva» (ZWV 18), del compositor checo-alemán Jan Dismas Zelenka...

La «Missa Votiva» es una misa compuesta en Dresde por el compositor checo barroco Jan Dismas Zelenka (1679–1745) en el año de 1739. Esta composición tiene una duración aproximada de setenta minutos, y sus veinte partes van desde cuarenta y cinco segundos hasta más de siete minutos de duración.

Esta es una obra tardía del compositor y al igual que el Cuarteto de Cuerdas No. 15 en la menor, op. 132, de Beethoven, es compuesta como una oración de acción de gracias después de recuperarse de una enfermedad grave. Es considerada una verdadera obra maestra entre sus otras misas y la compone después de un largo silencio causado, como digo, por una larga y grave enfermedad que Zelenka no esperaba superar. Missa votiva es considerada como una composición de acción de gracias que demuestra una profunda creencia y una vida espiritual rica sin perder una gran pasión. A veces parecería presagiar a Mozart.

La mayor parte de la obra es muy festiva, y se toca con vivacidad, el último movimiento se ajusta al tono de la primera y muchas de las otras arias están en una clave importante. Zelenka realizó este trabajo para una orquesta barroca de cuerdas, instrumentos de viento y metales, con las partes corales cantadas por un coro con varios solistas que hacen sus propias arias además de las partes para todo el coro. A pesar de ser una misa, el trabajo es considerado como una composición musical muy compleja, con formalidad polifónica y expresión operística. El desfile de eventos en la misa es apasionante, ya que el texto rara vez se ha establecido de manera tan personal y vívida. ¡Hay que escucharla para vivirla!

domingo, 24 de junio de 2018

«La Creación»... Una obra sensacional de Franz Joseph Haydn para la posteridad

Entre 1791 y 1795, en Londres, Franz Joseph Haydn (1732-1809) escuchó diversos oratorios de Händel, entre los cuales le llamaron la atención sobremanera «El Mesías» e «Israel en Egipto». Ipresionado por estas obras, Haydn decidió realizar algo semejante. Había escrito ya centenares de sinfonías, conciertos y música de cámara y se encontraba en lo que sería la última etapa de su vida cuando surgió una imperiosa necesidad en su corazón de crear una obra así, tal vez, como dicen algunos estudiosos, como una expresión de gratitud a Dios que es quien le había dado ese genio musical excepcional.

Con ayuda del Barón Gottfried van Swieten, un hombre de nobleza de Viena y echando mano de un libreto inglés inspirado en la Biblia e inicialmente destinado al mismo Händel, traducido y adaptado, Haydn compuso la obra que se convirtió en la primera gran obra de la historia de la Música que se compuso pensando en la posteridad. Haydn decía, al estarla componiendo, que se dedicaba plena y totalmente a «La Creación» porque deseaba que perdurara a través del tiempo. Trabajó sin pausa durante dos años seguidos. La primera audición privada la llevó a cabo el 30 de abril en el Palacio del Príncipe Schwarzenberg, y le siguieron varias más hasta que la primera ejecución pública dirigida por Haydn tuvo lugar el 19 de marzo de 1799 en el Burgtheater con un éxito nunca visto.

La obra trata sucesivamente de la creación de los elementos, de los seres vivos, del hombre y de la felicidad inicial, el paraíso. Los tres solistas personifican a los arcángeles Gabriel (soprano), Uriel (tenor) y Rafael (bajo), y en la tercera parte Adán (bajo) y Eva (soprano). La estructura recuerda a la de los antiguos oratorios, particularmente la de las Pasiones: a la narración bíblica le siguen arias o conjuntos que prolongan o amplifican su contenido con páginas más líricas; frecuentemente una secuencia (y en todos los casos cada una de las partes) se termina por un gran coro.

«La Creación», como buena composición de su tiempo, estuvo imbuida más del espíritu de la Ilustración y de las ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad, que del puritanismo de «El paraíso perdido» (Paradise Lost en idioma inglés) poema narrativo de John Milton (1608-1674) que también influyó de alguna manera en la composición de esta obra. La grandeza musical de «La Creación» descansa sobre tres pilares: la majestad de sus coros, deudores de los coros ingleses de Handel; la precisión de sus lienzos descriptivos; y la maestría de la orquestación, que Haydn había llevado a su perfección en las sinfonías Londres.

¡Gocen y deleiten sus oídos escuchando esta primorosa música!

domingo, 15 de abril de 2018

«Requiem»... Una obra fascinante de Ligeti

La música de la segunda mitad del siglo XX está representada por músicos como György Sándor Ligeti, (1923–2006) originario de Transilvania, entonces Hungría y hoy Rumania. Sus hallazgos musicales y su capacidad de comunicación le sitúan en la historia de la música como una figura imprescindible de la música clásica contemporánea. Es, en toda la extensión de la palabra: «un clásico». En muchas ocasiones se le ha calificado como seductor, especialmente por el tratamiento de los timbres, de las texturas y de las masas sonoras. Con una historia de vida impactante, en la que los nazis le internaron en un campo de trabajo hasta el final de la guerra y su familia —de la que solamente sobrevivió su madre— estuvo deportada en Auschwitz, nos deja entre sus obras más famosas el «Requiem», obra perteneciente a su estilo «neopolifónico» que les invito a escuchar esta vez. Ligeti decía: «No tengo ninguna visión definitiva del futuro, ningún plan general, sino que avanzo de obra a obra palpando en distintas direcciones, como un ciego en un laberinto"». Ligeti no pertenece a ninguna escuela o tendencia estética. Se movió siempre con absoluta libertad entre las diferentes líneas dominantes hasta adquirir un estilo que está compuesto por muchos estilos. Su concepción musical se integró en esa línea húngara que tiene a Bartók como precedente y a Kurtag como consecuencia inevitable.

El cine facilitó el conocimiento de la obra de Ligeti. Especialmente el de Stanley Kubrick, que escogió fragmentos de sus obras para películas como «El resplandor», «Eyes wide shut» y, especialmente, «200 odisea del espacio», que representa para el compositor algo así como «Muerte en Venecia» para Mahler.

Su «Requiem» es una obra realmente subyugante. Escrita para soprano, mezzosoprano, dos coros mixtos y orquesta, es una de las obras más fascinantes de finales del siglo XX. De hecho se ha quedado como la partitura emblemática de Ligeti, con ese estatismo polifónico de los dos coros que parece que van avanzando, como los ejércitos de las películas de Kurosawa. La masa sonora se va transformando en los cuatro movimientos de este magnético oratorio. La seducción sonora tiene en el Réquiem un ejemplo testimonial. Es una obra que se mete por los sentidos con una fuerza irresistible. 

Al escuchar el «Requiem» hay que subrayar la espectacularidad y eficacia del envolvente tratamiento tímbrico con la deslumbrante organización del sonido en texturas, y la capacidad de seducción dramática desde el despojamiento con una escalofriante intensidad expresiva en el desarrollo de la obra. 

¡Escuchen y disfruten!:

domingo, 17 de diciembre de 2017

«Oratorio de Navidad , BWV 248»... Una bellísima obra de Bach

El Oratorio de Navidad, BWV 248 (en alemán, Weihnachtsoratorium), es una obra sacra del conocidísimo Johann Sebastian Bach compuesta para las fiestas de la Navidad de 1734, incorporando música de composiciones anteriores, entre ellas tres cantatas seculares escritas durante 1733 y 1734, además de una cantata para iglesia, hoy perdida (BWV 248a). 

Este «Oratorio de Navidad» es un ejemplo especialmente sofisticado de parodia musical; esto es, una reelaboración seria de otros materiales elaborandos anteriormente. El autor del texto es desconocido. La obra pertenece a un grupo de tres oratorios compuestos hacia finales de la carrera de Bach, en 1734 y 1735, para fiestas importantes; los otros dos son el Oratorio de la Ascensión (BWV 11) y el Oratorio de Pascua (BWV 249). En todos ellos, interviene un tenor evangelista como narrador que reelabora composiciones anteriores. A pesar de estas consideraciones, el Oratorio de Navidad es la obra más compleja y extensa de las tres. 

Las partes que la integran son: El Nacimiento - El aviso a los pastores - La adoración de los pastores - La circuncisión y el bautismo de Jesús - El viaje de los Reyes Magos - La adoración de los Reyes Magos y la huida a Egipto, que se presenta después del final de la sexta parte.

¡Vale la pena gozarla especialmente en estos días que envuelven la fiesta de la Navidad!

domingo, 10 de diciembre de 2017

«Vísperas de la beata Virgen»... Un regalo fastuoso de Monteverdi a la Virgen Santísima

Claudio Giovanni Monteverdi (Cremona, 15 de mayo de 1567 - Venecia, 29 de noviembre de 1643) fue un compositor, gambista y cantante italiano que marcó la transición entre la tradición polifónica y madrigalista del siglo XVI y el nacimiento del drama lírico y de la ópera en el siglo XVII. Es la figura más importante en la transición entre la música del Renacimiento y del Barroco. Su primer drama musical se estrenó en 1607 —año en que murió su esposa— con el nombre de « Orfeo, favola in musica», que es considerada la primera ópera de la historia, como la entendemos hoy día. Su siguiente ópera Arianna (1608), cuya música se ha perdido, excepto el famoso «Lamento», consolidó su fama.

En 1613 fue maestro de coro y director de la catedral de San Marcos de Venecia, ciudad en la que compuso la mayoría de su obra sacra. En su música religiosa utilizó gran variedad de estilos, que iban desde la polifonía de su Misa de 1610 a la música vocal operística de gran virtuosismo y las composiciones corales antifonales de sus «Vísperas de la beata Virgen», también de 1610, que es la obra que quiero compartir con ustedes esta semana y lo quiero hacer en honor de la Santísima Virgen de Guadalupe, que festejaremos el día próximo día12. Se trata de una de las más célebres obras del compositor, y una de las obras musicales religiosas más ambiciosas y monumentales de la música occidental antes de las de Bach.

La pieza dura aproximadamente 90 minutos incluye muy diversos géneros, técnicas y elementos de composición, desde algunos muy arcaizantes hasta los más futuristas de la cosmogonía monteverdiana; en ella el autor echó mano de cantantes solistas, coro e instrumentistas, e hizo uso de las principales formas religiosas y no religiosas de su época: responsorios, motetes, salmos, himnos, magníficats y hasta la sonata instrumental con un cantus firmus, con elementos litúrgicos y extra litúrgicos usados todos de una manera inteligente y magistral.

Disfruten de esta bella obra:

domingo, 17 de septiembre de 2017

«Magnificat Op.98»... Una de las más bellas composiciones sacras de Cesar Cui

Tsézar Antónovich Kiuí (Це́зарь Анто́нович Кюи́), más conocido como César Cui (Vilna, 18 de enero de 1835 — San Petersburgo, 13 de marzo de 1918), fue un compositor y militar ruso del que ya he hablado hace tiempo. Me he encontrado esta bellísima obra que ha hecho voltear nuevamente el oído hacia este compositor ruso y que ahora comparto: «Magnificat Op. 98».

César Cui (1835-1918) fue hijo de un oficial francés que había permanecido en Rusia después del retiro de Napoleón en 1812. Estudió en San Petersburgo, donde se convirtió en profesor y experto en fortificación en la Academia de Ingeniería Militar. Posteriormente se convirtió en un miembro del grupo de compositores rusos conocido como el puñado poderoso. Cui es recordado principalmente por sus coloridos y pequeños preludios para piano y también como crítico de música, ya que era a menudo áspero e intolerante en sus juicios pero muy certero. Gran parte de su propia música contrasta sorprendentemente con los principios nacionalistas. El Cántico del Magnificat para soprano solo y coro mixto, es corto, pero constituye una de sus más ambiciosas obras corales, fue escrito en 1914.

No tengo más datos de la obra pero vale la pena escucharla. Les aseguro que no se arrepentirán.

domingo, 18 de junio de 2017

«IN HOC MUNDO»... Bella música barroca de Domenico Zipoli

Domenico Zipoli (1688 – 1726), es un compositor de quien ya he hablado cuando les invité a escuchar su Sacris Solemnis. Ahora vuelo a él para invitarles a escuchar otra de sus más conocidas e interpretadas composiciones, la pastoral «IN HOC MUNDO». Zipoli es un compositor ítalo-argentino de la época del Barroco y es considerado como el compositor europeo más famoso que haya viajado hacia América durante el periodo colonial, y también el músico más dotado que haya contribuido con las misiones jesuíticas en el continente.

El estudio de la música en los archivos sudamericanos ha revolucionado el conocimiento de la cultura musical en los centros urbanos y misioneros de la época de la conquista. Europeos, sudamericanos nativos y criollos (españoles nacidos en América del Sur) crearon un único repertorio de renombre y barroco sudamericano, comparable en su magnitud y originalidad a las innovaciones musicales de la destacada música europea de la época. Hasta la fecha se han conservado dos importantes colecciones de música misionera sudamericana en donde destacan algunas composiciones de Domenico Zipoli.

Diversas copias de «IN HOC MUNDO» fueron encontradas en ambos archivos misioneros. Sin embargo, El copista no anotó el nombre del autor de la obra y por mucho tiempo se consideró anónima. En otra copia encontrada años después, el nombre del compositor aparece en la parte escrita para el tenor. Las composiciones destinadas a un tenor fueron cantadas a veces por un soprano, por eso hay versiones, de esta obra, como la segunda que presento, donde quien canta es una mujer. Se cree que «IN HOC MUNDO» podría haber sido parte de una composición escénica (ópera sagrada o oratorio) de orden religioso, como la mayoría de las obras de Zipoli. No se tienen más datos de la composición pero ciertamente es una delicia escucharla. 

Escuchen esta bella música:



domingo, 21 de mayo de 2017

«TE DEUM»... La magnífica versión de Arvo Pärt

Arvo Pärt (1935) es un compositor estonio del que ya he compartido algo de su obra y cuya música me cautiva cada vez más. Como precursor de la música sacra minimalista, nos ofrece su versión del «TE DEUM». Pionero en este estilo, como sus contemporáneos Henryk Górecki y John Tavener. Arvo nos regala en esta composición una de las obras de su trabajo coral más importante.

El «TE DEUM» de Pärt emplea el estilo de composición tintinnabuli de su propia creación. Tintinnabuli se describe como una técnica minimalista de la composición, pues su lógica armónica se aparta de la tradición tonal de la música clásica occidental, creando su propio sistema armónico distinto. Tintinabulación es un proceso en el cual una tríada escogida rodea una melodía, manifestándose en posiciones específicas en relación con la melodía de acuerdo con un esquema predeterminado de adyacencia. En su forma más rudimentaria, la música tintinnabuli de Pärt está compuesta por dos voces principales: una lleva la melodía generalmente escalonada mientras que la otra sigue la trayectoria de la melodía pero se limita a las notas de una tríada específica. En el caso del «TE DEUM» esta técnica proporciona la base armónica para toda la pieza.

La obra ese compone de tres coros (femenino, masculino y mixto), piano preparado, cuerdas divisi y arpa de viento. Según la edición completa, la parte del piano requiere que cuatro lanzamientos se preparen con los tornillos de metal. El arpa del viento es similar al arpa eólica, sus cadenas vibran debido al viento que pasa a través del instrumento. Dado que la parte del arpa debe estar pregrabada,
Manfred Eicher de ECM Records grabó esta «música de viento» en cinta y la procesó acústicamente. Las dos notas (D y A) realizadas en la arpa de viento se deben reproducir en dos grabaciones CD o DAT separadas. Según el prefacio de la partitura, el arpa de viento funciona como un zángano en toda la pieza, cumpliendo una función comparable a la de la música islámica en la iglesia bizantina, una nota repetida que no cambia de tono. 

El texto original del «TE DEUM» es  también conocido como el himno ambrosiano, porque es atribuido a los santos Ambrosio, Agustín e Hilario. El texto litúrgico del «TE DEUM» consiste en verdades inmutables. En este caso, la composición de Pärt, ya con la música, me lleva a experimentar la sensación de inmensurable serenidad en alguno de los diversos monasterios que he visitado para retiro o ejercicios espirituales. Como lo explica Pärt: «sentía que era necesario sacar esa música suavemente del silencio y del vacío». Y así nos encontramos con esta composición maravillosa.

La obra está dedicada a Alfred Schlee de Universal Edition , el WDR Broadcast Choir estrenó esta composición bajo la dirección del director Dennis Russell Davies el 19 de enero de 1985. El «TE DEUM» juega un papel importante en los servicios de muchas denominaciones cristianas.

Seguramente esta magnífica versión del «TE DEUM» elevará el espíritu de cualquiera que la escuche.

domingo, 16 de abril de 2017

«Yo sé que vive mi Señor»... Una bella composición para celebrar la resurrección del Señor

Pocos o más bien poquísimos datos tengo del compositor Samuel Medley de quien este Domingo de Resurrección quiero presentar su obra «I know that my Redeemer lives». Solamente se que Medley fue un predicador bautista inglés y compositor que nació en Cheshunt, a 10 kilómetros al sur de Hertford, el 23 de junio de 1738 y murió en Liverpool el 17 de julio de 1799. 

Tras servir algún tiempo en la Marina (1755-59), Samuel fue a la escuela en Londres (1762-66), entrando al ministerio en Watford, Hertfordshire (1767) y fue ordenado pastor de la Iglesia Bautista en 1768; desde 1772 hasta su muerte fue pastor de la capilla Byrom Street en Liverpool. Allí compuso varios himnos que han pasado a ser obras clásicas especialmente de la Iglesia Bautista. Les invito a escuchar estas diversas versiones de esta bellísima obra.

La letra de este Himno en inglés es:

1. I know that my Redeemer lives.
What comfort this sweet sentence gives!
He lives, he lives, who once was dead.
He lives, my ever-living Head.
He lives to bless me with his love.
He lives to plead for me above.
He lives my hungry soul to feed.
He lives to bless in time of need.

2. He lives to grant me rich supply.
He lives to guide me with his eye.
He lives to comfort me when faint.
He lives to hear my soul's complaint.
He lives to silence all my fears.
He lives to wipe away my tears.
He lives to calm my troubled heart.
He lives all blessings to impart.

3. He lives, my kind, wise heav'nly Friend.
He lives and loves me to the end.
He lives, and while he lives, I'll sing.
He lives, my Prophet, Priest, and King.
He lives and grants me daily breath.
He lives, and I shall conquer death.
He lives my mansion to prepare.
He lives to bring me safely there.

4. He lives! All glory to his name!
He lives, my Savior, still the same.
Oh, sweet the joy this sentence gives:
"I know that my Redeemer lives!"
He lives! All glory to his name!
He lives, my Savior, still the same.
Oh, sweet the joy this sentence gives:
"I know that my Redeemer lives!"

La letra en español:

1. Yo sé que vive mi Señor;
consuelo es poder saber
que vive aunque muerto fue
y siempre Su amor tendré.
El vive para bendecir,
y ante Dios por mí pedir.
El vive para sustentar
y a mi alma alentar.

2. El vive para sostener
y con Su mano proteger.
El vive para escuchar
y oídos a mis quejas dar.
El vive para alentar
y mis angustias sosegar.
El vive para ayudar
y a mi alma consolar.

3. El vive, mi amigo fiel;
me ama para siempre El.
El vive y siempre cantaré:
El vive, mi Señor y Rey.
Por El la vida yo tendré;
la muerte yo conquistaré.
Mi gran mansión preparará,
y viviré con El allá.

4. El vive, y yo lo honraré.
A Cristo siempre alabaré.
Gozoso, canto con fervor:
Yo sé que vive mi Señor.
El vive, y yo lo honraré.
A Cristo siempre alabaré.
Gozoso, canto con fervor:
Yo sé que vive mi Señor.




domingo, 9 de abril de 2017

El «Stabat Mater» de Pergolesi... Música Sacra extraordinaria

El «Stabat Mater» es un arreglo musical para la secuencia Stabat Mater, compuesto por Giovanni Battista Pergolesi en 1736. Compuesto en las últimas semanas de vida de Pergolesi, está diseñado para soprano y alto solistas, violín I y II, viola y bajo continuo (violonchelo y órgano).

Giovanni Battista Draghi, conocido como Pergolesi. (Estados Pontificios 1710 - Nápoles 1736) fue un compositor, violinista y organista italiano del período Barroco. Su obra influyó profundamente en la escuela napolitana, y sirvió como prototipo por antonomasia de la ópera italiana. Pergolesi confrontó el gusto estético derivado de la tradición de la ópera seria francesa y el de los partidarios de la nueva ópera bufa italiana. Pergolesi tiene el record de alcanzar la genialidad universal en el menor tiempo de vida, 26 años. A pesar de su corta existencia, ha dejado a la posteridad numerosas obras; desde óperas bufas y serias a cantatas, amen de otros tipos de piezas. Compuso otras obras, una sonata y un concierto para violín y música sacra, incluyendo una Misa en Fa, pero su obra de este estilo más conocida es, sin duda, su «Stabat Mater», para soprano, contralto y orquesta.

Aunque de muchas piezas atribuidas originalmente a Pergolesi se ha demostrado que lo estaban incorrectamente, en el caso del «Stabat Mater» parece claramente ser de su autoría, dado que se ha conservado un manuscrito de su propia mano. La obra fue compuesta para una confraternidad napolitana, la Confraternità dei Cavalieri di San Luigi di Palazzo, que también le había encargado un «Stabat Mater» a Alessandro Scarlatti. Pergolesi la compuso durante la fase final de su tuberculosis en un monasterio franciscano de Pozzuoli, al tiempo que preparaba otro arreglo para Salve Regina.

«Stabat Mater» es uno de esos textos recurrentes a lo largo de la historia, siendo musicado por compositores de distintas épocas, y que alcanza su punto culminante con esta versión que aporta Pergolesi. La obra que da pie a esta composición es un poema de veinte estrofas y sesenta versos, compuesto por el franciscano Jacopone de Benedetti en el siglo XIII, que narra la muerte de Cristo desde los ojos de su madre. Jacopone adoptó los hábitos tras la muerte de su esposa y parece ser que fue un espíritu rebelde de su época, llegándose a enfrentar al mismísimo papa Bonifacio VIII y pagando por ello con la cárcel. Muy en la línea operativa de la Orden de San Francisco, escribió Stabat Mater como un vehículo didáctico para acercar la Historia Sagrada al pueblo inculto, utilizando en sus versos un lenguaje sencillo y comprensible por todos.

La historia dice que Pergolesi aceptó el encargo de componer esta obra a pesar de hallarse ya muy enfermo, al parecer de tuberculosis, y la leyenda dice que compuso en un frenesí de devoción en su lecho de muerte. Sea cierta o no la leyenda, el compositor murió poco después cuando tenía tan sólo veintiseis años y en su «Stabat Mater» se puede apreciar una elevadísima inspiración musical, casi mística. Su obra póstuma se convirtió rápidamente en un éxito internacional y se la comparó por las circunstancias de su creación con el Réquiem de Mozart, convirtiéndose en la más editada e impresa del siglo XVIII, también arreglada o adaptada por un gran número de otros compositores, incluyendo a Johann Sebastian Bach, que la usó como base de su Salmo "Tilge, Höchster, meine Sünden", BWV 1083.

La letra de esta obra, en su versión latina medieval es esta:

Stabat Mater dolorosa Iuxta crucem lacrimosa,
Dum pendebat filius. Cuius animam gementem
Contristantam et dolentem Pertransivit gladius.

O quam tristis et afflicta Fuit illa benedicta
Mater unigeniti Quae maerebat et dolebat.
Et tremebat, cum videbat Nati poenas incliti.

Quis est homo qui non fleret, Matrem Christi si videret
In tanto supplicio? Quis non posset contristari,
Piam matrem contemplari Dolentem cum filio?

Pro peccatis suae gentis Jesum vidit in tormentis
Et flagellis subditum. Vidit suum dulcem natum
Morientem desolatum Dum emisit spiritum.

Eja mater fons amoris, Me sentire vim doloris
Fac ut tecum lugeam. Fac ut ardeat cor meum
In amando Christum Deum, Ut sibi complaceam.

Sancta mater, istud agas, Crucifixi fige plagas
Cordi meo valide. Tui nati vulnerati
Tam dignati pro me pati, Poenas mecum divide!

Fac me vere tecum flere, Crucifixo condolere,
Donec ego vixero. Juxta crucem tecum stare
Te libenter sociare In planctu desidero.

Virgo virginum praeclara, Mihi jam non sis amara,
Fac me tecum plangere. Fac ut portem Christi mortem
Passionis eius sortem Et plagas recolere.

Fac me plagis vulnerari, Cruce hac inebriari
Ob amorem filii, Inflammatus et accensus,
Per te virgo sim defensus In die judicii.

Fac me cruce custodiri, Morte Christi praemuniri,
Confoveri gratia. Quando corpus morietur
Fac ut animae donetur Paradisi gloria.
Amen.



domingo, 8 de enero de 2017

«VILLANCICOS EN LA MÚSICA CLÁSICA»... Escuchando a Hamadi

La semana pasada estuvimos de fiesta en la parroquia escuchando al ensamble vocal Hamadi que vino a deleitarnos con el don maravilloso de sus voces. Hamadi (palabra que proviene de la lengua otomí que significa “Gracias”) es un ensamble femenino creado en enero de 2007 con la finalidad de difundir el arte vocal, transmitiendo así, distintos sentimientos por medio de sus interpretaciones. Al estar escuchando estas voces maravillosas, me nació la idea de escribir esta entrada para hablar de los villancicos en la música clásica y dedicar estas líneas a tan emprendedoras mujeres, que deleitan los oídos con el regalo maravilloso de su música.

La música clásica tan vinculada durante siglos a la Iglesia también se tiñe de Navidad. La historia nos dice que fue entre 1680 y 1690, que dos compositores franceses incorporaron villancicos en sus obras. se trata de Louis-Claude Daquin, quien escribió 12 villancicos para órgano y de Marc-Antoine Charpentier, quien escribió algunas versiones instrumentales de villancicos, además de una obra coral importante "Messe de minuit pour Noël". Otros ejemplos de villancicos en la música clásica son: Ralph Vaughan Williams con "Fantasia on Christmas Carols" en 1912; Victor Hely-Hutchinson y su Carol Symphony de 1927. El poema de Christina Rossetti "In the Bleak Midwinter" fue musicalizado, entre otros, por Gustav Holst (1905) y Harold Darke (1911). Georges Bizet en su suite número 2, conocida como "La Arlesiana", utiliza las melodías de dos villancicos provenzales: "La Marche des rois" (La marcha de los Reyes Magos) y "La danse des chevaux fringants" (Danza de los caballos fogosos).

Benjamin Britten tiene una obra: "Ceremonia de Villancicos, Op. 28", que es una composición para coro y arpa. La obra fue compuesta en el año 1942 mientras el autor estaba llevando a cabo la travesía del Océano Atlántico, en barco, para regresar a Inglaterra. Comienza con una procesión del coro interpretando "Hoy Cristo ha nacido" y finaliza con una variación del mismo villancico, entremedias nueve villancicos más dos interludios a cargo del arpa.

El compositor polaco Krzysztof Penderecki cita ampliamente el villancico "Noche de Paz" en su segunda sinfonía, llamada Sinfonía de Navidad.

La noche del concierto, Hamadi interpretó villancicos que nos hicieron ir al Portal de Belén en espíritu y gozar de la Sagrada Familia en un clima de fiesta por la Navidad. Gracias Hamadi por esa selección de variados villancicos populares mexicanos y extranjeros que nos permitieron disfrutar de los sones más conocidos y entrañables.

Suite "La Arlesiana" de Bizet:



"A Ceremony of Carols" de Benjamin Britten:


El ensamble Hamadi: