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domingo, 8 de abril de 2018

«SINFONÍA Nº 15 EN LA MAYOR»... La última de Shostakovich

Estrenada en Moscú el 8 de enero de 1972 por la Orquesta Sinfónica de la Televisión y Radio Estatal de la URSS dirigida por su hijo Maxim Shostakovich, es la última de las sinfonías que compuso Dmitri Shostakovich. Es su Op.141 y fue compuesta durante los meses de julio y agosto de 1971, en la casa de descanso para compositores de Repino en Carelia.

Durante un tiempo Shostakovich había manifestado el afán que sentía por escribir una «sinfonía pura», sin texto y sin programa temático alguno. Así, empleó en la elaboración de esta obra poco más de un mes, porque decía que era una de las pocas obras que tenía clara desde el principio, desde la primera nota hasta la última y que sólo le faltaba escribirla.

Esta sinfonía está llena de citas, más o menos explícitas, tanto a obras de otros autores como propias. En el desarrollo central del movimiento, allegretto cuya  duración total es de alrededor de 8 minutos, hay difuminadas citas de sus anteriores composiciones como segundo plano ante la rotunda claridad con que incrusta, hasta cinco veces, la Marcha de los soldados suizos, que es el finale de la obertura de la ópera Guillermo Tell de Gioachino Rossini.

El segundo movimiento, un adagio, recurre a solemnes acordes del metal, para luego mantener una atmósfera de melancolía contemplativa, que empieza mediante una marcha fúnebre, con el trombón representando el juicio final contrastando con el solo de violín de carácter elegíaco. El trombón interpreta de nueva cuenta la trágica marcha. Un nuevo solo del tema elegíaco del violín nos conduce a una gran explosión orquestal que lleva hasta su clímax los motivos anteriores. La celesta y el vibráfono añaden unas notas como una interrogación. El metal repite los acordes del coral inicial, terminando con una coda en forma de la trágica marcha fúnebre, marcada por los apagados golpes de los timbales, que nos conducen sin interrupción al siguiente movimiento.

El tercer movimiento, otro allegretto, corresponde al scherzo de la obra. El clarinete introduce su satírico tema para pasar a la cuerda. En la sección que correspondería al clásico trío, la trompeta intenta por dos veces introducir un nuevo tema, pero la orquesta se lo impide. Una breve recapitulación variada nos traslada a una coda, donde aparecen los clásicos ruidos de la percusión que desarrollará en su movimiento final.

El último movimiento, adagio, empieza con el tema del destino, como aparece en El Anillo de Wagner. Es seguido por el ritmo de la marcha fúnebre de Sigfrid. Luego aparece una graciosa melodía interpretada por el violín, tomada de la canción de Glinka «No me tientes en vano». En la parte central una passacaglia distorsionada, está relacionada con el motivo del heroísmo del primer movimiento de su séptima sinfonía y vuelve la cita de la marcha fúnebre. Esa passacaglia  nos conduce hasta un dramático climax, que termina en forma de fúnebre marcha. La última sección consiste en una recapitulación variada, recogiendo una serie de motivos. La marcha fúnebre wagneriana se escucha nuevamente, antes del retorno de la dulce melodía de Glinka. La coda está protagonizada por la percusión, que nos ofrece uno de los grandes momentos de Shostakovich, con su llamada música de las esferas. Sobre una nota sostenida por la cuerda, un acorde en la mayor como nos indica su tonalidad, los sonidos de la percusión, compuesta por castañuelas, caja, bloques de madera y triángulo, cierran la obra sinfónica de Shostakovich, de un modo más de interrogativa desesperación que de triunfo.

Esta última sinfonía de Shostakovich es considerada como una de sus obras más enigmáticas.  Su final nos indica que se trata de una obra interrogativa y misteriosa. Se aparta de las obras escritas para el gran público, recobrando la interioridad de sus cuartetos de cuerda. En el último movimiento podemos intuir como el amor triunfa sobre la muerte. Se puede especular mucho sobre el significado de la obra, pero nunca llegaremos a saberlo con certeza. Lo que es evidente es que se trata de una obra muy personal, herencia de Shostakovich. ¡Escuchen y disfruten!

domingo, 26 de noviembre de 2017

«Sinfonía Nº 10 en mi menor»... Op. 93 de Shostakovich

La «Sinfonía Nº 10 en mi menor»  Op.93 de Dmitri Dmítrievich Shostakóvich (1906-1975), es una obra compuesta probablemente, de acuerdo con las cartas del compositor, entre julio y octubre de 1953, pero hay quienes afirman que tenía avanzada la sinfonía en 1951, por lo que parece que solo trabajó en la partitura de forma urgente e intensa tras la muerte del dictador Stalin, después de rescatarla del cajón del escritorio donde guardaba las composiciones que no se ajustaban a las directrices del partido. Lo cierto es que se estrenó en Leningrado el 17 de diciembre de 1953. Esta semana les invito a escuchar esta obra casi autobiográfica, simbolizando la libertad conseguida después del fallecimiento de Stalin, que representa grotescamente en la obra.

El primer movimiento de ls pieza, «moderato», empieza con las cuerdas graves anunciando el primer motivo temático. El clarinete añade un nuevo elemento y más tarde la flauta interpreta en su registro bajo un tercer tema, acompañada por violines y violas. Elementos se emplean en un extenso desarrollo con un ambiente depresivo y sombrío que hace crecer la música hasta llegar a un dramático clímax. La recapitulación empieza de un modo tranquilo sin abandonar su carácter oscuro. Las notas del piccolo terminan la coda con gran tranquilidad.

El segundo movimiento, «allegro», es un violento scherzo, realizando un grotesco retrato de Stalin. representado con la ferocidad de su música. El tema principal está formado por tres notas ascendentes y la sección de percusión aumenta el vivo ritmo de este breve fragmento.

El tercer movimiento, «allegretto», tiene como tema el basado en el famoso motivo DSCH, el lema que representa al propio compositor. Para ello traduce su nombre al alemán como Dmitri Schostakowitsch, tomando luego la primera letra de su nombre, la D, y las tres primeras del apellido, SCH. Luego transforma estas letras en notas según el alfabeto musical alemán, D, S = Es, C, H. Algo parecido habían realizado anteriormente Bach y Liszt con sus propios nombres. Traducido a nuestras notas musicales nos queda, re, mi bemol, do, si.

Estas notas pertenecen a la tonalidad do menor armónica que aumenta un semitono en la séptima, de este modo el si bemol nos pasa a si y resulta genial al escucharlo en el cuarto movimiento, «Andante - Allegro» para cerrar la obra.

La Décima sinfonía es el más claro ejemplo del dominio de la técnica y de los recursos compositivos de Shostakovich, en la que aúna por un lado la mas refinada tradición sinfónica en cuanto a estructura y composición con el manejo de códigos y referencias contextuales. ¡Disfrútenla!:

domingo, 19 de julio de 2015

«Sinfonía n.º 5, en re menor, op. 47 de Shostakovich»... Una obra sumamente interesante

La sinfonía n.º 5, en re menor, op. 47, fue compuesta por Dmitri Shostakovitch entre abril y julio de 1937. La obra fue estrenada en Leningrado por la Orquesta Filarmónica de Leningrado bajo la dirección de Mravinsky, el 21 de noviembre de 1937 con un enorme éxito el día de su estreno, y según Rostropóvich recibió un aplauso de por lo menos cuarenta minutos. Actualmente es uno de los trabajos más populares de este compositor de quien ya he comentado dos de sus obras anteriormente.

Hoy les comparto esta sinfonía que dura aproximadamente 45 minutos y tiene cuatro movimientos: Moderato, Allegretto, Largo y Allegro non troppo. Definitivamente una sinfonía que eleva sobremanera el espíritu humano, pero después de recorrer los doloridos fondos del alma; una obra que transmuta lo simple en arte sublime.

Corre el año de 1937, el joven Shostakovich, símbolo del "nuevo hombre" soviético, aupado por Stalin, repentinamente teme por su vida. Stalin está irritado: la ópera "Lady Macbeth de Mtsensk" se burla de su política oficial de odio a los ricos. Shostakovich se encierra y compone entonces una Sinfonía para ser rehabilitado en la URSS. Oficialmente, la Quinta es una obra puramente soviética. Para algunos, una secreta protesta, que encierra claves contra el tirano. ¿Y para Shostakovich? ¿Por qué usa como tema segundo una alusión a "Carmen" de Bizet? ¿Por qué ese desfile militar grotesco? ¿En qué mundo vivía el alma de Shostakovich?... La obra resulta sumamente interesante.

En el primer movimiento (Moderato) subyace la forma sonata. La exposición arranca con un vigoroso canon sobre el que se desarrolla un abrumador motivo principal, que acaba acompañado por una lírica melodía por los primeros violines. Las cuerdas introducen el segundo tema, amplio pero hierático y acerado, cambiando los tiempos tanto en aumento como en disminución, creando un conflicto contrapuntístico en sí mismo, el cual acaba transformado, a través de la percusión y de las trompetas, en una especie de marcha de banda militar. El drama musical alcanza el clímax en la recapitulación, donde, sin apenas nuevos temas, la carga emocional llega a las más altas cotas. La coda nos lleva, en el dialogo de las cuerdas menores con la celesta, a un evocador desenlace. 

El segundo movimiento (Allegretto) se inicia con una variación del tema principal del primer movimiento, en forma de scherzo y a ritmo de vals, . Hay un grave motivo melódico con las tubas, después los clarinetes, más tarde los oboes y finalmente las cuerdas, para desembocar en una graciosa melodía llena de energía.

En el tercer movimiento (Largo) Shostakovich abandona el uso de viento-metales (trompetas en el primer movimiento y tubas en el segundo) y expone el motivo en apasionadas y alargadas melodías, sólo apoyadas por los vientos de madera. El ambiente se llena de tristeza y resignación; otra vez confusión; y, de nuevo, renace frente al derrotismo. Tras el conflicto, en una dulce paz, muere la música. 

El cuarto movimiento (Allegro non troppo) se inicia con un poderoso comienzo en las cuerdas que arrastra al oyente con su energía, tras esto aparece el primer tema. Ejecutado primero por las trompetas y a continuación, sobre un fondo de notas repetidas, suena en las cuerdas otra parte. Tras la exposición, se entra en una zona intermedia, que discurre mayoritariamente en pianísimo, donde nuevas melodías nos exponen, de forma misteriosa, un subyugante pasaje sonoro. Tras un marcado silencio los viento-maderas traen el tema principal que desemboca en el poderosísimo finale escrito en clave de Re mayor, la tonalidad antagónica a la general de la sinfonía, Re menor. Por cierto que siempre se ha especulado sobre la intencionalidad del autor con este cambio, pero, intencionado o no, el brillante final dota a la obra, en su totalidad, de sentido positivo de la vida, de triunfo de las potencias del alma, de un desmesurado ánimo para el renacer del hombre.

Disfrútenla dirigida por Bernstein:

domingo, 12 de abril de 2015

«SUITE PARA DOS PIANOS EN FA SOSTENIDO MENOR OP. 6»... Shostakovich sensacional

Dmitri Dmitrievich Shostakovich (San Petersburgo, 1906-Moscú, 1975) de quien ya comenté una de sus obras, la séptima sinfonía "Leningrado" fue un compositor que no tuvo mucha suerte con el contexto histórico y político que le tocó vivir en su querida Rusia primero, y pronto en la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Pero sí tuvo la dicha y el honor de coincidir en el tiempo con unos descomunales intérpretes que estrenaron, propagaron y dignificaron (y algunos de los cuales fueron dedicatarios de algunas de sus obras) en vida del compositor sus pentagramas, difundiéndolos y defendiéndolos con pasión en sus cada vez más frecuentes salidas de la URSS con el advenimiento del Deshielo. Y que fueron, todo sea dicho, unos auténticos privilegiados por vincular para siempre su nombre con el del gran compositor ruso-soviético.

La obra que hoy presento, fue interpretada desde su composición, en 1922, pero poco se ha escrito sobre la misma y casi no se interpreta en conciertos. Shostakovich recibió de su madre, una pianista profesional, las primeras lecciones de música, por eso su manera de componer para piano es tan bella, el piano le acompañó desde pequeño. En 1919 ingresó al Conservatorio de Música de Petrogrado donde estudió hasta 1925, de manera que esta suite la compuso cuando era estudiante. Su primera obra musical importante fue la Sinfonía 1, op. 10, compuesta a los diecinueve años; con ella se graduó en el Conservatorio y atrajo el interés del público hacia su obra.

Tras la graduación, inició una doble carrera como compositor y pianista, pero su estilo frío de interpretación no fue muy aplaudido, así que limitó sus actuaciones a aquellas en las que tocaba su propia obra. Aunque el estilo shostakovichiano todavía estaba por definirse, su «SUITE PARA DOS PIANOS EN FA SOSTENIDO MENOR OP. 6» ya daba muestras de vitalidad y una riqueza melódica excepcional. Se trata de una composición armónica con un estilo sencillo y directo, aunque tal vez difícil de interpetar por la sincronía que hay que guardar entre los dos pianos.

El piano ocupó un importante papel a lo largo de la vida de Shostakovich: para este instrumento escribió sus 24 Preludios y Fugas, dos Sonatas, los ciclos de Preludios op.34, las Danzas Fantásticas, los Aforismos, además de otras piezas para dos pianos y piano a cuatro manos; el instrumento, además, aparece en numerosas obras de cámara, en los dos Tríos, en diversos ciclos de canciones e incluso en obras sinfónicas. Los invito a escuchar esta composición temprana de uno de los grandes maestros del siglo XX


I. El preludio:


II. Danza Fantástica:


III. Nocturno:


IV. Final:

domingo, 3 de junio de 2012

LENINGRADO...La séptima sinfonía de Shostakovich

Una de las piezas más hermosas del ciclo sinfónico de Dmitri Shostakovich (1906-1975) es, sin duda alguna, la Sinfonía n.º 7, «Leningrado», en do mayor, op. 60 y la he elegido para escucharla esta semana.

Esta es una sinfonía que fue compuesta en 1941 y está dedicada a la ciudad de Leningrado, que al momento de la composición vivía el asedio por parte de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Fue estrenada el 5 de marzo de 1942 en Kúibyshev bajo la dirección de Samuil Samosud, con un notorio éxito tanto en la Unión Soviética como en el resto del mundo. Desde entonces es quizás una de las sinfonías más conocidas de este compositor.

Según sus propias palabras, Shostakovich quería expresar musicalmente a su país en guerra. Inicialmente cada movimiento tendría un subtítulo que serviría para dar una idea programática de la obra, pero finalmente el compositor desistió de esta idea. Los subtítulos eran: "Guerra", "Memorias", "Los grandes espacios de mi patria", "Victoria".

La sinfonía dura entre 75 y 80 minutos, siendo así la más larga del compositor y su estructura es la convencional para las sinfonías, ya que está dividida en cuatro movimientos:

Allegretto.
Moderato (poco allegretto).
Adagio.
Allegro non troppo.

Se dice que parte del éxito de la obra se debe al estreno de la obra fuera de la Unión Soviética, que tuvo lugar en Nueva York, bajo la dirección de Arturo Toscanini, el 19 de julio de 1942.

Para mí la parte más impresionante es el primer movimiento (Allegretto), de aproximadamente 30 minutos de duración, el cual está escrito en la académica forma sonata. Se inicia con un solemne y esplendoroso tema a cargo de las cuerdas, que es seguido magistralmente por los oboes, para dar paso después al tema secundario, un tranquilo pasaje a cargo de las flautas que transmite un clima de paz y sosiego.

La incorporación de las cuerdas da pie al inicio del desarrollo, —que en esta sinfonía tiene una característica especial— y es conocido como «tema de la invasión». Se trata de una marcha que se inicia con el pizzicato de las cuerdas en pianissimo, para ir in crescendo a medida que se van incorporando nuevos grupos de instrumentos durante las doce veces que se repiten los compases de la marcha, mientras los redobles de la caja acompañan dichas incorporaciones, al estilo del Bolero de Ravel.

A medida que se acercan las secuencias al fortísimo del final del tema, otros instrumentos, en segundo plano, crean sonidos que aportan un fascinante clima que evoca alarmas, bombardeos y ataques aéreos. La escalada sonora desemboca en un caótico y frenético episodio entre la percusión y las cuerdas, para luego pasar a la recapitulación, el la que el tema principal se nos presenta de una forma más sosegada. El movimiento termina con un recuerdo al tema de la invasión tocado por una lejana trompeta sobre el redoble de la caja.

El resto de la sinfonía es hermosa también. Shostakovich compuso el cuarto movimiento en tan sólo tres semanas, pero yo no dejo de insistir en la belleza de la primera parte. ¡Ustedes escuchen y juzguen!