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domingo, 11 de marzo de 2018

«Sinfonía n.º 3 en mi bemol mayor, op. 55, de Ludwig van Beethoven»... para muchos, la mejor sinfonía de la historia

Hace tiempo que no escuchaba la Sinfonía n.º 3 en mi bemol mayor, op. 55, de Ludwig van Beethoven (Bonn, Alemania, 16 de diciembre de 1770​-Viena, 26 de marzo de 1827), conocida como Eroica (Heroica, en español). Esta obra, considerada por muchos como el amanecer del romanticismo musical, me ha vuelto a deleitar los oídos y quiero comentar algo de ella invitándoles a escucharla.

Inicialmente denominada «Bonaparte» porque en el inicio estaba dedicada a Napoleón Bonaparte, es una de las obras más famosas de este prolífico compositor. La idea de componer una sinfonía en honor del «liberador» de Europa se debe a que Beethoven admiraba los ideales de la Revolución francesa encarnados en la figura de Napoleón Bonaparte, pero cuando este se autocoronó emperador en mayo de 1804, Ludwig se disgustó tanto que borró el nombre de Bonaparte de la página del título con tal fuerza que rompió su lápiz y dejó un agujero rasgado en el papel. Algún tiempo después, cuando la obra se publicó en 1806, apareció con el título de «Sinfonia eroica, composta per festeggiare il sovvenire d'un grand'uomo» («Sinfonía heroica, compuesta para festejar el recuerdo de un gran hombre»). Este gran hombre era un ideal, un héroe no existente, pero más bien, fue el espíritu del heroísmo mismo lo que interesaba a Beethoven. También se ha dicho que Beethoven se refería a la memoria de la naturaleza de Napoleón, que una vez fue digna.

Beethoven empezó a componerla hacia el año de 1802, durante su estancia en Heiligenstadt, y la finalizó en mayo de 1804. La primera audición privada se produjo probablemente hacia el mes de agosto de ese mismo año, en casa del príncipe Joseph Franz von Lobkowitz, a quien finalmente fue dedicada. La primera ejecución en público fue dada en el Theater an der Wien de Viena el 7 de abril de 1805 con el compositor a la batuta. Según muchos directores de orquesta, no se ha vuelto a componer una sinfonía mejor que ésta. A pesar de que un crítico inglés muy afamado escribió lo siguiente en 1829: «La Sinfonía Heroica tiene mucho para ser admirada, pero es difícil mantener esa clase de admiración por tres largos cuartos de hora. Es infinitamente larga. Si esta sinfonía no es abreviada de alguna manera, pronto caerá en desuso», se sigue interpretando con gran éxito y son muchísimas las grabaciones y descargas de la misma.

Cuando Beethoven escribió esta sinfonía se encontraba en una profunda crisis, deprimido por sus problemas de salud y su sordera, se cuestionaba su futuro en la música y hasta sopesaba —según se cuenta por documentos de la época— en el suicido. Pero emerge de la crisis con la voluntad de seguir adelante e imprimiendo un gran giro a su arte con esta obre que rompe moldes de todo tipo. De entrada, con sus 45 minutos dura el doble que sus primeras composiciones. Pero además refleja la palpitación del nuevo espíritu romántico y es mucho más compleja que las obras al uso. ¡Disfrútenla con Daniel Barenboim dirigiendo!

domingo, 7 de agosto de 2016

«Sonata No. 23 "Appassionata" para piano de Ludwig van Beethoven» Daniel Barenboim y el gusto por la música...

La sonata para piano n.º 23 en fa menor Opus 57 de Ludwig van Beethoven, es conocida como Appassionata (apasionada) y considerada una de las tres grandes sonatas de su período medio (las otras son la Sonata "Waldstein" Op. 53 y la Sonata Les adieux Op. 81a). Esta obra fue considerada por el mismo Beethoven como su mejor sonata para piano y la describió como una exhibición brillantemente ejecutada de la emoción y de la música. Quizá sea la más popular de todas las sonatas, por lo menos, sólo Claro de Luna, la iguala en fama. De cualquier modo, su gran importancia pianística y su vigor patético la colocan en el punto culminante del segundo estilo, entre las obras de piano beethovenianas.

La obra fue compuesta en Döbling, un pueblo cerca a Viena entre los años de 1803 a 1806 y fue publicada en el año de 1807. Está dedicada al conde Franz von Brunswick. El apodo de "Apassionata" es debido al editor, el hamburgués Cranz y no tardó en popularizarse, aunque Beethoven se indignó con ese nombre, pues él creía que todas sus obras estaban escritas para tocarse apasionadamente y no sólo ésta. El editor de la obra le añadió el nombre en 1838 debido al arreglo a cuatro manos. Esta sonata n.º 23 "Appassionata", es, por así decir, el poema de una intensa tempestad del espíritu, como otras muchas creaciones salidas de la mente y el corazón de Beethoven, un combate gigantesco en el que entra la fatalidad y la voluntad de vencer, que lanza al final relámpagos de victoria.

La sonata consta de tres movimientos: Allegro Assai, Andante con moto-attacca y Allegro, ma non troppo-presto. Los tres de una belleza extraordinaria.

He querido compartir esta obra en manos de Daniel Barenboim (Buenos Aires Argentina, 15 de noviembre de 1942), destacadísimo pianista y director de orquesta argentino nacionalizado español, israelí y palestino quien debutara en Buenos Aires a los siete años con un éxito tal que fue invitado por el Mozarteum de Salzburgo a continuar sus estudios en esta ciudad, en cuyo famoso festival triunfó tres años después. Posteriormente estudió con Nadia Boulanger, Ígor Markevitch y en la Academia de Santa Cecilia de Roma. Barenboim es una de las figuras más significativas del panorama musical de nuestro tiempo.

Antes de escuchar la sonata, les invito a ver un vídeo en el que, en conversación con el periodista Jesús Ruiz Mantilla, el maestro Barenboim reflexiona sobre su vida y sobre la verdadera naturaleza y profundidad de la música. 


domingo, 16 de febrero de 2014

«La Cuarta Sinfonía de Beethoven»...una esbelta doncella griega entre dos gigantes nórdicos

Hay quienes dicen que las sinfonías de número impar de Beethoven son obras majestuosas, mientras que las pares son remansos tranquilos. Éste es el caso especial de la Sinfonía n.º 4 en Si Bemol Mayor, que contrasta –encontrándose en medio de ellas– con la inmensamente heroica Sinfonía n.º 3 en Mi bemol mayor y la trágica Sinfonía n.º 5 en do menor. Robert Schumann dijo que esta obra era «una esbelta doncella griega entre dos gigantes nórdicos». Esto es explicable, pues cuando escribió esta sinfonía en 1806, era la etapa más tranquila de su vida. Luego de regresar de Ejercicios Espirituales, en un espacio de silencio y reflexión, me viene bien escucharla y por eso la comparto esta semana. Hasta le fecha, esta sinfonía, atrapada entre dos grandes lumbreras, permanece hasta el día de hoy –casi doscientos años después de haber sido compuesta– relegada al último lugar en la admiración de músicos, intérpretes, directores, orquestas, académicos y público en general. Es la menos interpretada de todas las obras sinfónicas de Beethoven, como si una sombra que nada tiene que ver con ella, se hubiese posado sobre su angelical partitura.

La Sinfonía n.º 4 en si bemol mayor, op. 60, de Ludwig van Beethoven fue compuesta en 1806. Dura alrededor de treinta y tres minutos. Fue dedicada al conde Franz von Oppersdorff. Nacida en una época de profunda fertilidad compositiva, nace a partir de la devastación que el defecto auditivo en progresión, ocasionó en su atormentado compositor. No obstante –aunque suena cruel anotarlo– la sordera fue la clave que permitió a Beethoven conocer a su propio yo, despertando ese espacio de la música que en su interior habitaba, su sí mismo. Si bien la Cuarta, dadas las formas musicales empleadas en cada movimiento, pareciera un retorno al estilo tradicional de la forma sinfónica –lo cual es notable si se le compara con la Tercera Sinfonía, musicalmente revolucionaria para su época– no supone una regresión a estilos “superados”, ni la respuesta a un calamitoso estado de silencio inspirativo. La Cuarta es el testimonio del poder introspectivo y filosófico del compositor, de esa revelación que le impone manifestar a través de la belleza musical –suavemente meditativa o de alegría expresa– el conocimiento de lo que ha sido, de lo que es y de lo que llegará a ser, merced a su lenguaje artístico. Ahora Beethoven sabe y siente el marmóreo edificio que edificará en lo sucesivo: ya no será el mismo ni como hombre ni como compositor, siendo la Cuarta Sinfonía esa frontera consciente trazada por él mismo entre su estilo previo y el nuevo, donde recoge todo el sentido de la belleza artística que prefigurará su poder compositivo ulterior a una escala superior inimaginable y cada vez más elevada, y señalará el camino hacia las áureas regiones de la más perfecta sublimación de la perfección musical.

La Cuarta Sinfonía constituye por sí misma y en toda su grandeza, una revelación más alta que toda filosofía, para emplear los términos del propio Ludwig y aplicarlos a su magna Cuarta, situada entre sus gigantes Tercera y Quinta, lo que en palabras del gran compositor Robert Schumann (1810-1856), supone una “esbelta doncella griega entre dos colosos nórdicos”.

Dirigida por Thielemann:


Dirigida por Daniel Barenboim: