domingo, 15 de septiembre de 2013

«TERESA DE LISEUX, UNA LLUVIA DE ROSAS»... Una biografía escrita por Jean Chalon

Aunque se ha escrito mucho sobre la vida yobra de la eximia doctora de la Iglesia, Teresa de Lisieux —mejor conocida entre nosotros como «Teresita»—, hay un libro que desde hace tiempo llegó a mí y me la hizo ver un poco diferente, un poco más... no sé como decirlo... más de la tierray más del cielo, más «Lluvia de Rosas».

Jean Chalon, el autor de este libro, «TERESA DE LISEUX, UNA LLUVIA DE ROSAS», es un apasionado de la santa de Lisieux, nos ofrece una obra que es más que un libro sobre ella y que que es bastante más que una biografía. Nada más lejos de la realidad de Teresita que esa vieja, tópica y falsamente pía imagen de sonrisa extática, en tono sepia, con una corona de flores sobre la cabeza, como escapada de un devocionario de beata de «fin de siècle». 

Teresita es una figura legendaria, una mujer desbordante de una eterna y vigorosa feminidad vivida en una santidad de las cosas ordinarias. Su vida está hecha de ternura y alegría, de fascinante y creadora imaginación y de una poderosa fuerza vital contagiosa que aparentemente se extingue con su muerte a los 24 años (había nacido en Alencon en 1873). Su belleza y su gran sensibilidad la habían hecho siempre una mujer diferente, y tanto en la Abadía donde estudió, como en el Carmelo —donde se le consideraba una inútil— se sabía poca cosa y decía: «Mi excusa es que soy una niña». Gracias al cielo, siempre conservó el espíritu de infancia que le inspiró su famoso «Caminito» y su voluntad manifiesta de convertirse en una santa mediante una vida de amor. Teresita murió pronunciando unas palabras que no acabarán jamás de sorprender: «Mon Dieu, je vous aime». Dios mio, te amo; que es como decir: "Soy de Dios y en Él amo a todos".

La santa que Chalón retrata es la mujer que tiene que requerir el permiso del Papa para entrar en el Carmelo a los 15 años; la novicia de aquellas desmañanadas impresionantes para levantarse a rezar; la mujer del quehacer sencillo con la sonrisa en los labios; la religiosa alegre y sencilla que se ganó, entre humillaciones, el título de Patrona de las Misiones sin pisar una misión más que en sueños; la enferma inmovilizada cuyo espíritu nadie pudo inmovilizar; la cristiana aferradac a la Cruz del martirio silencioso y secreto, ofrecido en don por los demás, permanentemente sumergida en su Dios de amor. La pequeña que nunca se imaginó que en el primer centenario de su «entrada en la vida» la harían, como a Teresa de Ávila y a Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia, porque quien se humilla será ensalzado.

En su fascinante Chalón, nos ofrece la prueba de que pasóel tiempo en que Teresita de Lisieux parecía inalcanzable como «buena santita rosa» para el común de losmortales, incluidos los sabios e intelectuales que poco se acercaban a ella. A la altura de Catalina y Teresa, de Pablo y Agustín, Teresita, en el sencillo lenguaje de Jean Chalón, nos acreca a la pobreza y sencillez del «Poverello» de Asís en una época en que los cristianos, especialmente los católicos, somo invitados por el Papa Francisco a ser pobres, pequeños y sencillos para hacer espacio a la riqueza de Dios.

«No tenemos más que esta vida para vivir la fe», había escrito en Historia de un alma, y añadió: «Cada instante es una eternidad de alegría». Teresa de Lisieux, sin melifluas delicuescencias, ni remilgos, ni diminutivos, ni floripondios,ni frusilerías, llega así; una santa Teresita normal, a nuestro alcance. Una Teresita que se ha hecho la santita amiga de almas sencillas como ella, como la de la beata María Inés que la llama: "Mi santita predilecta".

El autor del libro es periodista y escritor, y se ha especializado como creador de biografías de mujeres de la talla de María Antonieta, Alexandra David Neél, Luisa Vilmorin y George Sand.


Jean Chalon,
"Teresa de Liseux, una lluvia de rosas",
Ed. Herder,
Barcelona 1997,
283 páginas.

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